Argucias de la ciencia-ficcionaria.
En este lugar es donde están mis
dizque escritos horribles y brumosos que son de ciencia ficción
(creo), mi género literario preferido.
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Aunque no es mi primer cuento de ciencia ficción, es el primero lo suficientemente bueno para que haya considerado hacerlo público. |
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La obra, la película, la novela. Blade Runner es una obra en sí, basada en "¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?", esta es la novelización de la película. |
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La leyenda del quinto Sol en clave cienciaficcioñera. |
El profesional.
por el inge y los malditos.
I
El cuello se delineó perfectamente a través de la mira infrarroja. El fiero abrazo del sol del exterior me obliga a usar lentes antiUV; aunque no me dejan usar la mira telescópica normal, tengo disponibles más trucos; como que me dan más estilo.
Si uno va a retirar a un alto ejecutivo, es porque uno ya lo debe tener bien planeado; aunque sea una gran compañía trasnacional la que te esté empleando para esta clase de trabajitos, es mejor cuidar bien hasta los más ínfimos detalles: las leyes actuales no permiten que un ejecutivo de altos vuelos sufra un atentado ya planeado: no debe existir prueba alguna de premeditación; si se planea asesinarlo debe ser rápidamente y sin errores. Altamente eficiente y sin espectacularidad. Un trabajo para profesionales, como yo.
Es irónico pensar que para hacer este trabajo uno necesite estar en la superficie, en estos parajes tan citadinos, llenos de edificios y basura, tan inhóspitos y peligrosos como áridos y tristes; y aun así tener que usar la tecnología más reciente en cuanto a armas y aparatos para matar gente; alta tecnología en medio de este paraje tan primitivo y abandonado, más que ironía, parece sarcasmo.
Cuido mucho mi rifle de repulsión magnética para que la erosión del exterior no lo descomponga: usa balas cerámicas aerodinámicas: pequeñas, fáciles de manejar, ligeras y mortales. No produce los tronidos coheteros de las armas de fuego del siglo pasado, ni humo ni cosas así. Tan sólo un breve reculeo cuando sale la bala. Yo no sé física del movimiento ni nada de eso, no podría explicar el porqué de éste efecto. Yo solamente sé que ocurre.
Algunos de mis jefes me han platicado que en las antiguas armas de pólvora (sucias y ruidosas) el golpe que producía el reculeo llegaba a ser tan fuerte que le podía fracturar un hueso a uno; ¡ah!, y se calentaban hasta quemar la piel, y lo peor: uno debía saber cómo componerlas porque siempre fallaban cuando más se les necesitaba.
Mi computadora tiene almacenados todos los diagramas, procedimientos y técnicas para aprovechar mejor el rifle y todas mis otras armas. Todas las partes de mi rifle tienen repuesto: mucho del material del que está hecho se usa para fabricar computadoras, trenes magnéticos, robots y hasta para transportes y bases espaciales, por eso el mantenimiento de mi rifle es sencillo. Hasta las miras (ópticas, infrarrojas, ultravioleta y de mejoramiento lumínico) pueden comprarse por la red.
Así que mi dedo acaricia el gatillo y presiono levemente. El tiro impacta exactamente en la base del cráneo; el disparo ni siquiera produce una herida visible; solamente cuando el ejecutivo cae ya sin vida, sus guardaespaldas se dan cuenta del asesinato.
para cuando esto pasa, es porque ya tengo guardadas todas las cosas en mi morral; como dije, soy profesional y sé lo que debe hacerse. Cuando la policía llega al lugar del asesinato, los guardaespaldas ya saben que asesinaron a su jefe y — casi seguro — han localizado el sitio exacto de donde se produjo el disparo. A pesar del estado de los edificios y todos los desechos amontonados, generalmente éste se produce de la azotea de uno de ellos — yo conozco muy bien las técnicas para rastrear disparos porque también me ha tocado hacerla de guardaespaldas un par de veces.
Si para ese momento no me he movido de mi lugar es seguro que me convierto en cadáver. Los guardaespaldas rodearán bien el lugar del disparo y me cercarán. Según las leyes, es legal matar al asesino de un ejecutivo si los guardaespaldas o la policía lo atrapan a uno. La policía generalmente no lo mata a uno, por lo de los derechos humanos y todo eso, pero los guardaespaldas harán hasta lo imposible para asesinarte porque la gerencia de todas las grandes compañías da una jugosa recompensa si los guardaespaldas contratados entregan el cuerpo del asesino de uno de sus ejecutivos; pero si uno consigue escaparse sin hacerle daño a terceras personas, el asesinato se vuelve legal, y al ejecutivo no se le llama "asesinado", sino "retirado por competencia empresarial".Una vez me tocó matar al asesino de un ejecutivo gordo y barbón al que protegía en ese entonces, Jorge creo se llamaba. En realidad no maté realmente al asesino, solamente le disparé el tiro de gracia —cuando uno anda de guardaespaldas lo normal es que se usen pistolas de impulso eléctrico, más ruidosas y sin las líneas tan estéticas de mi rifle de limpieza. Lo entregamos y nos dieron una recompensa, dos millones de pesos más o menos. Casi todo lo gasté en aditamentos para mi rifle.
Como ya habrán supuesto, yo sigo vivo porque como asesino o "personal de limpieza" siempre me he podido escapar del lugar del homicidio (podrán llamarlo "limpieza de competencia empresarial" pero sigue siendo un homicidio). El secreto radica en la perfecta sincronización entre el piloto del helicóptero de escape y el que realiza el asesinato: el asesino ya debe estar huyendo y debe haberse asegurado que nadie lo esté siguiendo; de otra forma puede desatarse un tiroteo. En realidad todo depende más de la forma en cómo actúe el asesino debido a que, según las leyes, si el piloto no ayuda al asesino a escapar queda fuera de todo el asunto del asesinato, aunque la compañía lo haya incluido en sus planes para atentar contra la vida de un ejecutivo de terceras compañías; así que si él quisiera podría dejarme abandonado y librarse de toda culpa.
La que no perdona es la compañía, el piloto simplemente desaparecería del mapa; a nadie le interesa un insignificante piloto de helicópteros. por cierto, las leyes son muy contradictorias al respecto (bueno, supongo que siempre lo han sido): dejan sin culpa a la compañía y a todos sus ejecutivos se haya llevado a cabo el asesinato o no, aunque ellos sean los directamente responsables de la planeación; incluso la planeación de un "retiro" es ilegal —teóricamente—, de cualquier manera se hace la planificación, se contratan asesinos y se llevan a cabo homicidios. Supongo que para que no sientan remordimientos, casi toda la planeación y ejecución de la "limpieza" se la encargan al departamento de —claro— limpieza empresarial.
Así que para cuando los guardaespaldas ya están cercando el lugar del disparo y cuando la policía se está empezando a organizar, yo estoy saltando a la azotea de otro edificio para llegar al punto donde me va a recoger el helicóptero. Esta ocasión los guardaespaldas han sido eficientes y organizados, pero no lo suficientemente rápidos: aún corriendo por esta azotea tan grande no veo que asomen la cabeza en la azotea del otro edificio. A veces llegan a localizarlo a uno, y entonces se suelta la balacera (generalmente con rifles de impulso eléctrico de repetición electrónica) y puede salir muerto el que sea; las leyes no dicen nada en estos casos. Cuando esto pasa, lo normal es que lo abandone a uno el helicóptero de escape: en esos casos hay que matar a los guardaespaldas y rezar por que lo atrape a uno la policía. Con suerte te atraparán y te mandarán a la cárcel durante algunos años; si uno es bueno en su trabajo, la compañía no te abandonará y te dará un abogado que te dejará libre en dos o tres años, es buena imagen pública el hecho que una compañía muestre preocupación por sus empleados en desgracia, además, las compañías aprecian a quienes ya tienen algo de experiencia.
pero si la compañía se olvida de ti, bueno, por
decirlo de alguna manera, hay que prepararse para una vida bastante
miserable.
II
Quién pudiera haber pensado que las reformas comerciales a principios del siglo 21 desembocarían en una competencia empresarial tan furiosamente salvaje y abierta que a principios de la década de los 20's fue necesario legalizar el asesinato de ejecutivos como una forma de mantener la ventaja entre empresas.
Mi abuelo empezó todo esto; a finales del siglo pasado empezó a darse a conocer como gatillero. En esos tiempos el cliente principal eran los narcotraficantes, porque en ese entonces el narcotráfico era muy violento; no como ahora que venden cualquier droga en cualquier farmacia. Esta profesión siempre ha sido peligrosa; pero más en aquellos tiempos, no sabías en quién confiar. Lo importante es que mi abuelo sobrevivió el tiempo suficiente para adquirir mucha pericia y conocimiento en el manejo de las armas; se contactó con algunos capos del narcotráfico (entonces se les llamaba así, y aún lo siguen siendo aunque ahora se les llame "ejecutivos"). Creo que entonces se le conocía como "cartel huasteco"; ahora se llaman "Empresas de Entretenimiento Farmacológico de la Huasteca S.A. de C.V.". Lo realmente importante es que mi abuelo, junto con esta "empresa", iniciaron el negocio del asesinato de altos directivos de otras "empresas" competidoras.
Es una lástima que el asesinato de mi abuelo haya ocurrido exactamente 3 días antes de que decretaran como legal la venta de estupefacientes, en febrero de 2001; sin embargo tuvo tiempo aún de enseñarle el negocio a mi papá: el manejo de las armas y a apuntar sin fallar y todo eso, mi papá tenía 11 años cuando quedó huérfano (debido a que mi abuela también murió en el atentado). Si alguien me preguntara, le diría que pienso que mi padre se hizo asesino (los llamados "personal de servicios de limpieza de competencia empresarial") por puro deseo de venganza. Tenía un carácter tan endurecido, era tan falto de sentimientos, que la verdad no sé cómo mi mamá se fijó en él.
Yo tuve suerte, tenía 19 años cuando mataron a mi padre, en octubre de 2035. Murió durante un tiroteo en unos edificios; "en acción" —por llamarlo según la terminología legal, aunque la muerte es invariablemente muerte como quiera que se le llame—. Mi madre no estaba en el tiroteo, aún vive asustada por la profesión que ha elegido nuestro linaje.
Como es de suponerse, yo también pertenezco al equipo de "limpieza empresarial"; obviamente con Fármacos Huastecos. Ya estaba muy relacionado con gente de esa empresa: era casi imposible negar mi destino. Además, siempre he estado en el ambiente del asesinato por negocio y desde que era pequeño he sido bastante hábil con las manos, es decir, para armar y desarmar cosas y especialmente con las armas eléctricas y electrónicas. Aunque no me quejo, soy bueno en lo que hago y me va bien, sobre todo económicamente: apenas tengo 26 años y tengo más dinero del que puedo gastar.
Aunque no vale mucho la pena seguir viviendo en este mundo.
Con todo el dinero que tengo, podría irme a vivir a las colonias orbitales, incluso a la Luna o hasta a las nuevas colonias marcianas (no muy deseable, créanme). La Tierra se ha convertido en el infierno por el que todos nuestros antepasados lucharon tanto: uno puede estar al aire libre solo por ratos, por lo de la lluvia ácida, la radiación ultravioleta y todo eso. La superficie es peligrosa también por razones sociales. Es bastante paradójico: como es dañino exponerse mucho tiempo, nadie se transporta por ahí, y generalmente está muy abandonado, sin tránsito ni patrullas de vigilancia; ustedes me entienden, es la situación perfecta para cualquier tipo de asalto. Especialmente para la limpieza empresarial, perfecto para el asesinato.
Los profesionales como yo tenemos que ser jóvenes y resistentes para poder aguantar toda la mierda en la superficie, además, tenemos que soportar los regaderazos descontaminantes que tenemos que darnos al llegar a la aduana del interior, a los edificios; los regaderazos son para que no andemos soltando partículas radioactivas por todos los lugares en los que estemos porque, como ya habrán supuesto, hay una omnipresente radioactividad en la superficie. Desechos radioactivos, supongo; algunos dicen que fue debido a la explosión del generador nuclear hindú que ocurrió a principios de siglo, otros dicen que fueron las filtraciones de los depósitos que se usaron durante más de cincuenta años; la verdad nadie lo sabe de cierto. pero ocurrió y es real y es lo que te puede matar si te expones más de tres días seguidos.
Como la superficie está abandonada y solitaria, los altos
ejecutivos circulan a veces por ahí para evitar el tráfico
aéreo en las ciudades que están bajo tierra y sus
alrededores (tráfico aéreo en el interior de la Tierra,
a mi abuelo le hubiera gustado ver esto). Cuando los ejecutivos hacen
esto, es cuando se presenta la oportunidad para los que trabajamos de
"limpiadores". Cierto que tanto tiradores como pilotos
tenemos que aguantar a todas las cosas de la superficie, pero vale la
pena; sobre todo para uno que es profesional, la compañía
paga mucho para que gente de mi capacidad les sea fiel.
III
A veces recuerdo a mi padre, recuerdo cuando podíamos vivir en la superficie, recuerdo cuando uno podía estar bajo la luz del Sol, sin todas estas protecciones estúpidas, recuerdo cuando platicábamos; me hacía sentir protegido, me hacía sentir con ganas de vivir el futuro. Recuerdo cuando todo eso era real, y uno no tenía que depender tanto de estas pendejadas de realidad virtual.
A lo largo del siglo XXI se desvanecieron muchos sueños e ilusiones de la humanidad de fines del siglo XX. La capa de ozono es técnicamente inexistente; durante la década de los 30's, todos los periódicos y revistas en la red hablaban y explicaban los esfuerzos para tratar de frenar su destrucción; incluso presentaban noticias muy optimistas acerca de los billonarios experimentos para recuperar este vital recurso. De nada sirvieron, todos los intentos fueron en vano: la contaminación y los químicos destructores del ozono se acumularon durante todo el periodo industrial del siglo pasado y su disminución ya no pudo detenerse, seguiría disminuyendo durante al menos otros 30 años; la capa de ozono se escapó como agua en las manos. Dicen que ya está en proceso de recuperación, que a través de ingeniería genética se han producido plantas que respiran dióxido de carbono y exhalan ozono, que son resistentes a la luz ultravioleta. Dicen que han diseñado nuevos químicos restituyentes del ozono, que las nuevas plataformas de lanzamiento superconductoras y la más reciente generación de motores espaciales son seguros; que cuando lancen otro carguero a la alta atmósfera ya no ocurrirá otro accidente como el de Japón, que casi eliminó a su población. Dicen muchas cosas, pero lo cierto es que todo lo que vivía en la superficie se extinguió; hasta los seres marinos empezaron a desaparecer: parece increíble, puesto que con el calentamiento de la Tierra, el nivel del mar aumentó. Todos los pescados deberían estar contentos; en vez de eso, se están muriendo, la luz ultravioleta mata al indispensable plancton, base de toda la cadena alimenticia terrestre y verdadero pulmón planetario. La falta de plancton en el mar, aunado a la omnipresente contaminación, han sido factor decisivo en la extinción de muchas especies, y en el declive de otras tantas.
Quizás la mayor crueldad en estos tiempos se refiere al agua: los polos se están derritiendo y provocan que la Tierra sufra las peores inundaciones de su historia, pero el agua potable se vende tan cara como un diamante. La humanidad sobrevive en ciudades subterráneas, submarinas o en órbita, la población vive pobre y hacinada, solamente los ricos pueden darse el lujo de vivir en lugares espaciosos, con las comodidades de este siglo, y con agua disponible, hasta para bañarse.
Desde el siglo pasado hubo muchos grupos e individuos que nos advertían acerca de los peligros de la contaminación, la destrucción de la capa de ozono y el desperdicio de agua. Supongo que nos merecemos el lugar que construimos.
Aún así, algo bueno salió de todo esto: como los imperios de comercio y entretenimiento farmacéutico son tan poderosos en estos días, ya nadie puede decir que Latinoamérica es tercermundista. Fármacos Huastecos, Entretenimiento Farmacéutico Anáhuac o la aún joven empresa Mayab son mucho más poderosas que la actual pepsi o lo que fue la Coca-Cola del siglo XX. No sólo tienen poder económico, sino político y social: el crecimiento de la industria del narco durante fines del siglo XX también impulsó la industria del armamento, la industria de la transformación, la industria química, del transporte, etc.
A veces me da risa pensar que uno de los problemas más graves de Latinoamérica a lo largo del siglo pasado era lo que se conocía como "fuga de cerebros", los mejores estudiosos, científicos e investigadores se iban a los países industrializados, ahí ganaban mejor, eran respetados, trabajaban en lo que les gustaba. Hasta que el negocio de los narcóticos creció en serio; entonces empezaron a emplear a todos los ingenieros químicos disponibles; el transporte de narcóticos se volvió seguro y eficiente, el armamento que usaban lentamente se volvió más poderoso y avanzado que lo que se podía conseguir en el mercado negro del hemisferio norte. La legalización del tráfico de droga fue el acabose; como todo lo que se hacía era legal y sujeto a la competencia entre empresas rivales, todos los que estaban empleados como químicos o bioquímicos empezaron a investigar y a desarrollar nuevas cosas sin tener que hacer todo a escondidas; toda la industria que dependía de los asuntos del tráfico de drogas empezaron a crecer sin algún límite visible.
De repente, todas las industrias necesitaban personal altamente calificado: ingenieros, médicos, biólogos, especialistas en informática, publicistas, incluso hasta abogados de alta capacidad. Obviamente, no pasó mucho tiempo antes que surgieran todas las nuevas profesiones: customizadores de entretenimiento químico, armadores de información, transportistas virtuales y nosotros, los de limpieza empresarial (aunque, en realidad, siempre hemos sido asesinos y siempre hemos existido).
No sé, creo que es chistoso pensar que los gobiernos
tuvieron la oportunidad de hacer algo con todo ese potencial
científico, pudieron haber aprovechado todo ese trabajo, todo
ese ánimo, todas esas oportunidades. Ahora ya es tarde; otros
aprovecharon la oportunidad.
IV
Ahora ya estoy a bordo del helicóptero, sano y salvo. Los guardaespaldas parecen hormigas confundidas en la azotea ya abandonada: saben que disparar contra el helicóptero es inútil e ilegal; solamente les queda resignarse y esperar que los ejecutivos de la compañía para la que trabajan se contenten con despedirlos solamente.
De reojo me fijo en los otros dos pasajeros del helicóptero, reconozco a Jaime Gómez, el capitán del vuelo; anteriormente ya he trabajado con el, en dos o tres retiros y nunca me ha fallado. A pesar de que maneja el helicóptero como maníaco (a veces me convenzo de que está realmente loco), sé que es uno de los mejores, y que se sabe casi de memoria todas las rutas, túneles, grietas y cavernas que conectan la cuidad con el exterior. prácticamente puede volar sin ser detectado.
Así que recargo mi cabeza en una de las paredes y, aunque trato de evitarlo, mi mente empieza a volar. Vuela más rápido y mucho más lejos que el helicóptero donde estoy. Me transporto al pasado, recuerdo mi infancia, cuando no sabía en qué trabajaba mi papá y yo soñaba con convertirme en cuidador de animales, veterinario o algo así. Claro que desde entonces ya sabía que muchas especies se habían extinguido, y muchas otras se estaban extinguiendo, y aún eran más las que estaban en peligro de extinción.
Pero, a fin de cuentas, todavía era yo niño, quería ser el héroe que salvara la vida en la Tierra, quería ganarme el respeto y la admiración de todos. Niño, después de todo. ¿Cómo demonios iba yo a imaginarme que ya todo el desastre era inevitable? ¿Que más de un siglo de industrialización había marcado el destino de la Tierra? ¿Que yo nunca conocería todos esos seres maravillosos que tanto me hacían soñar?
— Oyes Hugo, ¿no sientes remordimientos al matar a esas personas?
La repentina pregunta del piloto interrumpió mis ensoñaciones. pensé que así era mejor; tenía que guardar todas las armas en el helicóptero, quitarme toda esta ropa para salir a la superficie y ponerme ropas de civil. Soñar solamente me quitaba tiempo.
— La mera verdad es que ya no siento ni madres, Jimmy. Tantos años en el negocio le ponen a uno una costra encima.
Le dije mientras me quitaba los entallados vestidos "para hacer la limpieza" y sacaba de un cajón un traje de civil, después de todo —pensé— yo no era mas que un empleado.
— Ja, ja, una "costra insensible". Suena chido ¿no pareja? Oyes Hugo, le contaba al Víctor (ya conoces a Víctor ¿verdad?) todas las que hemos pasado juntos. ¿Te acuerdas del balazo que te tronó la rodilla?, ¿y de cómo íbamos todos histéricos en el vuelo?, ja, ahora ya no'más me da risa, pero no creí que pudiéramos salir vivos; los polis nos corretearon durante un buen rato. ¿Y te acuerdas que el César te quería aventar para que él y yo huyéramos con el helicóptero? Estaba pendejo, pero que bueno que la compañía se lo sentó.
Sí, claro que recordaba, la bala cerámica expansiva a la cual le debo mi implante de rodilla (creo que es de una aleación rara, titanio—nobio con juntas de cerámica carbónica. Lo importante es que me funciona y no me da lata); lo bueno es que la bala me atravesó la rodilla totalmente, si no, me faltaría la pierna izquierda. pero soy un profesional, y me repuse totalmente, nuevo y mejorado.
Recordaba a los policías que se quedaron quietos al ver que yo ya estaba corriendo hacia el helicóptero, seguros de que escaparía; se echaron a correr hacia mí cuando oyeron el sonido de mi cuerpo contra el cemento de aquella azotea; desenfundaron sus armas cuando se dieron cuenta que estaba herido. Supongo que ya daban por hecho que me iban a capturar, y que el helicóptero iba a huir: no contaban con que Jimmy se iba a bajar del aparato y me iba a subir e íbamos a huir como si nada.
Fue muy curioso que los guardaespaldas hubieran huido, sobre todo teniendo en cuenta que me habían dado un balazo y estaba yo indefenso; a lo mejor la policía los asusto. Lo más seguro es que fueran principiantes: fuertes y ágiles, pero nerviosos y asustadizos.
También los policías debieron ser principiantes: ningún poli en su sano juicio se pone a perseguir al helicóptero guiado por el personal de limpieza de alguna compañía. En muy raras ocasiones tienen éxito (en toda mi carrera profesional, solamente me he enterado de un helicóptero capturado, con asesino y pilotos; obviamente, la compañía para la que trabajaba ese personal de limpieza se encargó de desaparecer a los polis) y casi siempre la osadía les cuesta la vida, como a los que nos persiguieron.
El copiloto del Jimmy era un tal César cuyo apellido no
recuerdo porque el chavo me caía mal. Se puso tan nervioso
cuando se dio cuenta que nos perseguía la policía que
empezó a gritar que si me tiraban la policía dejaría
de perseguir al helicóptero. A mí la pierna me dolía
como el demonio, por eso mis aullidos de dolor; me asusté
mucho cuando César se me acerco casi saltando sobre mi, creí
que realmente me iba a arrojar del vehículo así que
empecé a gritar que no lo hiciera, que yo no era una basura
como para que me arrojaran así como si nada. César no
se había abalanzado sobre mi, solamente era que había
perdido el equilibrio debido a la aceleración del aparato y a
las maniobras que había empezado Jaime, para evitar la
persecución policiaca. por sobre el griterío que
estabamos haciendo se oyó el bramido de Jaime gritando que nos
callaramos; que si ibamos a morirnos, iba a ser dentro de ese
helicóptero, pero que no nos iban a agarrar vivos. Aunque
César gritaba que si me tiraban la polícia se
distraería y ellos dos podrían huir con el helicóptero,
yo había dejado mi histeria atrás y tan sólo
profería gritos de dolor.
El helicóptero de la
policía se acercaba peligrosamente; lo suficiente para que
César notara que tenían algunas armas, y que eran
capaces de derribarnos. Nosotros no teníamos algún modo
de defendernos: el vehículo estaba diseñado para el
transporte, para pasar como un artefacto civil a la vista de las
aduanas citadinas; lo único especial que tenía eran los
gabinetes con fondo falso y forro de distorsión magnético
para guardar las armas y pasar la inspección. Las únicas
armas que teníamos eran mi rifle de repulsión y mi
pistola de impulso, totalmente insignificantes como para detener un
aparato grande; aparte, yo era el único tirador disponible, y
estaba herido. Dependíamos totalmente de la pericia de Jaime,
el piloto. Nunca me habría imaginado la habilidad de Jaime si
no la hubiese visto con mis propios ojos: de repente empezó a
hacer piruetas y maniobras que yo no sabía que pudiera hacer
un helicóptero. El morral con todas las armas cayó por
la puerta que se había abierto violentamente debido a alguna
turbulencia en la atmósfera, y yo me hubiera caido también
de no haberme agarrado de un tubo que estaba cerca de la cabina de
pilotaje. César había consegido deslizarse a uno de los
asientos destinados a los pasajeros y estaba poniendose el cinturón
de seguridad dados los brincos y movimientos bruscos que hacía
el aparato; aún sentado, César estaba aterrorizado ante
la idea de que nos fueran a derribar.
— ¡Mejor olvidalo, hay que entregarnos!
— ¡Olvido mis huevos! ¡Yo soy más chingón que esos güeyes!
Nos acercábamos a las montañas y sus grietas de acceso a la ciudad. Jaime subía y bajaba abruptamente, tratando de quitarse la persecución policiaca; pero cada vez estaban un poco más cerca, se empezaron a escuchar los disparos tras nosotros: ni siquiera nos rozaron; pero eventualmente darían en el blanco, sólo era cuestión de tiempo, y no mucho tiempo: solamente necesitaban cuatro o cinco tiros más para afinar su puntería. Jaime se acercó peligrosamente a la montaña y sus traicioneros desfiladeros y cañadas; repentinamente empezamos a desplomarnos sobre un bosque muy tupido, creí que nos habían dado y nos estrellaríamos, pero Jaime recupero altitud volando hacia atrás (tan bruscamente que César se desmayó). El piloto de la policía no mostró tanta pericia; se desplomó tan repentinamente como nosotros, pero no pudo recuperar la altura como lo hizo Jaime. Ellos sí se estrellaron en el bosque, causando una explosión como en las películas.
Por cierto, una compañía se "sienta" a
alguien cuando lo ponen a trabajar sentado atrás de un
escritorio. Yo nunca dije nada de lo que había dicho César,
pero estoy seguro que el Jimmy sí. Lo único seguro es
que César nunca más va a ver acción.
V
Se sentía un poco de frío en el edificio; quizá los ventiladores estaban mal regulados. Es lógico pensar que toda edificación bajo tierra necesita ventilación y extractores de aire, muchos árboles y plantas (todas genéticamente adaptadas a condiciones de sombra, por supuesto); eso hacía que el control del clima fuera muy sencillo, por lo que las variaciones y situaciones extremas eran cosa del pasado. Lo más seguro es que el frío que sentía se debiera al nerviosismo que sentía al estar dentro de la ciudad. Estaba acostumbrado al exterior, al aire libre: peligroso y mortal, pero con todo el sentido que puede tener la palabra libertad. pensandolo bien, creo que tiene cierta lógica: las estaciones espaciales son más claustrofóbicas que las ciudades subterráneas o que las ciudades subacuáticas, así que quizá por eso no me he ido.
El nerviosismo que sentía estaba totalmente justificado ahora que veía a David López dirigirse directamente a mi. David es vicepresidente de operaciones de Fármacos Huastecos, es el dirigente principal de todas las operaciones de espionaje y limpieza empresarial, generalmente es el que recibe todos los reportes de espionaje y da las ordenes de "limpieza" de ejecutivos de otras empresas. Llamar su atención también era significativo para los "huastecos" y no siempre era para bien; ya había oido algunas historias de huastecos que desaparecían misteriosamente y la empresa ni siquiera tenía registros del empleado; ni en papel, ni en la memoria del sistema del edificio, ni en alguna computadora. Aunque nunca había conocido a alguien que desapareciera de esa manera. De cualquier manera tenía un temblor como de 9 en escala Mercalli y un ligero sudor frío cubría toda mi piel.
— Hola Hugo, como estás — dijo sin preguntar.
— Bien, licenciado, gracias — aunque conocía su nombre, siempre lo llamaba así; "licenciado". Cuando alguien te puede mandar matar con sólo señálarte, lo mejor que puedes hacer es tratarlo con respeto.
— Que bien, confio en que tu último trabajito no haya sido muy complicado.
— No, en realidad ya no se me presentan muchas dificultades.
— ¡Eso es lo que quería oir! Sé que eres de los mejores, pero quería oirtelo decir. Te espero en mi oficina, quiero explicarte personalmente los detalles de una operación muy importante y delicada.
¡Sí que debía ser algo importante! para que el propio vicepresidente me dirija la palabra y se prestara a explicarme personalmente lo que debía hacer; bueno, de cualquier forma debía tener mucho cuidado, los altos ejecutivos ponen trampas que uno ni se imagina.
~~~ o ~~~
Esta oficina sí que es grande, y está bien ventilada —pensaba mientras trataba de acomodarme en el mullido sillón de la antesala de la oficina ejecutiva. Yo, que estaba acostumbrado a las duras condiciones del exterior y a los sólidos e incómodos asientos de los helicópteros, de pronto estaba en un sillón ejecutivo. Mmmh, gajes del oficio, supongo.
La secretaria (a pesar de que la habían contratado más que nada gracias a sus atributos físicos y a su belleza fuera de lo normal, ella insistía en que no la llamara "secretaria", sino "asistente ejecutiva") me indicó que "el licenciado lo atenderá ahora". pensé que era obvio que el licenciado me atendería, pues para eso me había hecho ir, no estaba yo ahí nada más de casualidad; el relajamiento corporal que sentía debido la gran belleza de la secretaria contrarrestó la tensión causada por el miedo que sentía, así que, al final, me seguía sintiendo tenso como cuerda de violín.
Creo que disfracé bien la tensión en mi voz cuando saludé a David, porque el me contestó muy efusivamente.Si me hubiera hablado más impersonalmente o más formalmente, como lo acostumbraba, me hubiera sentido más relajado. pero la actitud que había tomado David hizo que todos mis sentidos se pusieran en alerta máxima.
— Oye Hugo, vayamos directo al grano ¿si? No quisiera desperdiciar tu valioso tiempo.
¿Me estaría tendiendo una trampa? parece que no: su forma de hablar era demasiado fluida, sin reflexionar en sus palabras. Además, me estaba tratando muy familiarmente, como si deveras nos conocieramos de mucho tiempo atrás. No creía que me estuviera tendiendo una trampa, pero estaba seguro que lo que me iba a decir sería muy interesante y entretenido, así que me oí decir
— Claro licenciado.
— Bien. ¿Has escuchado el nombre María Elena Fernández?, ¿sabes quién es ella?
— Claro que sí.
¡Claro que la conocía; ella era el personaje que yo más idolatraba desde que tenía uso de razón! Hacía más de 20 años que se dedicaba a la investigación genética para la conservación de los animales terrestres. Ahora trabajaba en ese instituto ¿cómo se llama?... Instituto de Investigaciones para la Fauna... Instituto de Investigaciones Genéticas para la Conservación... ¡Ah! Instituto de Investigaciones Genéticas para la Preservación de la Flora y la Fauna. Sus mayores logros se lograron durante la década de los 30s, la clonación de una ballena a partir del ADN de un hueso criogenizado conservado en un museo de Oslo y la digitalización total y exitosa del genoma del Jaguar a partir de una biopsia del último ejemplar vivo (tomada justamente 2 semanas antes de que muriera), abriendo el camino para la digitalización del ADN de cualquier ser vivo. Sus primeros trabajos fueron hechos en la UNAM, después se pasó al instituto ése, pero se salió en el 2038 y le perdí la pista. ¿Ahora tendría la oportunidad de enterarme qué había sido de ella? ¡Espero que si! Tiene sus ventajas ser uno de limpieza empresarial.
David López continuó su perorata:
— Excelente. Sabrás que ella abandonó el Instituto de Investigaciones Genéticas Para la preservación de la Flora y la Fauna hace 4 años ya; exactamente en agosto de 2038. Sabemos que fundó una pequeña compañía dedicada a la emm.. ¿cómo podría decirlo?... "construcción" de animales de granja; como tenía acceso a todos los zoológicos y museos, tenía facilidades para conseguir información, muestras y biopsias. Ya te imaginaras que la comercialización de animales de granja es una soberana pendejada, ya que no existen las granjas, ya ni se puede usar el terreno libre en la superficie, y el oceano está tan contaminado que tampoco es posible una granja marina.
>> A la doctora Fernández se le ocurrió entonces una idea salvadora: clonar animáles domésticos y exóticos para su venta y renta a espectáculos y profesionales; su negocio se recupero y empezaba a dejar ganancias, pero existe el problema que eso es ilegal. Verás: como no hay espacio, y nuestros recursos son muy limitados, el aire, el agua y todo eso se reserva para uso humano y para las granjas hidropónicas. Tener un animal de compañía es contra la ley.
— ¿Y venderlos también es ilegal?
— No, actualmente no hay leyes que prohiban la comercialización de mascotas, simplemente porque ya no había animales. Por eso no habían metido a la carcel a la dra. Fernández, pero su negocio ha tenido muchos problemas durante los últimos dos años. Sucede que los éxitos de la doctora ya se conocen en sudamérica, oriente y europa (de repente esto se convirtió en un negocio de billones de pesos, ¿los Estados Unidos? ¡Si ellos no tienen ni donde caerse muertos!) y, bueno, ella considera conveniente una alianza con nosotros, Fármacos Huastecos, para que le demos el apoyo y el impulso que necesita, y para que le demos asesoría en el asunto de moverse al filo de las leyes sin caerse en un precipicio.
Mmmh, esto era lo mejor que yo había oido en años: la dra. Fernández seguía con sus conquistas por sobre la muerte, ¡y aparte se volvería huasteca!, a lo mejor hasta la conocería algún día. pero seguía con la duda: ¿para qué me lo contaba? ¿Qué tenía que ver yo con MaElena Fernández?
— Disculpe licenciado, pero no me queda claro que tengo que ver con todo esto.
— Sí, claro, iba a ese punto. Tenemos información muy confiable en el sentido que ella está a punto de traicionarnos. A pesar de que nos había dicho y confirmado que se iba a aliar con nosotros, actualmente está en tratos con los mayabos (perdón, con las Empresas Farmacéuticas del Mayab). Comprenderás que eso significa una entrada financiera muy importante para las Empresas Mayab. Si tienen dinero, van a poder crecer, y van a poder tener más personal de limpieza, y más armas, y en una de ésas a lo mejor hasta nos borran del mapa; es obvio que no podemos permitir eso. Ahí es donde entras tú. Si retiras a la dra. Fernández, podremos retomar sus investigaciones y persuadir a su personal para que colaboren con nosotros. Nos quedaríamos con un gran negocio y al mismo tiempo evitaríamos una serie de conflictos que pondrían en peligro a la empresa y nuestra propia existencia. Espero que comprendas la importancia de tu misión.
¡Guau! Claro que comprendía la importancia de lo que me habían dado: la oportunidad de conocer de cerca a la persona que más admiro, conocer e investigar sus hábitos, sus gustos, los lugares a donde va, ¡incluso podría charlar con ella personalmente! Y después matarla, destruirla totalmente. ¡Guau! Al fin había encontrado el sentido de mi existencia.
David seguía hablandome como si yo fuese un amigo que conociera desde hacía mucho tiempo, supongo que para infundirme confianza:
— Te elegí personalmente porque esta misión es muy delicada, y hay en juego muchos intereses. posiblemente te encuentres con algunas dificultades durante el desarrollo del operativo. Necesitaba a un verdadero profesional en servicios de limpieza de competencia, como tú. ¡Ah! Y me gustaría que me mantuvieras informado de tu progreso.
— Gracias, licenciado. Le mantendré informado del estado de avance del operativo.
~~~ o ~~~
Cuando salí de la oficina, me aguardaban la extraordinaria belleza de la secre y un inquieto y desesperado Luis Antonio Pérez, uno de los gerentes locales de limpieza empresarial y brazo derecho de David López. Me di cuenta que estaba desesperado porque entró intempestivamente a la oficina de David, casi pasándome encima; realmente era irónico: entre más alto llegues a un puesto, tienes más poder y dinero, pero te la pasas estresado, sin tranquilidad, trabajando las 24 horas del día (trabajas cuando estás despierto, y aún dormidos, muchos sueñan con sus pendientes y obligaciones laborales).
Quizá si llegas a ejecutivo, ganas la tranquilidad que ningún otro ejecutivo te puede "desaparecer", pero puedes ser un blanco de la limpieza empresarial; realmente no entiendo porque alguien querría eso.
~~~ o ~~~
David López acababa de despedir a Hugo Rodríguez cuando Luis A. Pérez entró como una tromba:
— Hola, oye, ¿que onda con eso tan urgente que me decías?
— Que onda güey, es que quiero que sepas de este asunto, necesito saber si sabes algo.
Luis Pérez le dirigió una mirada lo suficientemente inquisitoria para darse cuenta que no tenía ni idea de lo que le hablaban; así que David le dijo:
— ¿Te acuerdas de MaElena Fernandez? La zoologa ésa que quería ser huasteca.
— Sí, la recuerdo. Más que nada quería que la asesoraramos en cuanto a cuestiones legales.
— Exactamente. Quería conservar su negocio y acudió a nosotros para protegerse de todas las acusaciones legales que le hacen. El giro de su negocio, la comercialización de flora y fauna, no es ilegal. por lo menos no todavía. Apenas ayer me enteré que el congreso está a punto de aprobar una ley contra la comercialización de animales; es posible que las cámaras legislativas hayan estado estudiando esta ley desde hace un mes, y es muy posible que la doctora le haya estado dando seguimiento a esto.
— Entonces debe estar medio desesperada ¿no?
— Sí, lo está. Como no le hemos dado respuesta, ya nos está jugando doble.
— ¿Sí?
— Sí, o por lo menos eso creiamos. ¿Te acuerdas de Rocío Sánchez, la espía industrial que les metimos a los mayabos?, bueno, pues ella me dijo que la doctora solamente había hablado con un ejecutivo medio, nada en concreto.
— Oye, pero la operación con la doctora va dejar muchas ganancias, es un negocio con todas las ventajas. No podemos dejarselo a los mayabos. Creo que será mejor retirar a la doctora. podríamos usar a nuestro personal de limpieza, a los mejores, para que sean discretos...
— Eso es lo que acabo de hacer. El chavo que viste salir de la oficina es de limpieza, uno de los mejorcitos que tenemos. Pero en realidad, existe un pequeño problema para retirar a la doctora; ella no es una ejecutiva registrada....
— Si, creo que ya te agarré la idea. La empresa de la doctora no tiene competencia, por lo que legalmente no entra en el grupo de ejecutivos a los que se les podría aplicar una limpieza por competencia empresarial...Y por lo tanto, el retiro de la doctora no sería un operativo de limpieza, dentro del marco legal actual; sería un asesinato totalmente castigado por las leyes.Y como de todas maneras tenemos que retirar a la doctora...
— Exacto. Ya la mandamos asesinar, y no debe quedar ningún testigo ni huellas ni pistas.
— Estee... eso quiere decir que no debe quedar nadie del
equipo de limpieza a los que les encargaste este trabajito ¿no?
VI
Espero que todavía haya alguien en el departamento de espionaje industrial (bonito el nombre que le pusieron, "investigación retrospectiva") para averiguar si me pueden asignar a un espía que investigue a la dra., y que la siga para saber cuales son los lugares donde va rutinariamente; lo más seguro es que no haya personal disponible, y aunque lo hubiera, no voy a dejar pasar la oportunidad de averiguarlo todo por mí mismo. Sí, creo que eso es mejor, seguirla e investigarla yo mismo; después de todo yo soy el que está interesado ¿verdad?
Tendré que seguirla porque necesito saber su ruta de movimientos: si de repente sale al exterior o todo lo hace dentro de la ciudad; si sus salidas son al exterior ¿qué medios de transporte usa?, ¿el tren subterráneo público?¿Transporte privado? ¿Va siempre acompañada? ¿Quién la acompaña? Si nunca sale tendré que idear alguna forma para acercarla aunque sea a las salidas o por lo menos para que ella esté en un espacio abierto y sin mucha gente (algún parque por ejemplo, o en alguna excavación de exploración). Actualmente es difícil efectuar algún asesinato dentro de la ciudad, dentro de todo este hacinamiento; todas las calles y edificios están totalmente vigilados con cámaras de video y robots digitalizadores. Al entrar a cualquier edificio o establecimiento te revisan; aunque sea un edificio mal vigilado y semiabandonado (aunque en esta cueva super-poblada no creo que exista algún edificio abandonado o un centímetro cuadrado de terreno baldio).
Aun si uno pudiera realizar el asesinato, las cámaras de
vigilancia grabarían todo, dado que a todos nos tienen
registrados en las computadoras centrales del gobierno, sería
cuestión de horas antes de que lo capturen a uno. Es mejor no
perder tiempo y empezar con la investigación de las
actividades de la doctora.
VII
La pantalla de la terminal exhibía información interminable ante los ojos enrojecidos de Hugo. Quizá fuera un poco inexacto llamar "pantalla" a la pantalla, o al lugar donde se desplegaba la información sin fin; hacía ya muchos años que las pantallas habían logrado liberarse de su soporte físico, incluso la llamada perfección de las pantallas planas LCD—TFT habían quedado obsoletas hacía más de 20 años. Algún tipo de nerd había descubierto la forma de controlar campos electrostáticos que lograban variar la densidad del aire; cuando se proyectaba alguna luz sobre esta capa de aire denso (algún periódista lo bautizó como "aire pesado") resultaba en un comportamiento muy semejante al de una pantalla de proyección. Llamó mucho la atención que este nerd haya hecho este descubrimiento trabajando solo en su garage en — ¿dónde mas? — Silicon Valley. La aplicación inmediata de este invento se dio en la industria cinematográfica; pero no tardó en perfeccionarse para entrar de lleno a la industria de los CRTs y los monitores para computadoras. El resultado lo tenía Hugo ante sus ojos: un espacio virtual donde se mostraban todas las salidas visuales de la máquina. Un espacio que no existía si no estaba energizada la pequeña lámina inferior que controlaba el campo electrostático y con ello los patrones de densidad del aire y con ello la imagen. Incluso ya había "pantallas" —espacios de despliegue— que rodeaban totalmente al espectador y hacían que este se sintiera totalmente inmerso en la imagen. De cualquier forma, se necesitaba tener la vista fija y ceder un poco de atención a los despliegues, eso siempre producia irritación en los ojos. A Hugo no le importaba este detalle; ya había descubierto todos los pequeños logros que había hecho la doctora Fernández a lo largo de su carrera. Sobre todo esos pequeños logros que solamente eran publicados en las redes locales de la universidad.
Desde hacía años, Fármacos Huastecos mantenía cuentas de acceso a los archivos de la UNAM y varios de los mayores centros de formación profesional (pretexto: investigaciones químicas, biológicas, médicas, etc.; realidad: podían accesar lo que les diera la gana), con los que habían hecho investigaciones para desarrollar drogas y para reclutar personal altamente capacitado. A veces, como en el caso de la dra. Fernández, las investigaciones servían para conocer a una persona a la que se iba a eliminar. En la red existen muchos archivos y documentos sobre el desarrollo de investigaciones del Instituto de Investigaciones Genéticas para la preservación de la Flora y la Fauna gratuitos y de acceso público. La información es fácil de conseguir, es fácil saber lo que hizo la doctora, donde estuvo y con quién estuvo. Lo difícil es averiguar todos los datos relacionados con la doctora cuando dejó el instituto.
Aquí está la fecha: 4 de agosto de 2038, la dra. Fernández dejó el instituto por motivos de "superación profesional". A partir de esta fecha ya no hay mas información de ella; ¿dónde buscar ahora? Quizá en los registros de comercio; según me dijo David López, la doctora había fundado una pequeña empresa para la clonación y crianza de animales de granja,... entonces esta compañía debe estar registrada en el gobierno, en alguna de las secretarías..., muy posiblemente la de comercio. Si, aqui está "Granja de Desarrollo Biológico Fernández" (que nombre tan estúpido, que bueno que fracasó) con registro de creación el 28 de septiembre de 2038 siendo los dueños y representantes legales y bla, bla, bla, Maria Elena Fernández Gómez y Eliseo Ramirez Guerrero; a ver,... ¿que más?, la dirección, aquí esta: Coordenadas 240 x 565 a partir del centro de Nueva Anahuac; eso es en el lecho del antiguo rio subterraneo, cerca de la salida aerea 23 sur, mmmmh. Este registro tiene liga al registro de actividades comerciales, a ver... Obviamente, la empresa no tiene fecha de cese de actividades ni quiebra ni nada, pero tiene 15 entradas de datos de otras empresas —para intercambio comercial, seguro—, "Aceros Segura", "Constructora JAM", no, no, eso no sirve..., al final hay varias empresas que parecen de biotecnología: "procesos Biotecnológicos del Centro S.A. de C.V.", "Servicios de Ingeniería Genética S.A. de C.V.", "Laboratorios y procesos Biológicos, S.A."..., ¡esta está cerca de la oficina! ¡Aqui debe haber empezado a contactarse con nosotros!, a ver, la transacción tiene registros del 11 de mayo de 2039, 14 de junio de 2039 y 9 de enero de 2040, y esta "procesos Reconstructivos Biológicos, S.A.",... Esta queda junto al edificio de los Mayabos,.... Aquí nos debe haber empezado a traicionar, como dijo David. El 15 de marzo de 2040. La doctora será muy buena onda, pero la verdad, se buscó lo que le va a pasar.
Lo más seguro es que la doctora tenga que salir a la
superficie para entrevistarse con algún mayabo; a ella le
queda cerca la salida 23 sur..., el edificio mayabo queda al oriente
de la ciudad, le quedan cerca todas las salidas orientales... El que
seguro si sabe es Jaime, a lo mejor hasta podría cruzar
información y averiguar en donde se juntan.
VIII
— Tu hazme caso...., el lugar donde se encuentran es en las barrancas de Santa Fe, en el edificio del arco — decía Jaime.
Ni siquiera disminuyó un poco la velocidad de su andar. Por lo que se veía estaba excitado; yo no estaba tan seguro de que sus afirmaciones fueran absolutamente correctas:
— ¿Cómo estás tan seguro?
— Es lógico. Los mayabos no utilizan la salida 15 oriente, porque es la que les queda más cerca, si alguien quisiera hacer algo contra ellos, lo primero que pensaría es que es obvio que utilizan esa salida, y por tanto, es obvio que cualquier ataque o emboscada se llevaría a cabo por el rumbo de las salidas oriente. El edificio mayabo queda al sur—oriente de la gruta, y sucede que hay una ruta muy usada que tiene sus terminales al oriente y al sur, junto a la salida 38 sur...Entonces....Sí, creo que ya le atinaste... Tanto la doctora esa como los mayabos salen hacia el sur. El punto que les queda más cercano a los dos es el edificio del arco. Es lógico. Además este funcionaba como edificio de oficinas el siglo pasado; no creo que mucha gente visite el edificio, usarían el espacio disponible para sus juntas, después de todo, no creo que esté totalmente en ruinas.

Seguimos caminando en silencio hasta llegar a la armería de la empresa. El atentado a la doctora no deberá tener mayores dificultades, el Jimmy ya adivinó el lugar más probable de reunión, y no creo que la doctora Fernández use chaleco antibalas, o protecciones electromagnéticas; yo estoy seguro que con mi rifle de repulsión magnética es más que suficiente, pero Jaime insiste en llevar algunas armas en el helicóptero, por si acaso; supongo que ya no quería otra persecución de policias y ladrones como la otra vez. Aparte tenía razón: había que estar prevenido por si nos la teníamos que ver con los guardesapaldas mayabos... Ahora que lo pienso bien... no sé... siento que nos falta algo, algún detalle o alguna otra cosa.
— Aguas con ese rifle, es de los nuevos de concentración lumínica. Si lo dejas caer, vamos a tener que convertirnos en esclavos de los huastecos para poder pagarlo.
El comentario de Jimmy me sacó de mis reflexiones. Siento que tengo en la punta de la lengua lo que se me está olvidando, pero no lo logro ubicar con exactitud.
— Oye Jaime...
— ¿Qué?
— No, nada...
IX
Salir de la ciudad y aterrizar en cualquier azotea expuesta al exterior siempre es una experiencia bastante desagradable. Sobrevolar todas esas ruinas, todo ese cascajo bajo la inclemencia del sol y toda su mortal radiación ultravioleta. El maldito calor que se encierra dentro del traje stealth para limpieza. La aprehensión que se siente cuando llegas a la superficie: hay que estar preparado para cualquier cosa; desde una rata o algún reptil ponzoñoso hasta el encuentro con otro asesino que haya tenido la idea de hacer una emboscada en el mismo sitio que uno escogió, a pesar de que tal situación es altamente improbable. Por lo menos desde que empecé a trabajar de asesino, nunca me ha tocado encontrarme algún contratiempo antes de tiempo.
Muchas incomodidades, aún cuando uno no está en misión, sino preparando la emboscada. pero soy un profesional, tengo que aguantar estoicamente. Y todavía tengo que hacer malabarismos para pasarme al edificio de junto, el famoso edificio del arco. Bajar los 30 pisos de este edificio, y luego subir hasta el último piso del otro, como que esta duro. Mejor disparo la cuerda con su ancla (como todo un terrorista del siglo pasado) y le hago como Tarzán: colgarme del mecate para pasarme al otro edificio.
Después de asegurarme que la azotea es segura, bajo al piso inferior y... ¡guau! Justo a la primera. En esta oficina es donde se deben reunir la dra. Fernandez y los ejecutivos mayabos: hay una mesa y varias sillas sin polvo, como si las estuvieran usando, aparte, este cuarto se ve medio escombrado, aunque esté lleno de cascajo como el resto del edificio y....
— Limpio1, limpio1, contesta rápido...
La interrupción por la radio me hizo llenarme de angustia. Generalmente no usabamos la radio en las misiones de preparación de la emboscada; lo más seguro es que fuera una emergencia, y casi seguro que no iba a ser una sorpresa agradable.
— Aqui limpio1, ¿qué pasó Jimmy?
— Oyes Hugo, se acercan dos autos de transporte aereo; creo que son ellos. Mejor te sales de ahí.
— Entendido, fuera.
Lo bueno es que siempre me cargo mi rifle de repulsión, aun en misiones de reconocimiento y en las de preparación de emboscadas. Me voy a tener que llevar todos estos chunches de espionaje a la azotea; hasta eso que el retiro de la doctora se va a hacer más rápido de lo que pensé.
Bueno, ahora a correr a la azotea y a prepararme para la emboscada, ¡que emoción! Yo, personalmente en persona voy a matar a MaElena Fernández, mis deditos son los que van a apretar el gatillo, y le voy a disparar con mi propio rifle; ¡jijos!, ya no puedo esperar. En vez de correr voy a volar.
~~ o ~~
Ahora no estoy usando una mira infrarroja, sino una normal, para luz visible; de todas manera ya tengo su cuello bien enfocado y en la mira. ¡Qué piel tan blanca!, de joven ha de haber sido muy guapa. Lástima que se tenga que morir.
Un leve movimiento al gatillo, y la doctora cae —ya sin vida, estoy seguro porque soy un profesional y sé hacer mi trabajo— y..., y...., ¡cierto!, ¡no podría ser de otra forma!, los guardaespaldas ya la vieron caer, pero están protegiendo a SUS ejecutivos, a los mayabos. ¡Con una chingada!, ¡lo tenía en la punta de la lengua cuando el Jimmy y yo estabamos preparando la emboscada!, es obvio: la doctora Fernandez no llevaba guardaespaldas porque ella no pertenecía a alguna empresa.
¡Y yo la acabo de matar fuera de la ley!, no puedo decir que la retiré porque ella no era ejecutiva. ¡Con un demonio!, la compañía ni me va a defender ni nada.... Necesito huir. Correr, volar, me voy a tener que desaparecer de Nueva Anahuac; la poli no va a tardar en llegar. Momento... El Jimmy siempre me ha sido fiel, siempre hemos sido bien cuates, no creo que se haya ido así como así. Nada más lo tengo que buscar, estabamos preparando la emboscada, así que no quedó acordado algún lugar, ¡diablos!
~~ o ~~
— Escape1, escape1, ¿me recibes? Jimmy, con un demonio, ¿dónde estás?
La cuerda todavía está colgando entre los dos edificios. La puedo usar y luego cortarla para que la policía no pueda rastrearme.
— Escape1, escape1, ¿me recibes?
Apenas entre al otro edificio me voy corriendo a la azotea para ver si localizo al helicóptero. La poli no ha llegado; eso me da unos segundos más.
Llegué al otro edificio (por cierto, me corté la
mano cuando estaba entrando), y cuando subí a la azotea, no
encontré ni rastro del helicóptero, porque me encontré
lo que menos me esperaba.
X
— David... David López, ¿qué está haciendo aqui, licenciado?
— Ahorita no soy el licenciado David López. Si ves, uso la misma ropa que tú:
» Un traje stealth de limpieza, lentes antiUV, botas de alta torsión... Solamente que yo no tengo un rifle de repulsión, sólo esta pistolita.
David estaba vestido con las ropas reglamentarias del personal de limpieza, solamente que también tenía protecciones: un chaleco kevlar—cerámica contra impactos balísticos y un cinturón para control de campos electromagnéticos, para actuar como escudo anti—rayos.
Apenas estaba asimilando lo que me acababa de decir cuando ya tenía frente a mi rostro la pistola esa. Tenía razón David al decirle "pistolita", parecía de juguete: más o menos como los blasters de Star Trek de principios de siglo, pero más voluminosa y con el mango mucho más largo.
No tenía ni idea de qué diablos estaba haciendo ahí el David, o el porqué estaba ahí. La vestimenta de limpieza era casi obligatoria para salir a la superficie, ¿pero porqué tan protegido?, ¿porqué el chaleco anti—balas y el escudo electromagnético?, ¿porqué me apunta con su pistolita?
Los mayabos y sus guardaespaldas ya habían desaparecido, pero las sirenas de la policía aerea ya se oian a lo lejos; en un par de minutos verían el cadáver de la doctora Fernandez y acordonarían la zona. Necesitaba desaparecer, y David también; en lo único que puedo pensar es en Jaime y su helicóptero.
— ¿Y Jaime Gómez? ¿Y el helicóptero?
— ¿Jaime?..., ah, sí, Jaime Gómez, el piloto del helicóptero. Verás, él..., está... Al diablo, ni Jaime ni el helicóptero están aqui. Acabas de asesinar a la dra. MaElena Fernández...
— Porque usted me dijo...
— ¡Cállate! La mataste a pesar de que no era mayaba, y ahora ya no la podremos hacer husteca...
— Pero los informes indicaban que nos estaba traicionando...
— ¡Cállate! Como ya viste, no era parte de la empresa Mayab, puesto que ni siquiera tenía guardespaldas asignado. Acabas de cometer un asesinato ilegal, y eso no tiene cabida en Fármacos Huastecos.
— Pero..., pero..., yo retiré a la doctora por orden directa de usted...
El sarcasmo del momento se dibujó en la estúpida
sonrisa que se delineó en su rostro. El láser de la mira se
fijó en la base de mi cuello y...., bueno, supongo que esta es
una muerte digna de un profesional, como yo.
EPÍLOGO
David López agradeció que los nuevos prototipos de pistola de concentración lumínica fueran pequeñas, portátiles, ligeras...., e indetectables. Pasaría sin problemas a través de la aduana citadina.
El calor del rayo lumínico concentrado cauteriza las heridas causadas casi instantáneamente, por lo que ni el cadáver ni el atacante se llenaban de sangre; también la muerte causada era casi instantánea, digno de un profesional como lo fue Hugo Rodríguez — pensaba mientras se alejaba trotando.
PREFACIO A ESTE ESCRITO RARO LLAMADO NOVELA.
I. LOS ÁNGELES, NOVIEMBRE DE 2019.

II. HOLDEN.
III. DECKARD.
IV. BRYANT.
V. RAQUEL.
VI. HOTEL.
VII. ROY.
VIII. MEMORIAS DEL VERDE.
IX. PRIS.
X. ESPER.
XI. MERCADO.
XII. TAFFEY.
XIII. ZHORA.
XIV. LEÓN.
XV. "YO SOY EL OFICIO".
XVI. SEBASTIÁN.
XVII. TYRELL.
XVIII. EDDIE, UN VIEJO AMIGO.
XIX. LA HORA DEL CAZADOR.
XX. EL SUEÑO DEL UNICORNIO.
Prefacio a este escrito raro llamado novela.
Blade Runner es una de esas extrañas obras que evolucionan
antes de plasmarse en la realidad, evolucionan cuando ya se están
produciendo y siguen evolucionando cuando se supone que ya son
productos hechos y derechos.
La novela "¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?" de philip K. Dick
sirvió de base para el guión de la película,
pero "Blade Runner" solamente se basa en la novela, no es
la novela traducida a película.
Desde su concepción, "Blade Runner" trascendió los límites fílmicos para convertirse en una recopilación de ideas de diversas fuentes (el título viene de una novela de comercio y tráfico de equipo médico, gran parte de la ambientación se deben a ideas del futurista visual Syd Mead, la idea del multiculturalismo, la mezcolanza y revoltura de lenguajes ni siquiera está mencionada en la novela), aunque siempre se tuvo el objetivo de producir una película, nada más.
Durante la producción "Blade Runner" se tuvo que enfrentar a uno y mil obstáculos (sobre todo de presupuesto), esto hizo que se tuvieran que hacer cambios, modificaciones y adaptaciones sobre la marcha; es decir, mientras se estaba filmando, durante la edición, producción de efectos especiales, musicalización, etc. Esto hizo que el producto final fuera un filme escabroso, difícil de entender pero cómodamente permeable para la comunidad aficionada a la ciencia ficción. Como resultado de esto, se hicieron modificaciones a la película aún cuando técnicamente ya estaba terminada; prueba tangible de esto es la tristemente famosa "voz en off".
Cuando la película se liberó al público, en
1982, generó un gran fracaso económico. Aunque el
público en general protestaba por la impenetrabilidad del tema
y pedía más concesiones, la comunidad aficionada a la
ciencia ficción empezó a reconocer la grandeza e
importancia de esta obra. A medida que "Blade Runner"
tomaba su lugar como una de las obras más emblemáticas
de la ciencia ficción, la comunidad cienciaficcioñera
comenzaba a tomar tanto interés que se empezaron a idear
explicaciones para rellenar los hoyitos lógicos que había
en la trama gracias a las vertiginosas evoluciones que había
sufrido el film durante su producción.
Blade Runner estaba
evolucionando otra vez.
En estos años de principios de siglo, la obra sigue
causando polémicas, sesudos ensayos, revisiones, críticas,
comparaciones,... y todavía sigue asombrándonos.
Esta
novela, esta versión novelada, es solamente algo lejano que
intenta contribuir a esta evolución.
Quizá la película "Blade Runner" ya esté terminada, pero el mito está lejos de acabarse.
Notas: El guión de la película "Blade Runner" es muy diferente a la novela original ¿Sueñan los Androides
con Ovejas Eléctricas? (conocida como DADoES - Do Androids Dream of Electric Sheep? Tuvo que reescribirse más de diez veces antes
de alcanzar su versión definitiva.
Uno de los detalles más importantes es que Bryant menciona a seis replicantes fugitivos, y que uno murió en una cerca
eléctrica en la pirámide corporativa Tyrell, pero a Deckard solamente se le mencionan cuatro replicantes fugitivos. Esto ha
dado pie a una serie interminable de especulaciones concernientes a que si el quinto replicante era Rachel e incluso si era Deckard.
Lo cierto es que esta fue una inconsistencia entre dos versiones del guión. Yo hice que Bryant dijera que DOS replicates ya
habían muerto, así la cuenta queda bien.
Otra diferencia es que en la novela el nombre de la prueba es Voigt-Kampff, pero en la película se escribe Voight-Kampff.
Y por supuesto está la diferencia de que durante su prueba VK en el corporativo Tyrell, León dice "Déjeme contarle
acerca de mi madre", pero cuando Deckard está repasando la grabación de la entrevista en su carro, León dice
"Le contaré acerca de mi madre". ¿Error? ¿Guiño del director?, ustedes decidan.
Blade Runner
Versión novelada por el policleto inge y los todavía asombrados malditos.
A principios del siglo XXI, la corporación Tyrell llevó
la evolución robótica a la fase NEXUS —un ser
virtualmente idéntico a un humano— conocido como
Replicante.
Los Replicantes NEXUS 6 eran superiores en fuerza y agilidad y
al menos iguales en inteligencia, a los ingenieros genéticos
que los diseñaron.
Se usaban replicantes como mano de obra esclava fuera de la
Tierra, en las peligrosas labores de exploración y
colonización de otros planetas.

Después de un sangriento motín de un equipo de combate NEXUS 6 en una
colonia extraterrestre, los replicantes fueron declarados ilegales en
la Tierra— bajo pena de muerte.
Se formaron escuadrones especiales de policía —las UNIDADES BLADE
RUNNER — a los que se les ordenó tirar a matar a
cualquier replicante que irrumpiera en la Tierra.
Esto no fue llamado ejecución,
se le llamó retiro.
I. Los Ángeles, noviembre de 2019.
Holden no podía dejar de sentirse fascinado por las explosiones causadas por el
exceso de energía en las chimeneas de los edificios. La
iluminación ígnea de las llamaradas se reflejaban en
sus ojos mientras estaba de pie junto a una de las ventanas
panorámicas en la pirámide corporativa de oficinas de
la empresa Tyrell, dedicada al desarrollo y fabricación de
replicantes.
Desde ahí podía
contemplar los avances del siglo XXI: los spinners, autos voladores
dirigidos por motores de ventilación extrema y motores de
trasmisión de rotación para circular por tierra,
alimentados por células de hidrógeno líquido;
restringidos, sin embargo, al cuerpo policiaco desde el '15, aunque
una enmienda permitía su circulación para usos no
oficiales desde principios del '17. De cualquier forma, habían
llegado a ser tan caros que solamente los ricos los podían
comprar. Los edificios más grandes eran construidos siguiendo
estructuras piramidales; así podían ser más
grandes y seguros: llegar a los 500 metros de altura y, gracias al
ahora férreo control policiaco y electrónico, evitar
las amenazas y atentados tan comunes a principios de siglo.
Las construcciones usadas como fabricas automatizadas eran las únicas
construidas según las estructuras establecidas el siglo
pasado: torres y rascacielos puntiagudos, igual que las
construcciones antiguas y obsoletas; muchas de ellas abandonadas ya
desde hacía tiempo.
El exceso de vapor de agua y bióxido de carbono generados por los spinners
y por las chimeneas de las pirámides habían causado que
la siempre amenazada ciudad de Los Ángeles estuviera sumida en
una llovizna y ocasos semipermanentes, aunque esto también
ocasionaba que las pirámides siempre tuvieran luces encendidas
tanto para combatir la oscuridad como para servir de señalamiento
a los spinners. Generalmente el nuevo smog formado por hollín,
bióxido de carbono y vapor de agua era tan denso que se podía
ver el haz de luz generado por las pirámides más altas,
como la pirámide de oficinas de la empresa Tyrell.
II. Holden.
Holden seguía de pie ante la ventana panorámica en la
oficina que se le había asignado en el piso 201, fascinado por
el espectáculo de la civilización corporativa del siglo
XXI.
La voz del intercomunicador interrumpió su contemplación:
"Siguiente sujeto, Kowalski, León, ingeniero,
procesamiento de desperdicios, sección de archivo, nuevos
empleados, seis días."
Ya era el quinto entrevistado de ese día y aun no había obtenido
resultados. Quizá así era mejor.
Tocaron a la puerta mientras el intercomunicador voceaba amablemente:
"Llamando al Sr. Webber. Favor de ..."
—Adelante.
Entró un sujeto bastante corpulento, de unos 35 años y
vestido con una bata. Mientras Holden tomaba asiento para preparar la
máquina para la prueba, la voz femenina en el intercomunicador
anunciaba:
"... repórtese a la zona A,
sección 9. Sector de replicación, nivel 9 —tenemos
una alerta de seguridad B-1. prepárense para una
revisión de ID..."
—Siéntese.
León se sentó mientras miraba a
Holden preparar la máquina. Nunca había visto este tipo
de maquinaria, con esa especie de mira, fuelle, cámaras ...
En el intercomunicador se volvió a oír:
"Sector de replicación, nivel 9 — tenemos
una alerta de seguridad B-1. prepárense para...".
León se puso un poco nervioso, por lo que preguntó:
—¿Le molesta si hablo? Las pruebas me ponen un poco
nervioso.
Holden, al contrario de León,
estaba bastante concentrado en su trabajo, por lo que el comentario
lo tomó un poco por sorpresa. Tan sólo atinó a
responder:
—¿Eh? Solamente no se mueva, por favor.
—Perdón.
La disculpa de León se entremezcló con los ruidos de la
actividad de la máquina que anunciaba que estaba cobrando
vida. Aun se sentía incomodo, por lo que empezó a
parlotear:
—Ya me hicieron la prueba de CI
este año, no creo que alguna vez haya tomado esta...
Holden le interrumpió bruscamente:
—El tiempo de reacción es un factor importante; por favor trate de
poner atención. Responda tan rápidamente como pueda.
—Seguro.
¿Tiempo de reacción? ¿Qué clase de prueba era esta? Quizá
era alguna de las que le había hablado Roy. Era mejor estar
alerta a lo que le preguntaran y contestar como un humano normal.
Hasta el Sr. Holden éste que lo estaba entrevistando le
empezaba a parecer sospechoso, no se veía como los demás.
Le oyó decir:
—Uno-uno-ocho-siete en Hunterwasser.
Así que respondió lo más rápido
que pudo:
—Ese es el hotel.
La respuesta tomó a Holden un poco por sorpresa:
—¿Cómo?
—Donde vivo.
—¿Es un buen lugar?
—Sí; seguro, creo —¿es parte de la prueba?
Había llevado bien el diálogo, fluido y sin pausas,
pero la última pregunta podría descubrir demasiado
nerviosismo. Recordó lo que le aconsejaron Roy y Zhora: que
por ningún motivo se pusiera nervioso, que evitara eso a toda
costa.
—No. Tan sólo lo estoy preparando, eso es todo.
—Oh. No es elegante ni nada.
—Está en el desierto, caminando sobre la arena cuando de repente...
—¿Ya empezó la prueba?
—Sí. Está
en el desierto, caminando sobre la arena cuando de repente mira hacia
abajo...
—¿Cuál?
—¿Qué?
—¿Cuál desierto?
Sí. preguntar estaba bien. Demostraba interés por el tema. Además de todo, las
respuestas eran fluidas, casi sin pensar. Quizá Holden no se
fijara tanto en el nerviosismo que había mostrado.
Holden continuó hablando:
—No importa en cual desierto está. Es una pregunta meramente hipotética.
—Pero, ¿porqué estoy ahí?
—Quizá esté harto, quizá
quiera estar solo, ¿quién sabe? Mira hacia abajo y ve
una caguama, León, está reptando...
—¿Caguama? ¿Qué es eso?
—¿Sabe lo que es una tortuga?
—Por supuesto.
—Son lo mismo.
Las respuestas de León parecían las de
una persona nerviosa e impaciente. Alguien bastante desagradable.
pero Holden ya estaba acostumbrado; en muchas entrevistas tenía
que tratar con gente así. "Y lo peor es que éste
es ingeniero; éstos son los peores —pensaba—,
siempre quieren saber todos los detalles". La última
respuesta hizo que se reclinara sobre su silla y tomara una aspirada
bastante profunda a su cigarrillo; hubiera suspirado, pero había
algunos entrevistados que consideraban eso desagradable; como el
entrevistado del mes pasado que..., miró los monitores
pupilares de la máquina y se dio cuenta que los indicadores se
mostraban más altos de lo normal. Las pupilas estaban
dilatándose en fluctuaciones anormales y los indicadores LED
estaban llegando al rojo mucho más veces que el promedio, y
eso que solamente había mencionado un animal que León
no conocía.
Oyó a León decir "Nunca he visto una tortuga", mientras le dedicaba una
mirada de sorpresa y lástima. Había atrapado a uno,
pero eso significaba que tendría que retirarlo.
León continuó:
—Pero entiendo lo que quiere decir.
—Se agacha y voltea a la caguama boca arriba, León.
—¿Ud.inventa estas preguntas, Sr. Holden? ¿O alguien las escribe
por usted?
Holden no hizo caso de esta pregunta y siguió con el interrogatorio:
—La caguama se queda boca arriba, con el sol quemándole la panza,
tratando desesperadamente de darse vuelta, pero no puede. No sin su
ayuda. Pero usted no le ayuda.
—¿Cómo que no le ayudo?
—Usted no le ayuda. ¿porqué no León?
La reacción de León era exagerada ante
una sencilla situación hipotética. Holden ni siquiera
necesitaba la máquina para confirmar su hallazgo, no necesitó
las gráficas que indicaban la verdad.
León estaba seguro que había arruinado la entrevista. Roy le había
advertido mil veces que lo podrían detectar por su nerviosismo
y sus reacciones. Simplemente no lo pudo controlar. Es decir, ¿hacer
daño a algo que ni siquiera podían comprender?¿A
algo vivo que no les pertenecía?¿Que clase de monstruos
eran los humanos?
Pero esto ya no importaba. Casi seguro lo había echado a perder; igual que cuando mató
a aquella aeromoza del trasbordador que los había traído
a la Tierra; tuvieron que matar a todos. Vio a Holden relajarse,
recargarse en su silla y darle una chupada a su cigarro mientras le
oía decir "Son tan sólo preguntas, León".
Con un demonio, sí se había dado cuenta de su reacción
exagerada. ¿Y ahora, qué diablos haría?
Holden continuó:
—En respuesta a su
pregunta, otra persona me las escribe. Es una prueba diseñada
para provocar una respuesta emocional.
Holden se
volvió a enderezar para seguir el interrogatorio:
—¿Continuamos?
León trató de tranquilizarse, aunque ya
no importaba; brevemente movió la cabeza para decir que sí
a Holden aunque ya había decidido lo que tenía que
hacer: ya había matado humanos antes, así que uno más
no le haría daño; además, no había otra
salida.
Holden pensó que había llegado el momento
de hacer la pregunta principal, así que dijo:
—Describa en palabras sencillas solamente aquellas cosas buenas
que recuerde acerca de su madre.
Ya era demasiado. León se reacomodó en
su silla para darle espacio a sus manos para que buscaran la pistola,
así que buscó con ansias el metal frío y duro y
lo puso en su regazo. Contestó:
— ¿Mi
madre?
Holden mostró una sonrisa artificial
en su rostro mientras respondía afirmativamente, a lo que León
replicó:
—Déjeme contarle acerca
de mi madre.
Por suerte los nuevos sistemas de explosión
mediante expansión de cápsulas de nitrógeno
líquido hacían de las armas algo tan letal que un solo
disparo podía fácilmente atravesar una pared, ningún
humano podría sobrevivir a un tiro. Lo malo era que la pistola
que llevaba era un modelo antiguo que disparaba metralla de aleación
de aluminio y tungsteno y hacía mucho ruido durante el
disparo.
De cualquier manera, el tiro que hizo por
debajo de la mesa le dio a Holden justo en el estómago y tal
como León lo había imaginado, impulsó a Holden
con todo y silla hasta atravesar la pared. De cualquier forma no eran
balas que tuvieran una carga explosiva, así que sería
mejor asegurarse dándole otro tiro; se puso de pie, le apuntó
y disparó nuevamente dándole en la espalda a Holden.
III. Deckard.
La atmósfera en la ciudad estaba tan oscura y sucia como el
interior de una mina de carbón. Los spinners policiacos tenían
que usar dos o tres filtros de aire en las entradas de sus turbinas
de oxidación de hidrógeno para poder hacer sus rondas
diarias entre los rascacielos sin tener mayores problemas mecánicos.
La circulación de spinners no oficiales
estaba restringida a un techo de 50 metros, pero los patrullajes
policiales podían circular a cualquier altura.
Lo único que iluminaba el ambiente eran las luces de los
edificios, pirámides y video-anuncios murales que
colgaban de algunas fachadas. La húmeda calle estaba bien
iluminada por el bombardeo de miles de luces de neón que
anunciaban toda clase de mercancías y servicios.
La monótona cacofonía producida por la
llovizna pertinaz se rompía con la voz atronante que provenía
de los altavoces del dirigible-anuncio:

"UNA NUEVA VIDA LE ESPERA EN LAS COLONIAS EXTRATERRESTRES. LA
POSIBILIDAD DE COMENZAR DE NUEVO EN UNA TIERRA DORADA DE
OPORTUNIDADES Y AVENTURAS."
El hacinamiento de
gente, la humedad y el calor eterno dado a luz por el efecto
invernadero, habían logrado hacer de la Tierra un lugar
agresivo y poco habitable. Las pocas decenas de millones que todavía
permanecían en el planeta pertenecían a los estratos
sociales más bajos: relegados, parias, delincuentes; además
de todos los enfermos que no podían salir de la Tierra,
algunos poderosos industriales y el eterno cuerpo policiaco y de
gobierno.
Deckard esperaba impaciente su turno para ocupar un
asiento en el puesto de sushi. Leía aburridamente el periódico
mientras oía al anciano maestro de sushi atendiendo el
restaurante: ¿Nan-ni shimasho-ka?
La gente
que se apretujaba en la húmeda calle portaba la vestimenta
civil normal: un abrigo y sombreros impermeables; algunos llevaban
lentes para la lluvia, aunque muchos seguían la moda de llevar
un paraguas con una luz de neón como varilla. Oyó la
bocina del altavoz del dirigible e hizo que volteara hacia arriba:
"UNA NUEVA VIDA LE ESPERA EN LAS COLONIAS
EXTRATERRESTRES. LA POSIBILIDAD DE COMENZAR DE NUEVO EN UNA TIERRA
DORADA DE OPORTUNIDADES Y AVENTURAS. ¡VAYAMOS A LAS COLONIAS!"
Miraba con fastidio al dirigible, contemplando los
reflectores, los anuncios luminosos y las miles de brillantes luces
que tenía instaladas para llamar la atención. A pesar
de que la mayoría de los dirigibles tenían cámaras
de video instaladas por la policía para "vigilar" a
la ciudadanía, muchas veces era bonito verlos en el cielo,
muchas veces sus anuncios ambulantes con música del folclor
japonés con geishas bien maquilladas eran lo único que
irrumpía la monotonía de la vida diaria. Los altavoces
del dirigible continuaban anunciando su mensaje:
"ESTE ANUNCIO LLEGA A USTEDES POR CORTESÍA DE LA CORPORACION
SHIMAGO-DOMÍNGUEZ, AYUDANDO A AMERICA EN EL NUEVO MUNDO."
"El corporativismo desarrollado en este siglo
es horrible." —pensaba— "¿Es que acaso
necesitamos que una empresa decida lo que es mejor para nosotros?"
Regresó sus ojos al periódico. Pero la mezcla de enojo
y decepción evitaron que pudiera llegar a leer algo.
La voz del dirigible se vio interrumpida por el
anciano del local de sushi:
—...akimashita,
akimashita. Irasshai, irasshai ([ahora está] libre. pase,
pase).
El anciano del sushi le llamaba y hacía
señas para que se acercara. Deckard puso el periódico
sobre su cabeza para evitar empaparse mientras el dirigible seguía
anunciando:
"USE A SU NUEVO AMIGO COMO FIEL
SIRVIENTE PERSONAL O..."
Se acercó al
mostrador para ver lo que comería esa tarde. El anciano del
sushi le recibió diciendo:
—Sa dozo.
¿Nan-ni shimasho-ka? (Buen día. ¿Qué le
gustaría comer?)
"COMO UN INFATIGABLE
TRABAJADOR DE CAMPO..."
Deckard devolvió
la mirada al anciano y le dijo, señalándole un frasco:
—Déme cuatro.
—Futatsu
de jubun desuyo. (Dos deben ser suficientes para Ud.).
—No. Cuatro. Dos, dos, cuatro.
—Futatsu
de jubun desuyo.
"UN HUMANOIDE REPLICANTE
CREADO MEDIANTE INGENIERIA GENETICA HA SIDO PERSONALIZADO PARA USTED
..."
Haciendo un gesto de fastidio, Deckard se
dio por vencido:
—Y fideos.
—Wakatte kudasai yo. (por favor, entienda mi posición).
"... Y DISEÑADO ESPECÍFICAMENTE PARA
CUBRIR SUS NECESIDADES. ASÍ QUE, ÁNIMO AMERICA; VAMOS A
HACER EQUIPO ALLA ARRIBA..."
Era un fastidio ver esta ciudad invadida por inmigrantes que ni siquiera se molestaban en hablar en inglés.
Este viejito ya debe haber llegado grande a la ciudad. Hablaba un
buen japonés sin acento americano. Su antiguo trabajo como
policía le había obligado a entender muchas lenguas
extranjeras: japonés, coreano, español, alemán,
francés, en fin; si alguien pasaba el suficiente tiempo
patrullando las calles, aprendía la jerga, el caló, el
habla que se usaba, un galimatías que revolvía todas
las expresiones usadas. Aunque uno podía comunicarse con eso,
ni por casualidad llegaba a la categoría de lenguaje.
Mientras el anciano del sushi le empezaba a limpiar el lugar del
mostrador que ocupaba, Deckard tomaba unos palillos para comer. Se
sentó y pensó que todos le estaban diciendo —más
bien, "sugiriendo" lo que debían hacer. El dirigible
le decía que fuera a las colonias, el anciano del sushi
diciéndole que dos deberían bastarle.
Un policía uniformado lo tomó por el hombro mientras
decía:
—Hey, idi-wa (coreano para "hey, ven aquí").
Por su lado izquierdo se le acercó otro policía, aunque no estaba uniformado. Traía
puesta una gabardina de cuello ancho y sombrero fuera de moda. Se
acercó lento y seguro. Le dijo:
—Monsier, ada-na kobishin angum bi-te. (señor, se requiere que me
acompañe).
Deckard sintió sus músculos tensándose
en forma instantánea. ¿Un poli y alguien hablando en
jeringoza callejera? Mal augurio, sin duda. Le hizo señas al
anciano del sushi para que se acercara, señalándole al
tipo de la gabardina. El anciano del sushi le dijo:
—El dice que Ud. bajo arresto, Sr. Deckard.
Respondió, sin dirigirse a alguien en particular:
—Atrapaste al chavo equivocado, camarada.
El
tipo de la gabardina lo miró fijamente y le dijo:
—Lo-faast! Nehod[y] maar! Te vad[y] a Blade... Blade Runner!
( ¡Verga de caballo!, eso dices tu, pero eres el Blade... ¡Blade
Runner!).
El anciano del sushi lo miró con un
poco de sorpresa mientras le decía:
—El
dice que Ud. Brade Runna.
—Dile que estoy
comiendo.
—Captain Bryant toka. Meni-o mae-yo.
(El capitán Bryant lo ordenó. Me dijo que lo trajera.)
—Bryant ¿ah?
—¡Hai!
Deckard pensaba que si la orden venía
directamente de Bryant es que algo gordo había pasado: lo
había buscado a él, a pesar de que había
renunciado al escuadrón de Blade Runners hacía tiempo
ya. Y lo había buscado con otro detective (posiblemente otro
Blade Runner), a pesar de que hubiera podido pedírselo a
cualquier otro uniformado. Se levantó de su asiento en la
barra de sushi y los siguió, llevándose su envase de
fideos.
El uniformado se alejó para seguir patrullando
las calles. Deckard y el de la gabardina caminaron bajo la lluvia
hasta llegar a un spinner policiaco. Deckard ya estaba convencido que
el de la gabardina era un Blade Runner, cojeaba un poco al caminar y
actuaba bajo las ordenes de Bryant. Posiblemente un novato en el
escuadrón, puesto que los Blade Runners no hacían
arrestos y generalmente no hacían de chofer. En la calle se
podían oír motores de combustión interna,
prohibidos desde 2010; sin embargo, no todos tenían dinero
para un nuevo auto, una conversión o siquiera una adaptación.
Cuando subieron al spinner, Deckard pudo
comprobar que el de la gabardina, si es que era Blade Runner, era un
primerizo: se quitó el sombrero y se puso un gorro oficial de
piloto de spinners; un buen Blade Runner siempre debería
parecer Blade Runner; el hecho de que el primerizo se rebajara a
pilotar un spinner quería decir que acaba de ser ascendido,
posiblemente antes era un patrullero.
Se acomodó en su asiento de copiloto mientras veía al piloto encender
todos los controles y pantallas de las computadoras de mando. La
radio cobró vida diciendo "AMARILLO TRES, SUBA Y MANTENGA
CUATROCIENTOS...", en la pantalla principal del spinner se podía
ver la frase ENVIRON Ctr (Environment Control —Control de Medio
Ambiente) y diversas cifras que bajaban por lo pantalla siendo
sustituidas por líneas mientras el motor principal se
calentaba lo suficiente para iniciar el proceso de oxidación
de hidrógeno. Cuando las cifras danzantes llegaron hasta el
fondo de la pantalla, ésta se volvió roja y empezó
a parpadear un mensaje en mayúsculas: PURGE (purga) indicando
que todos los motores estaban sincronizados y a temperatura adecuada
para la mantener una combustión continua.
"...APROXIME AL ÁREA SEIS..." Los motores empezaron
a funcionar en medio de un fuerte zumbido y el vehículo se
elevó lanzando chorros de vapor de agua químicamente
pura.
El vehículo empezó su movimiento
vertical de ascensión; se veía en la pantalla un
esquema animado de las fases de ignición de los motores.
Ascendieron verticalmente siguiendo una trayectoria espiral. Subieron
hasta los 120 metros, librando los edificios altos existentes, el
techo del tráfico normal (30 metros) y las rutas del
patrullaje rutinario (30 — 70 metros). Deckard se asomó
por la ventanilla para contemplar la ciudad oscura y triste, las
ventanas laterales, al igual que el parabrisas, estaban empapadas por
la llovizna y la humedad que reinaba en la superficie; en el exterior
se podían ver los millones de luces provenientes de los
interiores de las múltiples edificaciones angelinas; el
parpadeo de las luces guía a la navegación iluminaban
intermitentemente el interior del spinner mientras las mega pantallas
de video iluminaban las fachadas de los edificios con sus miles de
colores animados que anunciaban algún producto. No tenía
esta perspectiva desde que dejó la policía, hacía
ya tanto tiempo. Regreso su atención a los fideos y al
recipiente convexo que los contenía; después de todo,
él los había pagado y lo menos que podía hacer
era comérselos.
En contra flujo pasaron velozmente un par
de spinners deportivos; seguramente eran juniors tratando de desafiar
las alturas policíacas. Generalmente no causaban problemas,
todo buen policía ya sabía que había que
tratarlos como mascotas: si uno no les hacía caso, dejaban de
dar lata.
En la pantalla de pilotaje se mostraba la
ruta optimizada que seguirían las computadoras de abordo; en
la pantalla principal se desplegaban las instrucciones sugeridas para
la aproximación a la torre policial. por el parabrisas se
podía ver como se acercaban a la construcción
cilíndrica de 80 pisos con techo especialmente diseñado
como atracadero de vehículos oficiales: tres puertos de
estacionamiento acomodados en L cada cinco metros. Iniciaron la
espiral de descenso.
"... DESCENSO FINAL. ACERCANDOSE A RUTA DE APROXIMACION. EN CURSO. SOBRE UMBRAL DE ATERRIZAJE."
IV. Bryant.
Aterrizaron suavemente sobre el puerto
de entrada y entraron al edificio sede de la Central de policía
de la ciudad de Los Ángeles.
La computadora central del
edificio registró el acceso de los dos Blade Runners en cuanto
abordaron el ascensor que los llevaría al piso de control
central del escuadrón de Blade Runners.
El
ambiente en ese piso era sórdido y deprimente; había
una iluminación difusa que lo impregnaba todo. En la sala
principal había multitud de escritorios viejos donde los Blade
Runners hacían su papeleo rutinario.
"Nada
ha cambiado en los años que ya no he estado aquí"
—pensaba Deckard con una mezcla de nostalgia y decepción.
El tipo de la gabardina caminaba parsimoniosamente delante de él,
con la seguridad que le daba el saber a dónde se dirigía.
La oficina de Bryant estaba al fondo, señalada con letras rotuladas claramente en la puerta de entrada:
H. BRYANT
INSPECTOR
Deckard abrió la puerta con fastidio mediante
un portazo. Bryant lo saludó:
—Hola
Deck.
—Bryant —respondió Deckard,
mirando a su ex-jefe con nostalgia y satisfacción.
Bryant sabía los remordimientos y dudas
morales que habían hecho que Deckard renunciara a ser un Blade
Runner, además, había hecho que lo arrestaran para
traerlo, una manera poco amable de pedirle que se reunieran; así
que le dijo:
—No hubieras venido si te lo
hubiera pedido. Siéntate, camarada.
Pudo ver en el rostro de Deckard la duda de sentarse
o no. Deckard conocía la manera de proceder de Bryant: si le
daba la mano, le iba a agarrar el pie; si entraba a la oficina y se
sentaba, Bryant lo involucraría en alguna misión o algo
así. Bryant lo sabía, así que le dijo:
—Vamos Deckard, no seas cabrón. Tengo a cuatro
porta-pieles sueltos.
Deckard notó el gesto de preocupación
en la faz de Bryant y disfrutó de su mirada suplicante;
lentamente entró a la oficina y se sentó en la silla
que estaba al frente del escritorio de Bryant.
El tipo de la gabardina que lo había llevado al edificio de la
policía entró también y cerró la puerta
mientras él contemplaba a Bryant sacando una botella y unos
vasos de su escritorio. Al fondo se oía la radio policial
hablando sus galimatías ininteligibles.
Mientras Bryant ponía los vasos en el escritorio y los llenaba
del vino que había sacado del cajón, le empezó a
explicar la situación a Deckard:
—Secuestraron un trasbordador para colonias extraterrestres.
Mataron a la tripulación y a los pasajeros. Encontramos a la
nave trasbordador hace dos semanas, a la deriva cerca de la costa,
así que sabemos que andan por aquí.
Deckard fijó su mirada en Bryant. "Así
que ésa era la jugada, ¿verdad?". No podía
regresar al escuadrón; no sería un asesino otra vez;
pensó un poco en cómo librarse de la misión que
tenía Bryant. Le contestó mientras tomaba uno de los
vasos de la mesa:
—Vergonzoso.
—No, no es vergonzoso porque nadie se va a enterar que están
aquí porque tu los vas a encontrar y los vas a eliminar—
contestó Bryant, dejando en claro lo que quería que
hiciera.
—Yo ya no trabajo aquí —exclamó Deckard sabiendo que esa respuesta no sería
suficiente para parar a Bryant, así que agrego:
»Dáselo a Holden, es bueno.
—Lo hice. Todavía puede respirar bien si nadie lo desconecta.
El tipo de la gabardina tomó un pedazo de
papel del cenicero de la oficina. Deckard trató de poner un
gesto de disgusto para ver si su ex-jefe comprendía que no iba
a aceptar esa misión; si a Holden lo habían metido a un
hospital, él tendría muy pocas oportunidades de
sobrevivir. Al ver que sus esfuerzos eran inútiles, volvió
a fijar su mirada en Bryant que había cambiado su gesto de
preocupación por una semisonrisa de camaradería.
El capitán continuó con su labor de
convencimiento:
—No está a la altura.
No es tan bueno como tú. Te necesito Deck. Este es un
caso malo, el peor hasta ahora. Necesito al viejo Blade Runner.
Necesito tu magia.
—Ya había renunciado
cuando entré aquí, Bryant —contestó
Deckard inclinándose hacia adelante. —Ahora mi renuncia
es doble— dijo mientras se levantaba para salir de la oficina y
dejarle en claro a su ex-jefe que seguiría siendo su ex-jefe,
que no regresaría al escuadrón.
—¡Detente ahí mismo!— exclamó Bryant cuando vio que Deckard se ponía de pie.— Tu sabes como son las cosas. Si no eres policía, eres insignificante.
Se detuvo junto a la puerta de la oficina. Bryant
tenía razón: la policía tenía libertad
para circular por donde fuera, interceptar cualquier comunicación,
tener cosas prohibidas, incluso tenían permiso para matar, si
uno era Blade Runner. Si uno no era policía, la única
libertad que tienes es la de tener miedo.
El tipo de
la gabardina había hecho una figura de origami con el papel
que había tomado: una gallina que colocó cuidadosamente
en la mesita donde estaba el cenicero; quizá el
súper-ex-policía tuviera miedo de entrarle al toro y
regresar a ser un Blade Runner otra vez.
Deckard se
dio vuelta y caminó lentamente hacia el escritorio de Bryant.
—No tengo alternativa ¿ah?
—Sin alternativa, camarada.
—Ya me hicieron la prueba de CI este año,
no creo que alguna vez haya tomado esta...
—El
tiempo de reacción es un factor importante; por favor trate de
poner atención.
—Seguro.
—Uno-uno-ocho-siete en Hunterwasser.
La
pantalla en la sala de video mostraba la filmación de la
entrevista entre León y Holden. En la pantalla se mostraba la
identificación de la prueba VK: "V.K. 96/W/9-3H"
—Ese es el hotel.
—¿Cómo?
—Donde vivo.
—¿Es un buen lugar?
—Sí; seguro, creo...
Bryant miró a Deckard y empezó a
explicarle el caso:
—Escaparon de las colonias
extraterrestres hace dos semanas. Seis replicantes; tres varones,
tres mujeres. Asesinaron a veintitrés personas y secuestraron
el trasbordador. Una patrulla aérea encontró la nave
cerca de la costa. Sin tripulación ni rastro de ellos. Hace
tres noches intentaron entrar en la corporación Tyrell. Dos de
ellos acabaron fritos en un campo eléctrico. perdimos a los
demás.
»En el caso de que trataran de infiltrarse como empleados, envié a Holden a que aplicara
pruebas Voight-Kampff a todos los trabajadores nuevos; parece que descubrió uno.
—Mira hacia abajo y ve una caguama, León,
está reptando...
—¿Caguama?
¿Qué es eso?
—¿Sabe
lo que es una tortuga?
La imagen en la pantalla
cambió para presentar el rostro de León durante la
entrevista en un recuadro de su ficha de investigación. En el
fondo todavía se podía oír fragmentos de la
entrevista:
—por supuesto.
—Son lo mismo.
—Nunca he visto
una tortuga...
La información en su ficha
de identificación decía:
Replicante (M) Des: LEON
NEXUS
6
N6MAC41717
Fecha de incepción: 10 de
Abril, 2017
Func: Cargador/Combate (Fis. Nuc.)
Fís:
NIV. A
Ment: NIV. C
Deckard vio con atención la entrevista y
escuchó con atención la explicación de Bryant,
pero había algo que no encajaba; algo que no era lógico.
—No lo entiendo; ¿porque se arriesgan a
volver a la Tierra? Es inusual. ¿por qué... qué
es lo que quieren de la corporación Tyrell?
—Dímelo tú, camarada. Para eso estás aquí.
Bueno, ya no había marcha atrás. Bryant
esperaba que él se hiciera cargo del problema. Igual que
antes, Bryant ya era otra vez el jefe, y él estaba bajo su
mando.
La pantalla mostraba la imagen de otro
replicante. Se veía fuerte y duro, con facciones afiladas y
gesto agresivo; posiblemente otro modelo de combate.
—¿Qué es esto?— preguntó Deckard, ya
seguro que "eso" sería parte de la asignación.
—NEXUS SEIS. Roy Batty. Fecha de incepción
dos mil dieciséis. Modelo de combate. Autosuficiencia óptima.
probablemente el líder.
La pantalla mostraba los datos de su ficha de identificación:
Replicante (M) Des: BATTY (Roy)
NEXUS
6
N6MAA10816
Fecha de Incepción: 8 de
Enero, 2016
Func: Combate, programa de Defensa de las
Colonias.
Fís: NIV. A
Ment: NIV. A
La imagen cambió para mostrar la ficha de identificación de una replicante. Tenía una cierta belleza elegante, pero los datos que desplegaba la pantalla contaban otra cosa:
Replicante (F) Des: Zhora
NEXUS
6 N6FAB61216
Fecha de incepción:
12 de Junio, 2016
Func: Reentrenada (9 de Febrero 2018)
Homicidio polit.
Fís: NIV. A Ment:
NIV. B
—Esta es Zhora— dijo Bryant — fue entrenada para un escuadrón extraterrestre de asesinos. Hablando de la bella y la bestia; ella es ambos.
Hubo otro cambio de despliegue para mostrar los datos de identificación de otra replicante. Esta tenía una belleza más juvenil, más jovial. La ficha mostró el porqué:
Replicante (F) Des: Pris
NEXUS 6
N6FAB21416
Fecha de Incepción: 14 de Febrero,
2016
Func: Militar/Recreación
Fís:
NIV. A Ment. NIV. B
—La cuarta "porta-piel" es Pris
—continuó Bryant— un modelo básico de
placer. Es un artículo estándar en los clubes militares
en las colonias exteriores.
»Fueron diseñados
para copiar a los seres humanos en todos los aspectos excepto sus
emociones. Pero los diseñadores temían que
desarrollaran sus propias respuestas emocionales. Tú sabes,
odio, amor, miedo, enojo, envidia; así que les pusieron un
dispositivo contra fallas.
—Que es ¿qué?—preguntó Deckard a su vez.
—Un lapso de vida de cuatro años.
Bryant contempló el gesto de perplejidad e
incredulidad en el rostro de Deckard, después miró su
gesto complaciente que parecía desdeñar a los
porta-pieles como exclamando "ay, ay, ay, pobres chavos".
Era solamente un gesto artificial para presumir de duro. Deckard
siempre se portaba como un imbécil. Pero era eficaz y, en el
fondo, bastante comprensivo e inteligente. Para terminar su reunión,
le dijo:
—Hay un NEXUS SEIS en la corporación
Tyrell. Quiero que vayas y le apliques la máquina.
—¿Y si la máquina no funciona? —preguntó
Deckard.
Bryant no respondió, solamente se limitó
a mirarlo con preocupación: "¿cómo era
posible que pensara que la máquina fallara en detectar un
porta-piel?" Bueno, Deckard crecería algún día
y dejaría de portarse como un imbécil.
V. Raquel.
Al día siguiente, abordó un spinner oficial con rumbo a
la pirámide corporativa de Tyrell. El tipo de la gabardina
estuvo otra vez de chofer; al parecer sería su segundo en ésta
misión; bueno, si no estorbaba en las investigaciones sería
de mucha ayuda.
Hacía ya mucho tiempo que no
sobrevolaba la ciudad en un spinner, aunque la atmósfera
estaba tan contaminada que la vista parecía ser exactamente
igual a la de la noche anterior, cuando lo arrestaron para llevarlo a
la comisaría: toda la iluminación provenía de
los carteles luminosos y de los flashes que servían de guías
de navegación a los spinners; la luz natural proveniente del
Sol era difusa y rojiza.
Estaban escoltados por
otros ocho spinners oficiales; "a lo mejor porque acabamos de
despegar del cuartel", pensaba Deckard puesto que imaginar a
tantos spinners tan sólo para escoltarlos era un poco
ridículo; lo más seguro es que también acabaran
de despegar para iniciar su ronda diaria.
Las luces
de los spinners se difuminaban en la atmósfera tan densa
creando patrones extraños: a veces parecía que cada
spinner estaba volando dentro de su propia burbuja lumínica, a
veces parecía que las luces de colores de la torreta se
prolongaban durante kilómetros a lo largo de la trayectoria
del vehículo, formando así una danza de colores según
la secuencia de iluminación en la torreta.
El chofer parecía estar totalmente concentrado
en la conducción de la patrulla, así que Deckard empezó
a repasar mentalmente los detalles del caso tal como se los había
dicho Bryant:
"Había cuatro replicantes
sueltos, y por alguna razón trataban de entrar a la
corporación Tyrell. ¿por qué? Obviamente no era
para robar algo: todo ése sector se componía de
pirámides corporativas; solamente oficinas, no era muy
probable que guardaran algún valor real."
Ahora estaban sobre el sector industrial, donde
estaban la mayoría de las torres de las fábricas,
tendrían que elevarse para no tener que estar dando vueltas
como ratones en un laberinto. El tipo que lo había arrestado,
el que iba ser su segundo en la misión mostró su
pericia como ex-patrullero y tomó con maestría
una curva ascendente para evitar la primera torre industrial y ganar
altura al mismo tiempo. Deckard continuó sus reflexiones:
"Dos replicantes ya habían muerto tratando de irrumpir en
el edificio y ahora León Kowalski había entrado a la
corporación como empleado con un apellido que seguramente era
falso; ¿espionaje industrial?, era muy improbable: ya habían
llamado bastante la atención, habían asesinado
personas, a un Blade Runner, habían secuestrado un
trasbordador y lo peor: eran replicantes prohibidos en la Tierra, lo
más probable es que ya estuvieran sobre aviso que los estaban
cazando y supieran que los sitios que frecuentaban iban a estar bien
vigilados."
Entraron al sector corporativo. Todo lo que se podía
ver eran edificios piramidales de administración de
corporaciones multinacionales. La rojiza luz natural les daba el
aspecto de ser pirámides hechas de roca, antiguos santuarios
que ahora adoraban el poder económico. El spinner alcanzó
los 500 metros de altitud y sobrevoló las pirámides
construidas según diferentes estilos: algunas construidas con
un edificio gemelo, algunas eran complejos subpiramidáles con
miles de oficinas, unas más grandes, unas más chicas,
pero todas con el mismo propósito: generar y procesar las
ganancias. Deckard veía los destellos anaranjados y rojizos
provenientes de las pirámides y por un instante lamentó
el futuro que habían construido.
Tomaron la común
ruta espiral de descenso para aterrizar en el techo de la pirámide
corporativa Tyrell. El tipo de la gabardina se quedó en el
estacionamiento mientras Deckard era conducido al salón de
recepción del corporativo.
La sala principal de recepción tenía un
aspecto vagamente egipcio: con grandes columnas y ventanas
panorámicas. Un búho atravesó volando la sala;
Deckard lo miró con atención mientras a sus espaldas
entró la mujer: estudió con atención a Deckard
durante apenas un par de segundos antes de sorprenderlo con la
pregunta: 
—¿Le gusta nuestro búho?
Deckard la miró con sobresalto, era joven y muy bella, con un atuendo negro y formal,
pero que acentuaba su formas femeninas; era atractiva, demasiado
atractiva y generalmente eso era peligroso. Volteó a mirar al
búho y contestó con otra pregunta:
—¿Es artificial?
—por supuesto que lo es —contestó la mujer mientras se acercaba con
pasos estrictos y seguros, como si los tuviera estudiados.
—Debe ser caro —replicó Deckard.
—Mucho —contestó ella cuando terminó su
corta caminata. Sin darle tiempo a que Deckard dijera otra cosa, ella
se presentó:
—Soy Raquel.
Deckard dedicó una fracción de segundo a admirarla
totalmente, después tendría que olvidarse de ella.
Después de todo, Raquel era parte de la corporación
Tyrell, y formaba parte del caso. Se presentó a sí
mismo:
—Deckard.
Raquel
también llenó su mirada con la imagen de Deckard
durante un segundo antes de desviar su atención y decirle a
Deckard:
—Parece que Ud. piensa que nuestro trabajo no es en beneficio del público.
—Los replicantes son como cualquier otra máquina; pueden ser
benéficos o peligrosos. Si son benéficos no es mi
problema —contestó Deckard casi de inmediato.
—¿puedo hacerle una pregunta personal? —Raquel
pareció cambiar de tema, así que Deckard replicó
un "Seguro" mientras se acercaba a la mesa y se sentaba.
Raquel esperó pacientemente a que se sentara
mientras formulaba la pregunta mirándolo fijamente:
»¿Alguna vez ha retirado a algún humano por
error?
Deckard desvió la mirada con fastidio
y dijo un enfático "NO" exagerando los gestos en su
cara.
Raquel no se amilanó e insistió
en el tema:
»Pero en su posición ese es siempre un riesgo.
El diálogo con Raquel se vio interrumpido por
una voz masculina que interrogaba: "¿Esta va a ser una
prueba de empatía?"
Tanto Raquel como Deckard
voltearon hacia el lugar donde provenía la voz.
Un hombrecito enjuto e insignificante se acercó a la mesa. Su
andar era solemne e inseguro. Volvió a preguntar:
—¿Dilatación capilar de la llamada respuesta de
sonrojamiento? ¿Fluctuación de la pupila? ¿Dilatación
involuntaria del iris?
Deckard lanzó una
breve mirada interrogatoria a Raquel y se levantó de su
asiento para recibir al hombrecito que llegaba a la mesa con su
caminar rígido, de pingüino. Le contestó:
—Le llamamos Voight-Kampff para abreviar.
De
cerca el hombrecito parecía tan raro y rígido como su
andar. Era delgado y usaba anteojos bifocales de tecnología
obsoleta y tan gruesos que parecían lentes para trabajo
biotecnológico; sin embargo, su imagen en general y su mirar
en especial eran penetrantes, tenían un aura particularmente
intelectuales. Ante la respuesta de Deckard inclinó la cabeza,
como si agradeciera la respuesta, sin dejar de sonreír.
Raquel se apresuró a hacer las presentaciones:
—Sr. Deckard, el Dr. Eldon Tyrell.
Como
respuesta, Deckard inclinó levemente la cabeza, sin dejar de
ver fijamente al extraño hombrecillo. Este replicó:
—Demuéstremela.
El Dr. Tyrell se acercó
a la mesa, tomando el lugar que tenía Raquel y continuó:
—Quiero verla.
—¿Dónde
está el sujeto? —preguntó Deckard.
—Quiero verla trabajar con una persona. Quiero ver una reacción
negativa antes de proporcionar una positiva —contestó
Tyrell.
—¿Qué va a probar con
eso?
"Complázcame" fue todo lo que
dijo Tyrell.
Deckard estaba confundido, pero decidió
seguirle el juego a Tyrell; después de todo, parecía
inocuo. pregunto:
—¿En usted?
—pruebe con ella —contestó Tyrell. Raquel dedicó
una mirada a Deckard y le regaló una enigmática
sonrisa.
Deckard no era de los que se dejan
mangonear, él sabía a lo que había ido a la
pirámide y ciertamente no había ido a que le dijeran
que hacer, así que si iba a hacer la prueba, iba a ser con sus
condiciones: "Esta muy brillante aquí".
Mientras Raquel y Deckard se acercaban a la mesa para
sentarse y empezar la prueba, Tyrell se acercó al extremo de
la mesa donde estaban los controles de la sala, pulsó uno de
ellos y la ventana principal pasó de transparente a oscuro
impidiendo la entrada de la luz del sol de la mañana.
Deckard desempacó el equipo Voight-Kampff de su maletín,
lo encendió y empezó el proceso de ajuste de la prueba;
estaba extendiendo el objetivo pupilar cuando una pregunta de Raquel
rompió su atención ¿Le importa que fume?
—No afectará la prueba. —Contestó Deckard a
manera de respuesta. De cualquier manera tenía que empezar con
las preguntas neutras que servían de ajuste para el monitor
pupilar, así que dijo:
—Le voy a hacer
una serie de preguntas. Relájese y conteste tan sencillamente
como pueda. —Encendió el monitor pupilar y empezó
el ajuste. En la pantalla se mostraban unos ojos verdes típicamente
femeninos, una imagen totalmente normal: relajada y sin saltos de
pupila, que mostraría nerviosismo. La máquina ajustó
las luces de alarma automáticamente.
—Es
su cumpleaños. Alguien le regala una cartera de piel de
becerro.
La respuesta de Raquel fue casi inmediata:
—No la aceptaría. Denunciaría a
la persona que me la regaló a la policía.
Ni las luces del monitor ni el fuelle respiratorio mostraron
variaciones; así que Deckard continuó con la VK.
—Tiene un hijo pequeño que le muestra su colección
de mariposas además del frasco donde las guarda.
Esta vez la respuesta de Raquel demoró un poco más.
Ella trató de disimular este retraso dándole una larga
chupada a su cigarro, pero Deckard ya tenía años de
experiencia: observó detenidamente las reacciones de su
entrevistada.
—Lo llevaría al doctor
—fue la respuesta.
Los leds del monitor
pupilar variaron pero en forma normal. El Blade Runner tomó
nota.
—Está viendo televisión,
repentinamente se da cuenta que hay una avispa en su brazo...
—La mataría —respondió Raquel
inmediatamente. "Una reacción totalmente humana",
pensó Deckard, pero los leds del monitor mostraron una
respuesta negativa; como si hubiera respondido un robot, como si la
respuesta estuviera preprogramada. La miró con atención,
no estaba seguro de qué es lo que significaba esa respuesta.
—Está leyendo una revista, de repente
se encuentra con una foto de página completa de una mujer
desnuda...
—¿Esta prueba es para
comprobar si soy una replicante o lesbiana, Sr. Deckard?
—Por favor, sólo conteste la pregunta.
A las espaldas de Raquel, Tyrell sonrió, divertido por la
interrupción tan ocurrente.
—Se la muestra a su esposo. Le gusta tanto que la cuelga en la pared de su
dormitorio.
—No se lo permitiría.
—¿Por qué no?
—Yo debería
bastarle.
Reacciones muy humanas pero.... Deckard
seguía confundido, por lo que continuó con el
interrogatorio.
—Una pregunta más...
~~~ o ~~~
—Está viendo una obra de teatro. Hay un
banquete en progreso; los invitados están disfrutando un
aperitivo de ostras crudas. El plato fuerte es perro hervido.
Raquel no contestó esta última pregunta. Sus
reacciones, los indicadores VK y la experiencia de Deckard eran más
que suficientes para llegar a una conclusión.
El Blade Runner simplemente hizo un gesto indescifrable mientras
Raquel lo miraba fijamente.
—¿Podría
salir unos momentos, Raquel? —le pidió Tyrell.
Raquel se levantó de su asiento y salió de la sala con
su andar elegante y femenino.
"Gracias.",
se le oyó decir a Tyrell.
—Es una replicante ¿verdad?
—Estoy impresionado. ¿Cuántas preguntas necesita
generalmente para detectarlos?
—No entiendo
Tyrell...
—¿Cuántas preguntas?
—Veinte o treinta de referencia cruzada.
—A Raquel le hizo más de cien.
—¿Ella
no lo sabe?
—Creo que empieza a sospecharlo.
—¿Sospecharlo?¿Cómo puede
no saber lo que es?
—El comercio es nuestra
meta aquí en Tyrell. Nuestro lema es "Más humanos
que los humanos". Raquel es un experimento y nada más.
Hemos descubierto en ellos extrañas obsesiones: después
de todo son inexpertos emocionalmente, con sólo unos cuantos
años para almacenar las experiencias que usted y yo damos por
supuestas. Si les "regalamos" un pasado, creamos un
amortiguador para sus emociones y los podemos controlar mejor.
—Recuerdos. Ud. está hablando de recuerdos.
Siempre había algo por lo que asombrarse, pensó
Deckard.
La iluminación de las pirámides
corporativas servían de fondo al spinner oficial en camino al
cuartel central, Deckard escuchaba la cinta de la prueba a León:
—El tiempo de reacción es un factor
importante; por favor trate de poner atención. Responda tan
rápidamente como pueda.
—Seguro.
—Uno-uno-ocho-siete en Hunterwasser.
—Ese es el hotel.
—¿Cómo?
—Donde
vivo.
—¿Es un buen lugar?
—Sí; seguro, creo— ¿es
parte de la prueba?
—No.
Mientras el vehículo daba una vuelta cerrada junto a un
video-mural panorámico de Coca-Cola, Deckard se dio cuenta que
acababa de oír la dirección donde tendría que
seguir la investigación.
VI. Hotel.
En la superficie no brillaba el Sol. Tan sólo había
lluvia pertinaz y molesta; al parecer todo lo que existía en
la ciudad, eso y el calor hediondo de la alcantarilla que estaba
junto a la columna. La dirección que había dado León,
uno—uno—ocho—siete en Hunterwasser correspondía
al hotel Yukon, un hotelucho que se había establecido en una
construcción antigua, como había dicho León, no
era elegante ni nada.
Deckard estaba acompañado por el
chofer que se creía Blade Runner, "bueno, si se mantiene
callado y presta atención, podría aprender bastante",
pensaba mientras corría hacia la entrada del hotel; el de la
gabardina caminaba con ayuda de un bastón. "gajes del
oficio, supongo".
El encargado era un gordo con sombrero y traje pasado de moda,
usaba una mascarilla para respiración, los condujo al cuarto
que había rentado León.
El de la gabardina esperó
a que Deckard entrara primero, pero éste no se movió,
así que entró, aunque se quedó parado junto a la
puerta; Deckard entró al cuarto que estaba a la izquierda, más
para alejarse del otro Blade Runner que para investigar; de todos
modos el de la gabardina había encontrado un pedazo de cerillo
y estaba concentrado en él.
El cuarto a donde entró
era el baño. "Bastante interesante" pensaba debido a
que podría haber muchas pistas. La luz neón de
encendido automático del baño no respondía bien,
así que Deckard la golpeó un poco con los dedos. El
tubo de neón encendió, aunque el lugar seguía un
poco oscuro. Deckard tuvo que encender su lámpara para poder
inspeccionar: parecía un baño normal, percudido y
húmedo... parecía que habían usado la bañera
recientemente, todavía estaba un poco mojada; cerca del centro
de la bañera había una sustancia extraña: mojada
y viscosa aunque una inspección más cercana mostraba
que podrían ser líquenes o simple mugre.
"¿?"; Deckard se
sorprendió un poco cuando encontró una escama junto a
la sustancia negra, una pista realmente confusa, "lo único
seguro es que los replicantes no tienen escamas" reflexionó
Deckard mientras guardaba la escama en una bolsita para evidencias y
salía al cuarto principal.
El de la gabardina se había
mantenido en silencio porque estaba entretenido haciendo una figurita
con el cerillo que se encontró por ahí. La figurilla
era de un hombre con una erección. "Bueno, sí.
Creo que ya se dio cuenta que estoy aquí por Raquel, de
cualquier modo, a este tipo no le importa" pensaba Deckard,
asombrado por la astucia del otro.
La calle estaba empapada, pero había cesado la llovizna diaria; las patrullas terrestres estaban haciendo su ronda diaria "y mientras no vean algo extraño no van a hacer nada" pensaba León mientras caminaba hacia el cuarto del hotel mientras caminaba tras el paso de una. Aflojó un poco el paso contemplando el spinner policial que estaba estacionado a unos metros de distancia; se detuvo bajo las marquesinas de neón y se alejó del hotel cuando vio sombras a través de la ventana de su cuarto.
Deckard rebuscaba en los cajones de la cómoda en el cuarto
principal. El primer cajón estaba totalmente vacío,
pero el segundo estaba lleno de ropa, y bajo uno de los doblados
había muchas fotografías. Algunas parecían
antiguas, totalmente digitales, antes de la información
holográfica en 2D y algunas parecían más
recientes..., una en especial parecía estar tomada en ese
cuarto, desde el cuarto principal. Si se había tomado con una
cámara reciente, tendría una resolución altísima
del cuarto de hotel, aunque la foto fuera una simple superficie 2D,
tenía la ventaja de tener fotografiado una especie de adorno
reflejante. Pero para decodificar toda la información
contenida en la foto, necesitaría ayuda del sistema ESPER de
la policía.
VII. Roy.
En medio del vapor producido por el escaso circular de los carros a
esa hora y el ruido permanente de los sistemas de ventilación
de los edificios, el replicante esperaba dentro de una cabina
telefónica. Imaginó sentir en su mano el leve
adormecimiento que produce la cercanía de la muerte; la
entrecerró y comprobó con satisfacción que
todavía le respondía: "tiempo..., suficiente",
murmuró para sí; todavía tenía la
suficiente fuerza e inteligencia para ser superior a los otros. Aún
superior a los debiluchos humanos, aún superior a su
"creador".
Roy Batty todavía sonreía
de satisfacción cuando oyó los toquidos en la puerta de
la cabina. Volteó y vio a León fuera de la cabina,
aguardando como el soldado fiel que era. Salió y se acercó
pausadamente, lo encaró y lo miró directo a los ojos.
Aunque León era más alto y fornido, no pudo sostener la
gélida mirada de Roy mientras le preguntaba:
—¿Recuperaste tus preciosas fotos?
León le devolvió la mirada
brevemente y negó con la cabeza. Agregó:
—Alguien estaba ahí.
—¿Hombres?
León desvió
su mirada para no verlo a la cara y afirmó con la cabeza.
—¿Policías? —Roy no había
desviado la mirada ni un instante.
León se concretó a sostenerle la mirada con gesto de furia e impotencia. Roy no
necesitaba una confirmación verbal. Se dio vuelta y se
encaminó al local de diseño genético de Hannibal
Chew. León le siguió automáticamente. Hasta él
comprendía que ahora habría que darse prisa. La policía
ya estaba sobre su pista.
El local de Chew estaba apenas a unos metros de distancia; este
sector pertenecía a los inmigrantes chinos y no estaba abierto
a la circulación terrestre: la calle estaba llena de fogatas y
estelas con refranes en ideogramas chinos; la única
circulación que había era de ciclistas y los
omnipresentes spinners policiales en su patrullaje aéreo.
En
su taller totalmente refrigerado y lleno de fluidos criogénicos,
Hannibal Chew estaba absorto trabajando en el desarrollo de ojos,
como siempre lo hacía.
— 水氤! 娥娡欥! (¡Que hermoso!)
» 氳氣! 娥娡欥! (¡Muy hermoso!)
Roy y León entraron sin dificultades en el taller de Chew. Aunque la temperatura rondaba los
20 grados centígrados bajo cero, ellos apenas iban abrigados
con unos abrigos diseñados contra la lluvia del exterior. Chew
portaba un amplio abrigo de pieles artificiales con tubería
incorporada para mantener una temperatura agradable al cuerpo humano.
— 氲氡娤! 㲰䲱! (¡parecen joyas!)
León tomó la tubería flexible conectada al abrigo mientras Chew seguía
absorto en su trabajo y la jaló violentamente. Chew trató
de voltear para ver a sus agresores pero la amplitud de su abrigo le
impidió moverse con libertad y tardó un par de segundos
en encarar a los invasores.
— 氉! 崂崃崄崅! (¡Hey, qué se creen!)
» 水氤! 崐崇! (¡¿Qué hacen?!)
» 氉 䰉... (Hey, Wong...) Chew trató de comunicarse a través
del micrófono incorporado al abrigo cuando se dio cuenta que
la comunicación ya estaba interrumpida.
"En llamas los ángeles cayeron.
Grandes truenos resonaban en las costas
ardiendo con las llamas de Orc"
Roy había logrado su propósito al recitar estas
palabras. Chew estaba callado, mezcla de sorpresa y confusión;
pero pudo replicar:
— 氐民氒氓! 済渑渒! ¡Ustedes no entrar aquí! ¡Ilegal!
León estaba husmeando entre las cosas del taller y se había
acercado a un frasco con nitrógeno líquido. Cuando Chew
se dio cuenta le gritó una advertencia:
—Hey! Hey! 䨁! ¡Frío! ¡Esos son mis ojos! ¡Congelado!
Si ése metía la mano en uno de los frascos criogénicos,
se le cristalizaría instantáneamente y..., pudo ver
como León metía toda su mano directamente dentro de un
frasco de nitrógeno líquido y la retiraba sin que ésta
tuviera el menor daño. Chew se quedó parado, totalmente
paralizado por el pánico. Era obvio que ese par de tipos no
eran humanos normales; recordó lo que un primo le había
comentado alguna vez: "los replicantes son asesinos natos".
Encaró al tipo rubio sin saber qué esperar. Fuera lo
que fueran a hacer sería algo malo. Seguro.
Roy sonrió paternalmente al ver la reacción del
oriental. Ya había comprendido que ellos no eran "cualquiera",
ahora estaba seguro de tener su atención. Simplemente le dijo:
—Sí. preguntas.
León ya se le había acercado por atrás, de un solo tirón le rompió
el abrigo y se lo bajó hasta las piernas. Chew gritó
algunas maldiciones en chino; sabía que no podría
sobrevivir en el frío del taller sin la protección
térmica del abrigo.
Roy había dejado de sonreir pero mantuvo su mirada fija en el laboratorista. Cuando Chew lo miró
otra vez, le dijo, a modo de pregunta:
—Morfología, longevidad. Fechas de incepción.
—Yo no sé esas cosas. Yo sólo hago ojos. Diseño genético.
Sólo ojos.
Chew lo miró más detenidamente y
le dijo:
—¿Tu NEXUS ha? Yo diseñé tus ojos.
—Chew, si solamente pudieras ver lo que yo he visto con tus ojos. —Roy volvió a endurecer su gesto—
Ahora, preguntas.
—Yo no sé respuestas.
—¿Quién las sabe?
—Tyrell. Él sabe todo.
—¿Corporación Tyrell? —Roy desvió la mirada buscando a León; él
también volteó momentáneamente.
—Él gran jefe. Un genio. El diseñó tu mente. Tu cerebro.
—Listo. —Roy mostró una sonrisa burlona.
—Yo frío.
—No debe ser un hombre fácil de ver...—volteó y se sentó pausadamente.
—Yo frío.
—...supongo. —Fijó una mirada inquisitiva en Chew y la dedicó un gesto entre burlón y
paternalista.
León estaba jugando con uno de los ojos en
el taller y se lo puso al laboratorista en los hombros. Chew contestó
tartamudeando por el frío:
—S—S—Sebastián. Él llevarlo ahí.
—¿Sebastián qué?
—J—J.F. S—Sebastián.
—Ahora... ¿Dónde podemos encontrar al tal J.F. Sebastián? —El gesto de satisfacción no se borraba del rostro de
Roy.
VIII. Memorias del verde.
—¿Continuamos?
»Describa en palabras sencillas solamente aquellas cosas
buenas que recuerde acerca de su madre.
—¿Mi
madre?
—Sí.
—Le contaré acerca de mi madre.
El sonido del
disparo seguía resonando dentro del automóvil mientras
pasaba por el túnel. Deckard trataba de analizar los sucesos
durante el viaje a su departamento, pero al llegar al viejo edificio
bajo la lluvia perenne, todavía no podía pensar en
alguna pista en claro.
Las puertas del elevador automatizado se
abrieron cuando detectaron la presencia del Blade Runner; el elevador
preguntó con una voz femenina:
—Identificación
vocal. Su número de piso, por favor.
—Deckard,
noventa y siete. —Contestó Deckard mientras oprimía
uno de los botones del teclado de control del aparato.
—Noventa
y siete. Gracias. —Fue toda la respuesta del elevador.
Mientras el elevador ascendía al departamento, Deckard se
permitió un perezoso bostezo. Los años que había
pasado viviendo en aquella pocilga combinados con su experiencia de
detective le habían otorgado una sensibilidad lobuna: cuando
se abrieron las puertas del elevador, él ya sabía que
había algo fuera de lugar en el elevador; si se lo hubieran
preguntado no hubiera podido explicarlo, instinto de asesino, quizá;
la verdad es que no se había equivocado al suponer que alguien
había usado recientemente el ascensor. Sus reflejos todavía
le habían respondido con velocidad suficiente para sacar su
arma y con la rapidez suficiente para evitar que disparara al ver su
blanco.
Todavía estaba completamente maquillada y con el
peinado tan complicado que estaba tan de moda y que había
lucido durante la prueba VK en el edificio de Tyrell. Su rostro
mostraba un gesto sereno y relajado sin mostrar señas de
sorpresa o aprensión por el arma desenfundada de Deckard.
—Quería verlo. —Raquel vio como Deckard
trataba de caminar serenamente hacia la puerta de su departamento y
guardaba su arma. Todo lo hizo mecánicamente, como un robot.
Se acercó a él caminando.
»Así que
esperé.
Deckard tiró su tarjeta de acceso al
departamento. "Alterado", pensó Raquel.
»Déjeme
ayudar.
—¿para qué necesito ayuda?
—No
sé por qué le dijo eso.
Deckard introdujo la
tarjeta de acceso en la ranura de la puerta y la abrió. Encaró
a Raquel:
—Hable con él.
—Se niega a
recibirme.
Deckard le cerró la puerta en la cara pero
volvió a abrirla un par de segundos después. El
problema de Raquel no se iría simplemente cerrándole le
puerta y, después de todo, Tyrell ya era un callejón
sin salida; además, él ..., que diablos, alguien se lo
tendría que decir después de todo, así que
suspiró y le dio la espalda a Raquel mientras entraba a su
departamento. Raquel le siguió sin esperar otra invitación.
—¿Quiere un trago?
Aunque Raquel lo miraba
fijamente, Deckard nunca le dirigió la mirada.
—Ud.
piensa que soy una replicante ¿verdad?
Deckard se sirvió
un trago y la miró mientras atravesaba el cuarto a grandes
zancadas. El gesto en su rostro era adusto y duro.
»Mire.
Soy yo con mi mamá —dijo Raquel mientras le ofrecía
una fotografía.
—¿Sí? —contestó
Deckard sin voltearla a ver; quitó un plato sucio y una cobija
que estaba sobre un sillón, pero al fin tuvo que encarar a
Raquel. "Alguien se lo tenía que decir de todos modos";
tomó un par de segundos para recopilar valor, pero al fin
empezó:
—¿Recuerda cuando tenía seis
años? Usted y su hermano entraron a un edificio vacío a
través de una ventana del sótano; iban a jugar al
doctor. El le enseño lo suyo, y cuando le tocó su turno
usted se asustó y huyo corriendo. ¿Recuerda eso?
Raquel le miraba anonadada.
»¿Le contó
eso a alguien? ¿A su madre? ¿A Tyrell, a alguien?
»¿Recuerda la araña que vivía afuera
de su ventana? ¿Cuerpo anaranjado, patas verdes? ¿La
vio construir su telaraña todo el verano? Entonces, un día
hay un gran huevo en ella.
»El huevo se abrió...
Raquel se acercó con estupefacción y curiosidad y
continuó:
—El huevo se abrió... y salieron
cien arañitas.
»Y se la comieron.
Deckard no
sabía que contestar. Balbuceo unos segundos, pero al fin se
oyó decir:
—Implantes.
»No son sus
recuerdos, son de alguien más. De la sobrina de Tyrell.
El
rostro de Raquel seguía relajado, pero su gesto ya no era de
serenidad ni de asombro ni de sorpresa. Deckard había liberado
un demonio terrible que llenó sus ojos de lágrimas y su
mente de confusión y desamparo. Intentaba comprender la
realidad, pero todo el mundo se había vuelto borroso. Saber
que no eres tú, que nada es tuyo, ni tu mente, ni tu cuerpo,
ni tus recuerdos. Toda ella había sido fabricada por unos
amables ingenieros genéticos a los que ni siquiera conoció.
Ya ni siquiera podría decir que era humana, ni sentirse mujer,
ni siquiera creer que la realidad era real.
Deckard no necesito oír alguna
queja o grito o cualquier cosa que dijera Raquel para saber que
acababa de destrozar a la mujer; veía sus esfuerzos estoicos
por resistir el llanto, por tratar de fijar otro horizonte, por
tratar de pensar que era una mala jugada.
—Esta bien. Mala
broma. Hice una mala broma, Ud. no es una replicante. Váyase a
su casa ¿sí? —dijo, tardíamente arrepentido.
Pero Raquel seguía de pie, con la inmovilidad que da la
confusión y la tristeza, con lágrimas quemándole
los ojos y un nudo en la garganta que la había dejado sin voz.
»No, en verdad lo siento. Váyase a casa. —la
lágrima que ahora escurría a lo largo de la mejilla
perfectamente maquillada de Raquel fue su única respuesta.
Con el arrepentimiento atormentándole el alma y sin saber
qué decir, Deckard se levantó de un salto del sillón
donde estaba y dijo:
»¿Quiere un trago?... Le voy a
servir un trago. Voy por un vaso.
Raquel solamente le siguió
con la mirada empañada y las mejillas llenas de lágrimas.
Mientras enjuagaba un vaso en la cocina, Deckard pudo ver como
Raquel contemplaba aquella foto con su "mamá" que
hasta ese momento había formado parte de su vida, su
familia..., de sus recuerdos; aventó la fotografía con
furia y decepción y salió apresuradamente del
departamento sin dirigirle la palabra a Deckard.
El siguió
la silueta recortada por la luz mientras salía. Había
terminado de lavar la copa y salió lentamente de la cocina sin
poder dirigir sus pasos. Quitarle la humanidad a alguien..., robarle
la vida..., todo lo que tiene, tuvo o tendrá; hubiera sido más
fácil darle un balazo, por lo menos como Blade Runner sabía
lo que era eso, tan diferente a lo que sentía, sobre todo
tratándose de Raquel.
Tomó la foto que había
arrojado Raquel y la miró con curiosidad. Era una foto común
y corriente; y sí: tanto la niña como la mujer se
parecía lo suficiente a Raquel, lo suficiente para pensar que
era Raquel de niña..., si es que hubiera sido niña.
Examinó la foto por el anverso; había una dedicatoria;
posiblemente hasta con fecha.
Fotos..., recuerdos..., familia...,
quizá todos los replicantes añoraban eso, quizá
igual que Raquel, a todos les resultaba doloroso saber que no eran
humanos. Tomó un largo sorbo de su bebida mientras buscaba las
fotografías que había encontrado en el departamento de
León. La primera vez que las examinó trató de
encontrarles un sentido, un significado; pero ahora tenía una
nueva perspectiva, quizá ellos obtuvieran significado por el
simple hecho de tener fotos o estar en ellas, no necesitaban que las
imágenes explicaran o representaran algo; quizá para
ellos tuvieran un sentido de pertenencia, de existencia. Miró
las fotografías sin examinarlas realmente. Quizá las
fotos se habían tomado en diferentes épocas en
diferentes lugares; aunque ninguno de los replicantes que buscaba
estaban en las fotos, quizá habría información
codificada que pudiera ser útil.
Dejó las fotos a
un lado y se dirigió al balcón de su departamento. Miró
hacia abajo y vio la oscura calle con sus calles solitarias y
tristes. "Añoranzas"..."¿para que
querrían buscar lo humano?¿porqué necesitaban
tan desesperadamente aferrarse a algo?¿Qué buscaban
aquí?" Vio un spinner policial haciendo su rondín
diario, a baja altura, oyó el ulular policial de alguna
urgencia. Durante toda su vida había estado sujeto a una
presencia policial omnipresente y severa.
Se preguntó si
siempre había sido así.
IX. Pris.
Su aspecto era extraño, desaliñado y especialmente
atractivo; sobre todo su andar felino entre las estructuras y luces
peatonales en la calle; miró los edificios de aspecto triste y
embadurnados por las luces de neón («la Tierra ¿ha?»),
giró su mirada hacia arriba y contempló uno de aquellos
horribles dirigibles-anuncio de los que le habían
platicado y que mostraban palabras que todos deseaban:
"EXTRATERRESTRES"..., "MÁS ESPACIO"....,
"VIVA LIMPIO".
«Humanos después de todo» pensaba la replicante..
Llegó al sitio que Roy le había dado como referencia: "Edificio
Bradbury", tiró el cigarro que estaba fumando y se acostó
junto a unos botes de basura. Utilizó un montón de
basura tirada para utilizarla como cobija y esperó a que
llegara J.F. Sebastián.
La llegada de la camioneta en medio del repentino aguacero ocurrió sin sobresaltos,
rutinariamente, como siempre. Rutinaria también fue la salida
del hombrecito de las entrañas del vehículo; era
pequeño, delgado e insignificante, tal como Roy lo había
descrito.
En camino a la entrada del edificio, el hombrecito tiró
las llaves que todavía eran de aleación metálica,
como las del siglo pasado; cuando se agacho a recogerlas vio con
sorpresa un asustado rostro femenino entre los montones de basura
apilados. La mujer se incorporó de un salto y huyó,
tirando al suelo a J.F. En su loca carrera, la mujer chocó
contra el vehículo recién estacionado, rompiéndole
un vidrio; J.F. le gritó, incorporándose lentamente:
—Olvidó su bolso.
La mujer detuvo su huida y se acercó lentamente. Le arrebató la bolsa de las manos y
dijo:
—Estoy perdida.
—No te preocupes. No te haré daño. ¿Cómo te llamas?
—Pris.
—El mio es J.F. Sebastián.
Pris solamente respondió con un tímido "hola". El contestó
con un "hola" también bastante tímido; como
si se hubiera acordado de repente, J.F. le volvió a preguntar:
—¿Adónde vas?
Pris se encogió de hombros.
»¿A casa?
—No tengo —respondió Pris, volviéndose a encoger de hombros.
J.F. Sebastián la miró con sorpresa y después sonrió con
timidez. Viendo que ya se estaba volteando para meterse a su
departamento, Pris exclamó de repente:
»Vaya susto que nos metimos ¿no?
—Ya lo creo.
—Estoy hambrienta, J.F.
—Tengo comida dentro. ¿Quieres pasar?
—Estaba esperando la invitación.
El edificio parecía viejo cuando se le veía su
fachada, pero al entrar en él parecía en ruinas. La
única iluminación provenía de los reflectores de
un dirigible-anuncio que en ese momento anunciaba cigarrillos a
través de una letanía en japonés; había
montones de desechos, maniquíes abandonados y agua encharcada
por doquier.
Pris siguió a J.F. Sebastián hasta el
pequeño elevador del edificio.
—¿Vives solo en este edificio?
—Sí. Bastante solo por el momento. No hay escasez de vivienda por aquí. Hay lugar para todos.
Cuando llegaron al piso donde vivía J.F. Sebastián,
Pris pudo ver el mismo aspecto que ofrecía la entrada del
edificio: llena de cascajo y agua encharcada.
—Cuidado con el agua —advirtió J.F.
—Te has de sentir solo a veces.
—La verdad, no. Hago amigos. Son juguetes. Mis amigos son juguetes.
Yo los hago. Es un pasatiempo. Soy diseñador
genético. ¿Sabes lo que es eso?
—No —contestó Pris tratando de disimular su falta de sorpresa.
La puerta de entrada al departamento de J.F. era grande y se veía antigua y
pesada.
—¡Yoo-hoo! ¡Ya regresé!
—saludó Sebastián sin dirigirse a alguien en
particular.
Pris entró llena de curiosidad, fijando la
mirada en dos pequeñas criaturas que se acercaban. Al verles
con más detalle vio que apenas eran juguetes vivos, tal como
lo había dicho J.F. Uno de ellos era un osito de peluche en un
traje napoleónico y el otro era una extraña caricatura
de algún soldado alemán de alguna guerra ya pasada;
ninguno de los dos alcanzaba siquiera el metro de altura y hablaban
con una vocecita proporcional a su tamaño.
—¡En casa otra vez, en casa otra vez, jiggity-jig! ¡Buenas
tardes, J.F.! —Exclamaron los muñecos.
—Buenas tardes amigos —respondió Sebastián.
Pris sonrió al verlos alejarse con su imitación de paso
marcial, sobre todo si ese paso marcial hacía que el "amigo"
Kaiser golpeara la pared con el hombro mientras se alejaba.
—Son mis amigos. Yo los hice. —Dijo Sebastián a modo de
explicación— ¿Dónde están tus
padres?
—Soy una especie de huérfana.
—¿Y tus amigos?
—Tengo algunos, pero los tengo que encontrar. Mañana les voy a decir dónde estoy.
—¡Oh! ¿Me permites tus cosas?, están empapadas ¿verdad?
X. ESPER.
A fines de 2010 se aprobó el plan de seguridad informática
policial que consistía en la instalación de una red
computarizada que sirviera para espiar y controlar a toda la
población, el nodo central tendría que ser
increíblemente poderoso. A causa de los requerimientos técnicos
y de las discusiones y debates políticos referentes a los
derechos civiles, el plan se replanteó en el 2015 y sufrió
modificaciones sustanciales en el 2016. por fin, en el 2017 se habían
alcanzado los avances técnicos suficientes para la
construcción de semejante proyecto, pero, sobre todo, la
superficie terrestre se estaba vaciando de la población
"políticamente significativa" y ya no hubo muchas
protestas por el proyecto que ahora se llamaba "ESPER".
Solamente que ahora ESPER sería una máquina para la
investigación, no para control: el tratamiento de imágenes
había avanzado tanto que todo el poderío de la máquina
apenas sería suficiente para descifrar y analizar la
información codificada contenida en las fotografías
tomadas recientemente.
Para evitar usos no autorizados de tal
poder policiaco, se determinó que cada detective debería
tener una terminal con conexión directa al sistema central
localizado en su jefatura.
Por su posición de integrante de la unidad Blade Runner,
Rick Deckard tenía instalada una terminal de acceso a ESPER en
su departamento; aunque oficialmente había renunciado, nadie
se había tomado la molestia de verificar la terminal ni de
desinstalarla. Ahora que Deckard estaba en activo otra vez, se daba
cuenta que quizá había sido una estrategia planeada por
Bryant.
Se sentó frente a su antiguo piano, lleno de
viejas fotos familiares. "Quizá los replicantes añoraban
eso..." recordaba haber reflexionado cuando le reveló a
Raquel su verdadera naturaleza. Tocaba desganadamente algunas teclas
del piano cuando lo asaltó la imagen; era como un sueño,
y nunca llegaba conscientemente; era como si el sueño hubiese
tenido voluntad propia.
Un campo abierto, lleno de una brumosa
luz matinal, mientras un unicornio corría libremente.
Probablemente no significara nada —se dijo a sí
mismo—, probablemente sea igual que las fotos: sin significado
mas el que les daba el hecho de existir, de estar ahí. Miró
su propio álbum sobre el piano pensando que él también
valoraba sus fotos, sin necesidad de darles algún sentido,
como quizá lo necesitaban los replicantes. Sus ojos toparon
con la fotografía que habían recogido en el
departamento de León; definitivamente tenía varias
imágenes reflejadas en el adorno del centro de la foto.
Llevó la foto a la terminal ESPER, al centro de su
departamento, para analizarla más a detalle.
La terminal dibujó una cuadrícula en pantalla cuando
ESPER entró en línea; Deckard se sentó con una
botella de whisky entre las piernas mientras la pantalla mostraba la
imagen que ESPER acababa de escanear.
Deckard observó
cuidadosamente la imagen detrás de la cuadrícula de
ESPER; parecía haber alguien en la mesa a la izquierda.
—Aumenta 224 a 176.
ESPER procesó los comandos verbales, localizó las coordenadas y aumentó. Deckard
observó cuidadosamente. Se veía el brazo y parte de la
cabeza de un hombre musculoso, muy probablemente Batty.
—Aumenta. Alto.
Deckard se sentó en la orilla del sillón para
poder ver más de cerca la pantalla. Como ESPER no recibió
comandos durante varios segundos, prosiguió con el "aumenta"
que le había ordenado Deckard.
—Acércate. Alto.
Sí, definitivamente era Batty, pero tenía los
ojos cerrados, como dormitando. Era claro que en esa habitación
estaban Roy Batty y León, pero, ¿y los otros
replicantes?, si lograba ubicar alguna pista de ellos quizá
podría rastrearlos.
—Retrocede y recorre a la derecha.
Solamente se veía una caja de comida china y unos
palillos con los que la habían comido. Nada interesante
o útil.
—Centra y retrocede. Alto.
Era la imagen de la mesa, había regresado donde comenzó.
—Recorre 45 a la derecha.
La imagen recorrió la foto hacia la
derecha pasando el plato de adorno del centro de la foto. "Creo
que debí empezar por ahí" pensó Deckard.
—Alto. Centra y detente.
Deckard volvió a
observar con atención. Aparte del adorno, se veían
varios objetos sobre una repisa; sería buena idea verlos más
de cerca. ESPER tuvo tiempo de redibujar la cuadrícula.
—Aumenta 34 a 36.
ESPER volvió a localizar las coordenadas y aumentó la imagen. Solamente se podía ver
un vaso común y corriente: "un poco desalentador".
—Recorre a la derecha y retrocede.
Pasaron por la pantalla imágenes de un pequeño ventilador, otro
vaso y una botella.
Deckard observó con atención
los reflejos del adorno que ahora estaba centrado. En la parte
superior se veía el reflejo de algo reconocible, una puerta o
perchero.
—Aumenta 34 a 46.
ESPER aumentó la
porción pedida. La pantalla se llenó con una imagen
extraña, borrosa; se podía ver que era blanca y
compuesta por muchos puntos brillantes, era tubular, pero no parecía
parte de la puerta. posiblemente era algo que estaba ahí
colgado; esto sí era interesante, sobre todo si había
algo detrás de ese objeto y que hubiera salido en el reflejo.
—Retrocede. —La imagen mostró lo que parecía
ser un mueble: sillón o descanso, algo así.—
Espera un minuto, ve a la derecha. Alto.
En la pantalla se
mostraba la imagen de un codo de mujer.
—Aumenta 57 a 19.
Se mostraba claramente el codo con un adorno plateado.
—Recorre
45 a la izquierda.
Reconoció inmediatamente la imagen de
la mujer recostada.
—Aumenta 15 a 23.
En el rostro de
la replicante se veía una línea ondulada dibujada o
tatuada, aunque pudiera ser una sombra. "En ese cuarto
también estaba Zhora, pris no salió en el retrato",
pensaba Deckard con la mirada todavía llena de asombro.
—Dame
una copia impresa de eso.
Deckard miró la foto y después
miró atentamente la escama que había recogido en el
cuarto de León. Zhora tenía una especie de dibujo en el
rostro, quizá alguna marca de alguna secta religiosa referente
a los peces.
Ya tenía un punto de partida, era hora de
averiguar lo de la replicante y los peces.
XI. Mercado.
Extrañamente, esa noche no tenía la habitual llovizna;
sin embargo, los techos vomitaban luz neón de los anuncios con
caracteres chinos y japoneses. El mercado sobre ruedas al que penetró
Deckard se especializaba en la compra-venta de animales vivos.
Casi todos artificiales y fabricados ahí mismo.
Uno de los contactos del Blade Runner era una anciana camboyana
que tenía un microscopio electrónico y vendía
servicios de escaneo a nivel microscópico para la fabricación
y verificación de seres vivos; se dirigió
inmediatamente a su local y le mostró la escama que había
encontrado para que la escaneara, ella la identificaría de
seguro.
—¿Pescado?
La anciana camboyana la tomó y la introdujo al objetivo del microscopio. Encendió y enfocó
el pequeño monitor conectado a la salida visual del
microscopio: "anticuado pero efectivo" —pensó
Deckard.
—Creo que fue fabricado localmente. De la
mejor calidad. Artesanía superior. Hay un número de
serie del fabricante: 9-9-0-6-9-X-B-7-1.
Interesante. No es de pescado. Escama de víbora. —Dijo
la anciana mientras le devolvía la escama a Deckard.
—¿Víbora?
—Vaya con Abdul Ben-Hassan; él hizo esta víbora.
Deckard se encaminó al local de Ben-Hassan. Durante el camino tuvo que soportar los olores de toda la "mercancía"; un par de chavos pasaron agarrando pájaros enormes que Deckard nunca había visto. Eran tan grandes que uno podría montarlos.
Finalmente pudo ver una pecera con una serpiente. Se acercó
y se asomó a través del vidrio. Había un hombre
gordo con traje y un sombrero raro, usaba lentes de micro—precisión
y una serpiente enrollada a su cuello. Golpeó suavemente el
vidrio para llamar su atención.
—ٹښڛډڜ...
— apenas masculló Ben-Hassan mientras hacía
señas con las manos para que Deckard entrara.
—¿Abdul Hassan? Soy policía. Quisiera hacerle unas preguntas. Licencia
para serpientes artificiales XB71 ¿es usted? —Le mostró
la escama— ¿Éste es su trabajo? ¿A quién
se lo vendió?
—¿Mi trabajo? pocas personas
pueden comprar algo de tanta calidad.
—¿Cuantas?
—Muy pocas.
—¿Qué tan pocas?
—Deckard perdió la paciencia.— Mire amigo —dijo
mientras agarraba y jalaba a Ben-Hassan por la corbata del
traje, éste respondió inmediatamente, intimidado por la
actitud del policía:
—El bar de Taffey Lewis, en el barrio chino, cuarta sección.
XII. Taffey.
El bar era mediocremente igual a los otros que había visto
Deckard: con gente amontonada ocupando todo el lugar disponible y
formando una atmósfera tan densa que se podría arrancar
un pedazo con la mano; caminó directo a la barra donde estaba
el cantinero:
—¿Cantinero? —esperó a que el cantinero le prestara atención.
»¿Taffey Lewis?
Este se limitó a señalar con la mano, Deckard volteó
en la dirección que le indicó y vio a un hombre rodeado
por dos mujeres; tenía aspecto de borracho y maleante, tal
como debería verse cualquier dueño de un bar de
tercera. Caminó hacia él.
—¿Taffey? —dijo a modo de presentación y le
puso frente a la cara su placa policíaca.
»Quisiera hacerle algunas preguntas.
—A volar, nenas— murmuro Lewis con voz grave y rasposa.
—¿Le ha comprado serpientes
al egipcio, amigo?— preguntó Deckard con cierta
agresividad, anticipando la forma de responder de un tipo como éste.
—Todo el tiempo..., "amigo".
Deckard sacó la foto de Zhora que había
descubierto ESPER durante el análisis en su departamento:
—¿Ha visto a esta chica?
—Nunca la he visto, lárguese.
Muy tarde el policía se dio
cuenta que había seguido la estrategia equivocada. Aunque este
tipo supiera algo ahora no se lo diría; tendría que
encontrar alguna forma de presionarlo:
—¿Sus licencias están en orden amigo?
El dueño del bar reaccionó inmediatamente, pero en
forma contraria a lo que quería Deckard:
—Oye Louis, el hombre está seco. Dale una por la casa.
Nos vemos.— se despidió Lewis con una sonrisa tan falsa
como la piel de la chaqueta que traía.
Mientras el cantinero le servía la
copa "cortesía" de la casa, Deckard se dedicó
a revisar las fotografías que traía consigo. Aparte de
la foto de Zhora tenía la fotografía falsificada de
Raquel; vio con cuidado la anotación que la foto tenía
en el anverso: era un teléfono, con suerte el de Raquel; con
suerte el teléfono era el actual. «Bueno, es hora de ver
si ser detective me sirve de algo» pensaba mientras se dirigía
a la cabina pública. Marcó el número que estaba
en la anotación; la cara de Raquel se desplegó en la
pantalla cuando contestó la llamada.
—¿Hola?
—Ya me habían dejado antes, pero nunca cuando estaba
siendo yo tan encantador.
»Estoy en un bar en el sector
chino, el bar de Taffey Lewis. ¿por qué no viene a
tomar algo?
—Lo siento Sr. Deckard, pero ese no es mi tipo de lugar.
—¿Quizá en algún otro lugar?
Pero Raquel ya había cortado la comunicación. La
pantalla mostraba el total del costo de la llamada sustituyendo la
imagen de su rostro.
Deckard regresó a su lugar en la barra donde ya lo esperaba
una copa con la bebida de moda, aunque en esta periquera de tercera
era normal encontrarse que el vaso estaba sucio. También
estaba a punto de empezar el espectáculo; un show "exótico":
se encendieron las luces y en el sonido local se oyó la
voz del anunciador con un marcado acento egipcio, como el del
fabricante de serpientes.
«Damas y caballeros, Taffey Lewis
les presenta a la Srita. Salomé y la Serpiente. Vean como ella
obtiene placer de la serpiente que antaño corrompió al
hombre».
Bueno, ver a una mujer desnudarse no era algo del
otro mundo, pero lo que la "Srta. Salomé" estaba
haciendo rayaba en lo grotesco.
Había llegado la hora de
retirar replicantes.
XIII. Zhora.
Deckard esperaba recargado en una de las columnas junto a los
camerinos de las "artistas" oyendo toda clase de
comentarios perdidos en la atmósfera del bar:
«Oi, Aremiroya! Nanka hen—na mon nokocchattaze. (Japonés
para "Hey, mira! Alguien ha dejado algo raro.")»
«Ha. Darekakara no purezento.
(Japonés para "Guau! Es un regalo para alguien.")»
Empezaba a hojear un periódico
cuando la vio entre la multitud.
—Perdone Srta. Salomé, ¿podría hablar con usted un minuto? Soy de la
Federación Americana de Artistas de Variedad —dijo con
voz aflautada.
—¿Ah, si?
—No estoy aquí para hacer que se afilie. No, señora, ese no es mi
departamento. Realmente... soy del... Comité Confidencial
Sobre Abusos Morales —dijo mientras cerraba la puerta del
camerino y pensaba cómo iba a hacerle para retirarla. Eso del
"Comité de Abusos Morales" era un mal cuento y
probablemente lo llevaría a un callejón sin salida,
pero había sido lo primero que se le había ocurrido;
ahora tendría que seguirse de filo.
—¿Comité Sobre Abusos Morales? —preguntó Zhora a su vez.
—Sí señora. Nos han informado que la gerencia se ha tomado ciertas
libertades con los artistas.
—No sé nada de eso. (Había algo raro en él. Algo que no encajaba en su
forma de verse).
—¿Se ha sentido explotada de alguna manera?
—¿Cómo que "explotada"? (Tarados como ése no vestían así).
—Bueno, para obtener este trabajo. ¿No hizo usted, o le pidieron que
hiciera algo lujurioso o inmoral o que le fuera repulsivo de alguna
forma?
—Ha, ha. ¿Es en serio? (Aparte, a gente como ésa le gustaba sentirse importante, anunciarse desde semanas antes,
llegar escandalosamente, presumir sus credenciales, estar rodeados
por muchos "asistentes"..., y éste había
llegado casi a escondidas).
—Sí, de veras. Quisiera revisar su vestidor si me permite.
—¿Para qué?
—Para buscar agujeros.
—¿Agujeros? (Se empezó a dar cuenta, Roy sólo le dijo que ya no fuera
al hotel, pero seguro que la policía ya los estaba rastreando).
—Bueno, usted... se sorprendería por lo
que pueden hacer algunos tipos para ver un bello cuerpo.
—No. No me sorprendería. —dijo Zhora,
mirándolo fijamente y con un gesto serio. (Ya habían
dado con ella. No sabía cómo, pero ahí estaba
ése. Todo encajaba: gabardina para esconder las armas que
seguro llevaba, pero lo suficientemente holgada para permitirle
moverse libremente; atuendo lo bastante común para no llamar
la atención. Pero no la retirarían si ella "retiraba"
primero al Blade Runner).
Zhora entró a la regadera
mientras pensaba que lo primero que debía hacer era huir del
policía; después de todo él estaba armado y ella
no.
—Pequeños y libidinosos agujeritos que hacen
para mirar como se desviste una dama. —Mientras Zhora tomaba su
ducha, Deckard pudo ver cada una de las pistas que tanto trabajo le
habían dado en el análisis fotográfico: La boa
de brillantes y la serpiente de la escama famosa.
»¿Esta serpiente es real?
Zhora ya había salido de la regadera y
se estaba frotando con una toalla, pensando en su huida para evitar
el retiro.
—Por supuesto que no es real. ¿Usted cree que estaría trabajando en un lugar
como éste si pudiera comprar una real?
Dejarlo fuera de combate no sería problema, ella era
especialista en ataques rápidos y cortos. El problema era la
huida. Casi siempre las calles estaban abarrotadas y no se podría
correr muy libremente. Él la podría alcanzar si se
recuperaba rápido. Todavía semidesnuda se acercó
a él.
»Así que si alguien trata de explotarme, ¿a quién debo dirigirme?
—A mí.
—Eres un hombre dedicado. —Le dijo Zhora acercándose— sécame.
Zhora le dio la espalda mientras se colocada un sostén de
plástico rígido. Cuando Deckard la iba a frotar con la
toalla ella le dio un golpe intempestivo, seco y efectivo con el
codo. Ese solo golpe bastó para dejar a Deckard fuera de
combate, ahora tendría oportunidad de matarlo antes de que él
tomara la iniciativa. Repentinamente confundida por el inesperado
éxito, tomó una capa de plástico transparente y
se lo colocó en la espalda. Tomó la corbata de Deckard
y lo comenzó a ahorcar; también hubiera tenido éxito
en esto, pero escucho voces de gente que se acercaban; se dio cuenta
que pronto iban a estar en el camerino, y aunque matara a éste
policía, ella sería detenida y enviada a algún
cuartel para su retiro.
Salió corriendo del camerino,
atropellando a las otras "artistas" y chocando con la gente
que estuviera en su camino en la calle.
Deckard salió corriendo apenas
unos segundos después. La calle estaba abarrotada, el ambiente
era húmedo y pegajoso, aunque por suerte no estaba lloviendo.

El galimatías que inundaba perennemente la calle como ruido de
fondo no logró taponear sus instintos de cazador. Aunque no
había huella de la huida de Zhora en la muchedumbre, el Blade
Runner corrió sobre la ruta más probable de escape; el
ruido del tráfico cercano se mezcló con las voces
orientales que discutían una y mil trivialidades.
Coreano, japonés, chino, todo junto con la maquinal voz del poste
peatonal que repetía monotonamente «Crucen ahora...»
«Crucen ahora».
El ruido cotidiano del tráfico
que circulaba entre la muchedumbre, la gente apiñonada entre
cánticos de religiones perdidas. «Hare Krishna, Hare,
Hare» entre las sirenas de paso del transporte público;
ahí fue donde la vio, a través de un camión de
transporte público. Saltó dentro y puso a su presa en
la mira. para mala suerte de él, ella no pensaba convertirse
en presa tan fácilmente; simplemente se escabulló entre
la gente, perdiéndose de la vista del policía.
Deckard salió del camión pero se quedó en la terminal.
Ahí estaba por sobre el nivel de la muchedumbre y tenía
un panorama general del flujo de peatones en la calle, con un poco de
cuidado podría detectar el paso de Zhora entre la muchedumbre.
A pesar de la inutilidad aparente de la acción, el Blade
Runner tuvo la oportunidad de mirar la circulación: aunque
todo parecía normal, algo parecía entorpecer un poco el
flujo de personas en unas escaleras de acceso a un paso peatonal.
El poste de control de circulación cambió su cacofónico
«Crucen ahora Crucen ahora» por el cacofónico «No
caminen No caminen» cuando Deckard decidió acercarse al
acceso de la escalera para ver exactamente qué es lo que
estaba entorpeciendo la circulación. pensaba que muy
probablemente era un borracho que se había dormido en donde no
debería hasta que vio la causa: no era un borracho, era una
replicante.
Apuntó su pistola hacia Zhora, pero ésta
ya estaba huyendo. El Blade Runner ya tenía a su presa en la
mira, y ahora no la perdería, aunque corriera seguiría
en su mira.
A través del ruido del tráfico, motores
y la muchedumbre de la calle, ella corría por su vida, pero
eso sólo lo alentó a retirarla lo más rápido
que pudiera.
—¡Muévanse! ¡Quítense del camino!
Deckard disparó tras esta advertencia, pero la carrera de Zhora le confirmó que
había fallado; aunque volvió a fallar en el siguiente
disparo, la loca carrera de la replicante la llevó a
estrellarse con la vitrina de un comercio.
El siguiente disparo alcanzó a Zhora en el hombro derecho; aunque la bala
atravesó el cuerpo de Zhora, su impulso hizo que atravesara
otro vidrio del escaparate. Como si Zhora bailara con su propia
muerte, cayó y se levantó, tan sólo para recibir
otro balazo de la pistola del Blade Runner.
Esta vez el proyectil atravesó el pecho de la replicante causándole una
herida de muerte e impulsando su cuerpo agonizante contra los vidrios
de un escaparate navideño que daba a la calle.

Mientras el cuerpo ya muerto yacía en la calle, Deckard caminaba
lentamente atravesando el pequeño centro comercial que había
atestiguado la muerte de Zhora; empezó a sentir la sensación
que lo había alejado del oficio de policía: el
arrepentimiento de haber asesinado a un ser cuyo único crimen
era el existir; el malestar de haber dado fin a la existencia de una
mujer indefensa; el vértigo de saberse incapaz de la
responsabilidad moral de decidir sobre la vida y muerte de otros como
él.
Cuando llegó junto al cuerpo de la replicante,
Deckard no solamente sintió aumentadas las emociones que le
causaban incomodidad existencial, empezaron los mareos y la fuerte
sensación de que todo eso era irreal, que lo debió
haber hecho "otro" Deckard, no él.
XIV. León.
El horror del espectáculo de ver el cadáver de Zhora no
sólo llenaba de remordimiento a Deckard, León también
contemplaba el cuerpo lleno de miedo, asombro, asco e indignación.
Había acudido al lugar cuando oyó los disparos del
Blade Runner, y no se había equivocado, ahora uno de ellos ya
estaba en el piso, muerto, ya sin vida.
Los policías que
hacían su ronda normal llegaron unos segundos después
que él y empezaron a examinar y a manosear el cuerpo de Zhora.
En medio de una depresión y
malestar antiguo, perenne y que tenía años de no
presentarse, Deckard echó otra mirada al cadáver y
mostró su identificación a los patrulleros:
—Deckard.
Dos sesenta y tres cincuenta y cuatro.
Un spinner descendió
casi a nivel suelo para difundir su pregón: «Circulen
Circulen». León hizo caso y se alejo de la dantesca
escena.
Empezaba a lloviznar otra vez cuando un
descompuesto Deckard se acercó a un puesto de venta de
licores.
—Un minuto —dijo
una voz femenina que salía de las entrañas del local
comercial.
La vendedora tenía
aspecto de luchadora: con un turbante y un parche en el ojo, su
rudeza en el hablar dejaba ver que en el pasado su vida había
sido dura.
—¿Sí?¿Qué
es lo que quiere?
—Tsin-Tao.
La empleada le mostró una botella
de un licor transparente, ante el asentimiento del Blade Runner lo
envolvió en plástico.
—¿Esto es suficiente? —preguntó Deckard
sacando un puñado de billetes de la bolsa del pantalón.
—Sí.
Sintió un golpe seco en su espalda, volteó y sujetó con fuerza al
objeto culpable: era parte del bastón del Blade Runner que le
había servido como chofer durante sus visitas a Bryant y a
Tyrell.
—Bryant. —Fue lo único que dijo el
sujeto con una sonrisa y mirada odiosamente compasivas.
Deckard
suspiró mientras el tipo sostenía la mirada
triunfante-compasiva.
Bryant esperaba dentro del spinner
oficial que seguramente había conducido el tipo; salió
a la lluvia en cuanto vio acercarse a Deckard.
—Por Cristo,
Deckard, te ves casi tan mal como la porta—pieles que dejaste
tirada en la banqueta.
—Me voy a casa.
—podrías
aprender algo de este chavo Gaff; es una maldita carnicería
ambulante, eso es lo que es. Quedan cuatro pendientes. Vámonos
Gaff.
Deckard lo miró con sorpresa.
—Tres.
Quedan tres pendientes.
La mirada de sorpresa venía ahora
de Bryant.
—Quedan cuatro.
»La—la
portapieles a la que le hiciste el VK en la corporación
Tyrell. Raquel. Desapareció. Se esfumó. Ni siquiera
sabía que era una replicante. Tyrell dijo que fue algún
problema con un implante cerebral.
»Vamos Gaff, tómate
una por mi camarada.
Dejó a Deckard bajo la lluvia,
reflexionando acerca de Raquel, pensando en que ahora ella estaba
entre los objetivos, que ahora estaba en la lista de retiros.
Repentinamente la vio entre la multitud y la empezó a seguir,
no estaba seguro el porque, lo que sí estaba seguro era de
que...
Sintió que alguien lo jalaba violentamente, con sorpresiva alarma lo reconoció:
—¡León!
—¿Qué edad tengo?
Deckard lo golpeó con su mejor
derechazo, pero León apenas sintió el golpe.
—No sé —respondió Deckard.
Como respuesta, León lo arrojó contra una camioneta
como si fuera un muñeco de trapo. Deckard sintió que
había sido atropellado por un camión, pero León
ni siquiera había empezado. Teniendo al policía contra
la lámina de la camioneta, lo sujetó de las solapas de
la chaqueta.
—Nací el diez de
abril de 2017. ¿Cuánto viviré?
—Cuatro años.
León lo
arrojó con más fuerza contra otra camioneta. Deckard se
dio cuenta rápidamente que la única forma de detenerlo
era matándolo. Sacó su pistola, pero el replicante le
golpeó la mano con un poderoso manotazo, arrojando el arma a
varios metros de distancia.
—Más
que tú.
Lanzó un golpe directo a la cabeza de
Deckard que éste esquivó apenas dejando que León
hiciera un agujero en el depósito de vapor de la camioneta; el
replicante volvió a sujetar al Blade Runner de las solapas.
—Es doloroso vivir con miedo ¿verdad? —dijo
León mientras sujetaba a Deckard del cinturón. Lo
levantó y arrojó en vilo contra el parabrisas de un
auto estacionado.
»Nada es peor que tener comezón y
no poderse rascar.
—Estoy de acuerdo.
León lo
volvió a sujetar de las solapas y lo volvió a levantar
en vilo. A pesar de la débil resistencia de Deckard, le
propinó dos fuertes bofetadas, al ver que el Blade Runner ya
estaba fuera de combate, casi a punto de desmayarse, dijo:
—¡Despierta!, hora de morir.
Ya le había
puesto dos dedos sobre los ojos para aplicarle algún extraño
golpe cuando se escuchó una potente detonación; León
se detuvo en seco, su cráneo mostraba un enorme agujero de
salida de bala, pero no disminuyó su fuerza de sujeción
a la chaqueta del Blade Runner, por lo que Deckard, con un gesto
horrorizado, tuvo que caer bajo el cuerpo ya laxo.
Al fondo se
veía la abrigada figura de una Raquel paralizada por el horror
y la sorpresa.
XV. "Yo
soy el oficio".
El departamento
estaba inundado por la amberina luz de los videos murales y de los
dirigibles-anuncio. Todavía temblando y sin coordinar
sus movimientos, Deckard sorbió un trago de Tsin-Tao
que se había servido en un vaso, al contacto con su boca el
licor se coloreó de rojo.
A un par de metros de él
Raquel estaba recargada, con el maquillaje corrido por el sudor y las
lágrimas. El Blade Runner la contempló en silencio,
callada e inmóvil, pero consciente que estaba aterrada y
confundida; retirar a un replicante solamente era diferente al
asesinato en el papeleo gubernamental.
—¿Estás
temblando?
La luz de algún reflector se coló
incómodamente a través de una ventana.
»Yo
también.
Esta vez Raquel volteó a verlo, todavía
confundida y aterrada pero reconfortada de oir una voz humana.
»A
veces son muy fuertes. —Deckard carraspeó un poco
pensando en qué más decir.— gajes del oficio.
Raquel no quitó su fija mirada. parecía una
estatua.
—Yo no estoy en el oficio.
Ahora el confundido era Deckard. No supo como reaccionar ante lo que
dijo Raquel, a duras penas se atrevió a sostenerle la mirada.
Ella al fin movió su rostro y cerró
los ojos.
»Yo soy el oficio.
Tratando de evitar la incomodidad
existencial que le produciría el reflexionar que una
replicante acababa de salvarle el pellejo a costa de la vida de otro
replicante, y que su "deber" era eliminarla a pesar de
saberse enamorado de ella, Deckard entró en su cocina, se
quitó la chaqueta, la corbata y la camisa y abrió
el grifo del fregadero.
Raquel
permanecía quieta en su lugar, apenas dominando a sus demonios
interiores. Deckard le había agradado desde el principio,
estaba segura que su facha de duro era solamente eso, una fachada.
Estaba segura que lo que hacía lo hacía por seguir
órdenes, pero él no era tan inhumano como los demás
humanos; es decir, ya había tratado de contactarla, además,
él era todo lo que tenía, debía confiar en él.
Lo volteó a ver, a pesar de que la luz invasora se entrometía
monotonamente. Se dirigió a la cocina donde Deckard se estaba
enjuagando la cara y la cabeza. Dolorosamente, el policía sacó
toda la sangre que tenía en su boca heredada de la golpiza que
le había propinado León.
Deckard volteó repentinamente para mirarla, sorprendido por el
sonido de los pasos de Raquel.
—¿Y si voy al norte?
Y desaparezco.
Deckard la miraba
fijamente mientas se secaba la cabeza con una toalla.
»¿Me
perseguirías?¿Me cazarías?
—No, no lo
haría. Te debo una.
El Blade Runner se acercó a ella mientras se secaba los ojos. Caminó
a espaldas de la replicante.
»Pero alguien más lo haría.
Deckard caminó lentamente a través
de su departamento, poniéndose la camisa y alejándose
de la incomodidad filosófica de lo que le decía Raquel.
De todas formas, Raquel le preguntó:
—Deckard, ¿viste mis archivos? Los que tienen fecha de incepción,
longevidad, esas cosas, ¿los viste?
—Son... clasificados.
—pero eres un policía.
—Nunca los miré.
—¿Y tu dichosa prueba Voight-Kampff, nunca te la hicieron?
—....
—Deckard...
El
Blade Runner se había recostado en un sillón y se había
quedado dormido.
Raquel empezó a curiosear en el
departamento de Deckard; se acercó al piano y empezó a
mirar las fotografías que estaban ahí. Eran muchas y se
veían antiguas, aunque el papel fotográfico estaba en
buen estado. Tomó una y la miró cuidadosamente; era una
mujer de aspecto decimonónico que ni siquiera se parecía
a Deckard. Dejó la foto en su lugar y tomó unas hojas
pautadas que tenían las notas de alguna melodía apenas
recordada.
Se sentó al piano, se quitó la chaqueta
y empezó a tocar.
Deckard despertó de su brevísimo
sueño mientras Raquel se deshacía de su rígido y
tieso peinado. El policía se enderezó lentamente (casi
tirando su copa) y se acercó a Raquel que ahora tenía
un aspecto más humano; cuando estuvo junto a ella, se dio
cuenta que hasta sus facciones se veían más suavizadas
y hermosas.
—Soñé con música —dijo
el policía.
—No sabía si podía tocar.
Recuerdo lecciones, no sé si sea yo o la sobrina de Tyrell.
—Tocas maravillosamente.
Deckard sostuvo su mirada en el rostro de Raquel, acercó su rostro
lentamente y la besó en la mejilla. Cuando trató de
besarla en los labios, ella echó la cabeza hacia atrás,
rechazándolo.
El Blade Runner dejó el beso en el
aire, mientras, confundido, miraba como Raquel se levantaba y
se dirigía a la salida; él también se levantó
y la siguió. Aunque ella fuera una replicante y él
tuviera la obligación de ... "retirarla", el amor
que sentía por ella era más fuerte. Después de
todo, ella tenía razón: ¿quiénes eran
ellos para decidir quién era humano y quién
no?¿Solamente porque lo decía el dichoso examen
Voight-Kampff?¿Y si se lo aplicaban ellos y resultaba que
no eran tan humanos como debieran?¿Ya con eso "merecían"
ser retirados? A fin de cuentas, ni siquiera los humanos sabían
lo que era ser humano, ¿cómo reconocer a los "humanos"
que no son "humanos"? El quería a Raquel y ella lo
quería a él, estaba seguro; el hecho de mostrar amor,
responsabilidad, compasión, valentía como lo había
hecho ella, ¿no la calificaba como humana? Y aunque no fuera
humana, ¿no era ella algo mejor?
Y ella estaba a punto de salir no sólo
de su departamento, sino de su vida. Y él no lo permitiría.
Rápidamente se dirigió a la puerta de salida que Raquel
acababa de abrir y la cerró de un golpe. La tomó
firmemente de los hombros y la arrojó contra una pared, caminó
hacia ella; empezó a reflexionar sobre lo que acababa de hacer
y se dio cuenta que no era lo que quería, así que
extendió una mano tratando de dar a entender que las cosas se
iban a tranquilizar. La volvió a tomar de los hombros, pero
esta vez lo hizo suavemente y con ternura y la besó en los
labios. Ella apenas reaccionó a su caricia.
—Ahora tú bésame.
—No puedo confiar en..
—Di "bésame".
—Bésame.
Deckard la besó en los labios; esta vez Raquel reaccionó
con ternura y dolor.
—"Te deseo" —murmuro Deckard.
—Te deseo. —Respondió Raquel de forma casi mecánica.
—Otra vez.
—Te deseo. Rodéame con tus brazos.
Esta vez el beso estuvo lleno de pasión.
XVI. Sebastián.
En el departamento de Sebastián,
Pris se había maquillado todo el cuerpo de blanco; estaba
vestida tan sólo con su ropa interior, semirrota, ajada y de
color negro. En ese momento se estaba pintando los ojos de un tono
negruzco con ayuda de una brocha de aire, se veía satisfecha
con el resultado; su aspecto seguía siendo extraño,
desaliñado y especialmente atractivo. Un extraño
aparato con un pájaro de madera empezó a hacer ruido;
el aparato con forma de cajita estaba colgado de una pared. Realmente
este Sebastián tenía objetos muy bellos y muy extraños,
él no era bello, pero sí muy extraño. Regresó
a su satisfecha auto contemplación.
El departamento era muy amplio, le
permitía hacer ruedas de trescientos sesenta grados, como a
ella le gustaban. Se detuvo frente a la estancia principal donde
habían muchos otros juguetes y cosas extrañas; no sólo
eso, el propio Sebastián estaba sentado en un sillón.
Se había quedado dormido. Había restos de comida y
algunos ratones sobre la mesa; Pris se preguntó si serían
parte de los "amigos" artificiales de Sebastián.
Cuando fijó su mirada en él pudo percibir plenamente su
extrañeza: era una exótica mezcolanza entre juventud y
vejez. Se acercó más y lo olfateó como si fuera
un perro, no despedía algún olor particular,
simplemente estaba dormido.
El Kaiser estaba de pie junto a su
"amigo", aunque tenía un extraño bozal
metálico. De cualquier manera, a ella le llamó más
la atención un extraño visor que estaba a la derecha de
la mesa, parecía un calidoscopio; se asomó al visor. En
ese momento despertó J.F. Sebastián.
—¿Qué
haces?
—Lo siento, tan sólo mirando.
—Oh.
—¿Qué tal me veo?
—Te ves mejor.
—¿Solamente mejor?
—...Te ves hermosa.
—Gracias —Pris sonrió satisfecha.
Roy Batty ya había entrado al edificio y subido al piso donde vivía Sebastián. Ahora caminaba lentamente por entre los charcos que conducían a la entrada de la vivienda.
—¿Qué edad tienes?
—Veinticinco.
—¿Qué tienes?
—Síndrome de Matusalén.
—¿Qué es eso?
—Mis glándulas envejecen demasiado rápido.
—¿Por eso sigues en la Tierra?
—Sí, no pasé el examen médico. De todas maneras, me gusta aquí. —decía
Sebastián mientras acariciaba el hombro de su amigo Káiser.
—A mí me gustas tú, tal como eres.
Ahora
fue el turno de Sebastián de mostrar una sonrisa satisfecha y
apenada.
»Hola Roy.
El saludo de Pris se dirigió
a alguien a espaldas de él por lo que volteó alarmado.
—Caramba..., sí que tienes juguetes lindos aquí.
—Este es el amigo del que te hablaba. —dijo Pris
dirigiéndose al humano.
ȃl es mi salvador,
J.F. Sebastián —le dijo al replicante.
—Sebastián.
Me agradan los hombres que permanecen. Vives aquí solo
¿verdad? —dijo Roy dirigiéndose a Sebastián.
—Sí.
Roy miró a Pris y sonrió.
Intempestivamente la besó. Pris correspondió a la
caricia. Sebastián continuaba sentado en su sillón
incómodamente entre los dos amantes; se incorporó
interrumpiendo el beso de encuentro.
—¿Qué
tal si desayunamos? Iba a preparar algo.
Cuando se quedaron
solos, Roy trocó su sonrisa por un gesto serio y angustiado y
evitó la mirada de Pris. La replicante supo que algo andaba
mal.
—¿Y bien?
—León... —Roy
trató de escoger las palabras, pero una tristeza y puchero
infantil se apoderaron de él.
—¿Qué
pasa?
—Ya solamente somos dos.
Pris lo miró
seria y sorprendida, le dijo:
—Entonces somos estúpidos
y moriremos.
—No, no moriremos —contestó el
replicante.
Roy se había quitado la chaqueta y
caminaba lentamente en dirección al comedor del enorme
departamento de Sebastián; en el camino vio a uno de los
"amigos" del solitario humano. Tenía forma de oso de
peluche, pero el tamaño de un niño. Vio que había
un tablero de ajedrez con sus piezas en diferentes posiciones. Se
acercó y estudió el juego; movió una de las
piezas.
—No. Caballo toma a la reina, ¿lo ves? Esa
jugada no sirve. —le dijo Sebastián.
pero Roy se
movió al extremo que ocuparía el otro jugador y volvió
a estudiar el juego. Se dio cuenta que Sebastián no les
quitaba la vista.
—¿por qué nos miras tanto
Sebastián? —le preguntó directamente.
—porque,... Son tan diferentes. Son tan perfectos.
—Contestó el humano.
—Sí.
—¿De
qué generación son?
Roy se levantó
lentamente y se sentó junto a Pris, meditando su respuesta.
Sebastián ya los había descubierto, aun sin pistas; lo
importante era si los delataría. No parecía probable,
posiblemente podrían convencer a Sebastián sin usar la
fuerza o amenazas, así que contestó:
—Nexus
seis.
—¡Ah, lo sabía! porque soy diseñador
genético para la corporación Tyrell. Hay algo de mi en
ustedes. Muéstrenme algo.
—¿Como qué?
—preguntó Roy.
—Cualquier cosa.
—No
somos computadoras Sebastián, somos de carne.
—pienso
Sebastián, por lo tanto soy. —Dijo Pris mientras se
levantaba de su asiento y abrazaba a Sebastián.
—Muy
bien Pris. Ahora enséñale por qué.
Pris dio
una vuelta de rueda hacia atrás para quedar junto a un
recipiente donde se estaban hirviendo los huevos del desayuno. Metió
una mano y sacó uno de los huevos. Se lo arrojó a
Sebastián, éste lo cachó con una expresión
de sorpresa y felicidad, pero lo tuvo que dejar en el suelo porque le
estaba demasiado caliente.
—Tenemos mucho en común —le dijo Roy.
—¿Qué
quieres decir? —contestó Sebastián.
—problemas
similares.
—Decrepitud acelerada —intervino Pris
mientras se acercaba a la mesa del comedor.
—No sé
mucho de biomecánica Roy, ojalá supiera.
—Si
no encontramos ayuda pronto, Pris no vivirá mucho —dijo
Roy agarrando a Sebastián por el cinturón. Sin embargo,
Roy comprendió que esa estrategia no era muy efectiva porque
Sebastián se veía asustado; en ese estado no
cooperaría. Lo soltó y concentró su mirada en el
tablero de ajedrez. —¿Es bueno?
—¿Quien?
—preguntó Sebastián a su vez.
—Tu
oponente.
—¿El Dr. Tyrell? Es un genio. Solamente lo
he vencido una vez en ajedrez. El te diseñó.
—Quizá él pueda ayudar.
—Con gusto se lo preguntaré.
—Será mejor que hable yo con él personalmente.
»Pero entiendo que es un poco difícil que el señor nos reciba.
Sebastián se sentía intimidado y empezó a retroceder hacia la mesa del comedor,
justo a donde estaba Pris. Ella lo abrazó con brazos y
piernas.
—Sí. Mucho. —Contestó J.F.
Sebastián.
—¿Nos ayudarás?
—No
puedo.
—Te necesitamos Sebastián, eres nuestro único
y mejor amigo.
Roy acercó su rostro, como para susurrarle
algo al oído, pero en lugar de eso buscó un par de ojos
artificiales encerrados en esferas de plástico. Se los puso a
la altura de sus ojos e hizo una mueca como si no tuviera labios.
Hablando en falsete, dijo:
—Estamos tan felices que nos
hayas encontrado.
Sebastián soltó un par de risas a
pesar de la presión sicológica de los replicantes.
—No
creo que otro ser humano en todo el mundo nos hubiera ayudado. —dijo
Pris, besando a Sebastián en la mejilla.
El humano se soltó del abrazo de
Pris y se alejó lentamente con un gesto preocupado y dolido.
Los replicantes intercambiaron miradas de preocupación.
XVII. Tyrell.
La pirámide corporativa de la corporación Tyrell servía
de vivienda a su dueño, Eldon Tyrell, aunque el aspecto del
edificio era el de una tumba, más que una vivienda.
Las
luces guía y las luces de muchas oficinas y habitaciones
estaban encendidas, al igual que uno de los elevadores laterales de
acceso directo a las oficinas superiores, y a los aposentos de
Tyrell.
El elevador se detuvo en el piso 495, como medida de
seguridad, antes de llegar a las habitaciones superiores de la
pirámide.
Con el búho artificial en el pedestal a su lado, Tyrell
estaba recostado en su cama estudiando los movimientos en la bolsa de
valores federales.
—Son sesenta y seis mil acciones de
acciones de prosser y Ankopich. Hmmm... Vende. Vende a...
Sus
mercantilistas instrucciones se vieron interrumpidas por la voz de la
computadora de control del edificio.
—Entrada azul. El Sr.
J.F. Sebastián. 1—6—4—1—7.
—¿A
esta hora? —Sabiendo que la computadora se encargaría de
dirigir la conversación a los participantes interesados,
Tyrell simplemente dijo:— ¿qué puedo hacer por
ti, Sebastián?
Desde el elevador, Sebastián
contestó:
—Reina a Alfil 6, jaque.
—¡Qué
tontería!, —fue lo primero que dijo Tyrell— un
momento —gruñó mientras se levantaba de la cama.
Mientras caminaba a su tablero de ajedrez siguió
refunfuñando:— ¿reina a alfil 6? ¡Ridículo!
Encendió la luz que iluminaba el tablero y empezó a
mover sus piezas— Reina... Alfil 6... Mhhh.... Caballo... toma
Reina.... ¿Qué tienes en mente Sebastián? ¿En
qué estás pensando?
En el elevador Roy mostraba una
leve sonrisa de satisfacción, la jugada era tan obvia que no
sabía porqué no se le había ocurrido a
Sebastián; le susurró:
—Alfil a Rey 7.
Jaquemate.
—Alfil a Rey 7. Jaquemate, creo. —repitió
Sebastián.
Roy permitió que la sonrisa ocupara toda
su cara.
—¿Te inspiraste de repente? Las galletas
con leche no te dejaron dormir ¿ah? —respondió
Tyrell— Discutamos esto. Más vale que subas, Sebastián.
El elevador continuó su recorrido al penthouse de Tyrell.
—Sr. Tyrell... —empezó
Sebastián mientras abría una de las altas puertas del
dormitorio— Yo... Yo traje a un amigo. La silueta de Roy
adelantó a Sebastián.
Tyrell volteó
sorprendido y un poco alarmado, se terminó de abrochar la bata
mientras bajaba la vista tratando de encontrar las palabras exactas
para enfrentarse al replicante. Un poco más calmado, le dijo:
—Me sorprende que no hayas venido antes.
—No es
fácil encontrarse con tu creador. —Le respondió
Roy mientras caminaba adentrándose al cuarto, seguido de cerca
por un Sebastián igual de mudo que de temeroso.
—Y,
¿qué puede hacer el tuyo por ti?
—¿puede
el creador reparar a sus creaciones?
—¿Te gustaría
ser modificado?
—¿para quedarme aquí?....
Tenía en mente algo más radical —dijo el
replicante mientras se acercaba más a Tyrell.
—¿Cual...
Cual parece ser el problema?
—La muerte.
—¿La
muerte?.... Bueno, me temo que eso está un poco fuera de mi
jurisdicción. Tu...
—Quiero más vida,
pendejo. —Exclamó pendencieramente el replicante
haciendo que Tyrell saltara para atrás.
—Los hechos
de la vida. Alterar la evolución en el desarrollo de un
sistema de forma de vida orgánica es fatal. La codificación
de una secuencia no se puede modificar una vez que ha sido
establecida.
—¿por qué no?
—Debido
a que hacia el segundo día de la incubación, toda
célula que haya sido expuesta a mutaciones de revisión
dan origen a colonias revertientes como ratas huyendo de un barco
hundiéndose. Entonces el barco se hunde.
—Entonces
una recombinación SME.
—Ya lo hemos intentado. El
sulfonato de metano etílico es un agente alcalino y un potente
mutágeno. Creó un virus tan letal que el individuo
murió antes de dejar la mesa de operaciones.
—Entonces
una proteína represiva que bloquee a las células
operantes.
—No obstruye la replicación, pero sí
origina un error en la replicación de forma que la nueva
cadena ADN transporta la mutación y obtienes un virus de
nuevo. pero esto, todo esto es puramente académico. Te hicimos
tan bien como pudimos.
—pero no para durar.
—La
luz que brilla al doble dura solamente la mitad; y tú has sido
muy, muy brillante Roy. Mírate. Eres el hijo pródigo.
Eres magnífico.
Sebastián miraba entre los
candelabros que estaban a un par de metros de distancia, Roy había
bajado la mirada, en un gesto de arrepentimiento infantil.
—He
hecho..., cosas cuestionables. —dijo.
—También
cosas extraordinarias. Deléitate en tu vida. —Le
contestó Tyrell.
—Nada por lo que el dios de la
biomecánica te impida entrar al cielo —replicó
Roy, volteando lentamente y dirigiéndole la mirada. Alzó
una mano para acariciarle el rostro, le puso la otra mano en el
rostro para besarlo en los labios, acercando su rostro a su vez. El
replicante retiro lentamente su cara, pero sus manazas permanecieron
a ambos lados del cráneo; empezó a apretar causando que
Tyrell emitiera gemidos de dolor. El apretón continuo,
aumentando su fuerza y desfigurando el rostro de Roy con gestos del
esfuerzo que estaba haciendo. Movió sus pulgares para meterlos
en los lentes del humano y poder presionar sus ojos también,
los huesos del cráneo de Tyrell empezaron a crujir mientras
sus gemidos de dolor se transformaron en aullidos y después en
estertores de muerte.
Sebastián miraba impotente y horrorizado mientras el cuerpo de Tyrell, ya sin vida, caía al piso. Corría de un lado a otro, confuso, buscando una ruta de escape sin decidirse a tomar una; el replicante fue hacia él mientras el búho artificial miraba indiferente.
El elevador de la pirámide bajaba
con solamente un pasajero: un replicante cuya cara tenía
todavía grabados los gestos de la muerte, aunque su confusa
mente no comprendía el asesinato, al igual que un niño
no podía comprender cómo es que el agua hirviendo lo
podría quemar.
XVIII. Eddie, un
viejo amigo.
El auto de Deckard
atravesaba la difusa neblina en un túnel mientras su radio
escupía las voces policiales provenientes de la central.
El Blade Runner todavía estaba confundido y preocupado por la
seguridad de Raquel y el peligro de los otros replicantes aún
sueltos; oyó una voz conocida en las bocinas de su radio y
decidió estacionarse para oír mejor.
Ya ningún barrio podía considerarse seguro o siquiera
recomendable, invariablemente todos eran recorridos por vagos y
vándalos que siempre buscaban algo que pudieran robar y
vender.
—Jemand hat uns ein kleines Geschenk dagelassen. [
Alemán para: «Alguien nos dejó un pequeño
regalo.» ]
—Ist jemand drinnen? [ Alemán para:
«¿Hay alguien ahí?» ]
—Ich kann
nichts sehen. Hey, warte bis die Bullen weg sind! Hey, warte bis die
Bullen weg... [ Alemán para: «No puedo ver nada. ¡Oigan,
espérense a que los polis se hayan ido!, ¡oigan,
espérense a que los polis...» ]
Decían entre
ellos mientras la voz de Bryant sonaba en el radio de Deckard:
—...cuerpo identificado con el de Tyrell es de un hombre
caucásico de veinticinco años llamado Sebastián,
J.F. Sebastián. Dirección: apartamentos Bradbury,
noveno sector. NM46751. Quiero que vayas ahí y...
Un
spinner policial bajó a cinco metros de altura y se acercó
lentamente al lugar donde Deckard se había estacionado.
—Este
sector está cerrado al tráfico terrestre. ¿Qué
está haciendo? —preguntó el patrullero a través
del radio.
Deckard trató de hacerse el listo:
—Estoy
trabajando. ¿Qué está haciendo usted?
—Arrestándolo. Eso es lo que estoy haciendo.
Con
gesto de superioridad, Deckard rebuscó entre sus papeles y
contestó:
—Soy Deckard. Blade Runner. Dos sesenta y
tres cincuenta y cuatro. Estoy fichado y monitoreado.
—Espere.
Verificando.... OK, verificado y autorizado. Que le vaya mejor.
El
spinner se volvió a elevar entre potentes chorros de vapor.
Deckard marcó el número de videófono del
departamento de Sebastián.
—¿Hola? —contestó
Pris.
—Hola, ¿está J.F.? —replicó
Deckard.
—¿Quién es?
—Uh... Soy
Eddie, un viejo amigo de J.F.
Bruscamente, Pris cortó la
comunicación.
—Esa no es manera de tratar a un
amigo. —dijo Deckard a nadie en particular sabiendo que había
que ponerse la máscara de Blade Runner de nuevo. Un ruido
metálico lo hizo voltear hacia el techo de su auto;
últimamente los vándalos callejeros se habían
vuelto muy osados. Atacaban aún en presencia de la víctima;
arrancó repentinamente para "liberarse" de esas
alimañas.
—(So ein) Scheißkerl! [ Alemán
para: «¡(Que) hijo de la chingada!»]
—Gib`
das sofort her! Hau ab! [ Alemán para: «¡Dámelo!
¡Vete de aquí!» ]. Exclamaron los vándalos
después de ser tirados al agua por el repentino arrancón
del Blade Runner.
Un spinner oficial patrullaba a la altura
reglamentada por el manual (quince metros) cuando Deckard llegaba al
edificio de departamentos Bradbury. Lo miró con tristeza en la
mente y angustia en el corazón; descendió del
vehículo lentamente.
Afuera llovía copiosamente.
XIX. La hora del
cazador.
Pris acababa de cortar la
comunicación con el Blade Runner, sabía que ya estaba
tras su pista y vendría a cazarla; ya no importaba lo que
hubiera dicho Roy. parecía mala idea huir del departamento de
Sebastián, él la seguiría y le dispararía;
sería cuestión de horas, cuando mucho. Sin embargo,
Sebastián tenía decorado el departamento como si fuera
un circo: lleno de juguetes raros y seres semivivos, sería
fácil esconderse ahí, además, ella todavía
tenía el rostro totalmente maquillado, como una muñequita
de fantasía.
Entró a una
sala llena de maniquíes y muñecos; algunos estaban
animados. La mayoría parecían mecánicos, con
movimientos muy lejanos al suave control computarizado que había
visto en las colonias, pero algunos no parecían mecánicos:
parecían tener movimientos continuos, orgánicos,
biológicos. Se preguntó si eran "amigos" de
Sebastián, se preguntó si Sebastián, el humano,
estaría consciente de la inmoralidad que había
cometido, el hecho de sentirse solo no le daba derecho a crear seres
tan sólo para su diversión.
Al fin encontró
un lugar libre, se sentó y se puso un velo encima para tener
más aspecto de maniquí.
Deckard entró lentamente al
edificio Bradbury, húmedo y lleno de charcos, olvidado y
amplio, iluminado tan sólo por los reflectores de los
omnipresentes dirigibles-anuncio y por los recuerdos de un pasado más
feliz.
Subió las escaleras, antes de llegar al piso del
departamento de Sebastián desenfundó su pistola. Tanto
silencio parecía sospechoso. A través de la colosal
puerta entreabierta, escuchó algunos ruidos, una voz de niño.
Se asomó y escuchó claramente la voz caricaturesca:
—¡Buenas tardes, J.F.!
Vio a una especie de
hombrecillo vestido como soldado caminar hacia la entrada principal y
golpear con el hombro en el marco de la entrada.
En su posición de muñeca, Pris oyó el gemido del káiser. No pudo evitar una sonrisa.
Deckard empezó a revisar las
estancias y los cuartos. El salón más cercano estaba
lleno de monos extraños y muñecos; alguno estaban
activos, haciendo ruidos y moviéndose; uno de ellos se reía
carcajeándose y se movía espasmódicamente.
Había varios maniquíes en forma de mujer y de
tamaño natural. pero había uno especialmente bien
hecho: se acercó y lo examinó con más detalle.
Además de lo bien hecho, tenía cierto parecido a Pris,
la replicante que estaba buscando, lentamente jaló el velo
hacia abajo y la observó cuidadosamente.
Repentinamente,
el "maniquí" le dio una fuerte patada,
sorprendiéndolo y arrojándolo varios metros hacia
atrás. El Blade Runner cayó de espaldas, totalmente
aturdido; Pris dio algunos saltos gimnásticos hacia adelante
hasta aterrizar con las piernas rodeando la cabeza de Deckard; la
apretó fuertemente con los muslos. Lo tomó de la
barbilla y empezó a torcer la cabeza hasta hacer que Deckard
quedara boca arriba, lo golpeó poderosamente con los puños
hasta que Deckard parecía sin aliento. Lo soltó y
corrió hasta un extremo de la pared de la amplia estancia del
departamento.
Empezó a dar giros gimnásticos hacia
adelante para seguir golpeando al policía. Deckard logró
arrodillarse levemente y giró sobre sí mismo para
alcanzar su pistola, apuntó rápidamente a Pris y
disparó, agachando la cabeza.
La bala penetró justo
en el vientre de Pris haciendo que fallara el golpe planeado y que se
estrellara contra la pared; sin embargo no la mató. Aun en el
suelo, Pris empezó a manotear y a golpear el suelo con los
pies, gritando ruidosamente. Deckard la miró mientras se
incorporaba y le disparó otra vez, dándole justo en
medio del pecho y haciendo que su cuerpo saltara sobre el suelo por
el impulso de la bala contra el suelo.
El edificio Bradbury todavía resonaba con los gritos de Pris
mientras Deckard se incorporaba, trastabillando, y se metía al
departamento para esperar a Roy.
El elevador llegó al piso del
departamento de Sebastián y se abrió, dando paso a su
pasajero. El replicante salió y se dio cuenta; bruscamente
supo que algo andaba mal; la puerta del departamento abierta, el
silencio cubriendo todo con su manto espectral; caminó por
entre los charcos de los pasillos en forma lenta y segura.
Fue
cuando llegó a la estancia de entrada que la vio: el cuerpo ya
sin vida de Pris, tranquilo y relajado; casi parecía dormir si
no fuera por tener todo el abdomen ensangrentado y mostrar dos
enormes aberturas de bala que casi dejaban ver sus entrañas.
Tocó el fino y hermoso rostro y lo volteó para que
estuviera hacia arriba; Pris siempre se había mostrado llena
de vida, furiosamente activa, y muy probablemente así había
muerto: había quedado con la lengua ligeramente de fuera.
Roy
la besó con cariño y ternura, metiendo la lengua de
Pris.
Estaba seguro que el policía
estaba dentro del departamento, así que dejó entrever
su silueta en la entrada del salón principal; Deckard disparó
al verlo, pero Roy ya estaba esperado la detonación. Saltó
hacia adelante y esquivó el tiro.
—No es muy
deportivo dispararle a un oponente desarmado —dijo el
replicante dirigiéndose a Deckard.
»Yo creía
que tu eras bueno.
Roy debía de estar en el cuarto
contiguo, al otro lado de la pared, pensaba Deckard mientras caminaba
cautelosamente tratando de acercarse a donde pensaba estaba el
replicante.
»¿No eres tú el bueno?
Deckard
seguía caminando con la pistola preparada para disparar.
»Vamos Deckard. Muéstrame... de qué estas
hecho.
Roy sí se encontraba en el cuarto contiguo, de un
puñetazo atravesó la pared y agarró fuertemente
la muñeca de Deckard; horrorizado, el Blade Runner no pudo
resistirse al jalón del replicante.
»¿Orgulloso
de ti mismo, hombrecillo?
Con facilidad extrema le arrebató
el arma de las manos. Tomó el dedo meñique del puño
cerrado del policía y de golpe lo torció hacia arriba,
rompiendo los ligamentos que unen el dedo y la palma de la mano:
»Esto es por Zhora.
—¡Aaargh!
—Esto
es por Pris —dijo el replicante torciendo el anular de la mano
apresada.
—¡Aaargh!
Roy volvió a colocar
el arma en la mano del policía. Deckard sintió libre su
brazo mientras oía la voz del replicante:
—Vamos
Deckard. Estoy aquí mismo, pero tienes que disparar derecho.
Deckard cambió el arma de mano y disparó, volvió
a oír la voz de Roy:
»¡parece que disparar
derecho no es suficiente!
»Ahora es mi turno. Te daré
algunos segundos antes de ir por ti... Uno, dos...
Roy oyó
los pasos del Blade Runner alejándose desesperadamente.
»Tres... —Se acercó al cadáver de Pris.
Todavía no tenía rigidez mortuoria; de hecho, su piel
todavía se sentía tibia y elástica. Acarició
el rostro con ternura y le cerró la boca. Las lágrimas
empezaron a inundar sus ojos.
»Cuatro... —Sus manazas
recorrieron lentamente lo que un día fue un cuello hermoso, el
pecho donde habían estado un par de pequeños y firmes
senos, pero que ahora estaba abierto por una gran herida que lo había
llenado de sangre. Los dedos de Roy también quedaron llenos de
la sangre de Pris mientras las lágrimas corrían —ya
incontenibles— por su rostro.
»Pris... —susurró
mientras se le quebraba la voz. Miró incrédulo sus
dedos llenos de sangre; no era tan difícil de creer que
la mujer que había amado ahora estuviera muerta; lo realmente
inverosímil es que la hubieran castigado con la muerte, cuando
el único crimen que cometió fue querer vivir. Se pintó
parte de los labios con la sangre que había en sus dedos.
Quizá así lo que había sido ella estuviera un
poco más cerca de él. Otra lágrima cruzó
su rostro.
En alguna parte del inmenso departamento,
un Deckard desesperado y confundido trataba de encontrar alguna
salida trasera. Se escuchó un intenso aullido de dolor emitido
por el policía tratando de regresar sus dedos a su posición
normal.
"¿porqué los
humanos los habían creado?, tan sólo para divertirse,
para matarse entre ellos, y su premio sería el morir"
—reflexionaba Roy al oír el aullido de Deckard. Él
también empezó a aullar. Ahora se había
convertido en cazador.
Deckard seguía
tratando de encontrar alguna salida, pero solamente encontraba
ventanas tapiadas. En medio del ruido de la lluvia y de los truenos,
pudo escuchar la voz del replicante que canturreaba:
—¡Ya voy!
»Cuatro, cinco,
¡cómo seguir con vida!
Todas las
salidas estaban tapiadas, así que Deckard empezó a
buscar en el techo; encontró un respiradero que conectaba a
todos los departamentos. podía ver la silueta del replicante
corriendo por el departamento, aullando, riendo y gritando como
animal, así que empezó a escalar por una columna,
rompiendo cristales y mosaicos flojos; a media escalada se le cayó
el arma, pero Roy seguía correteando por ahí, así
que la olvidó y siguió subiendo.
Roy seguía
corriendo como loco por todo el departamento. Llegó a una
ventana que comunicaba el pasillo donde corría y el salón
donde estaba Deckard, aunque estaba tapiado, pudo ver al Blade
Runner.
—¡puedo verte!
Deckard llegó al
respiradero del siguiente piso, abandonado y lleno de filtraciones; a
duras penas pudo pasar por el pequeño orificio, aunque la
madera húmeda y podrida lo ayudó. parecía el
baño de un departamento abandonado pero lo importante es que
había escapado del replicante.
Su mano empezó a paralizarse y
engarrotarse; Roy sabía que la muerte llegaría, estaba
en sus genes, como lo había dicho Tyrell, pero todavía
no era tiempo.
—¡No!, ¡todavía no!
Mordió su propia mano para tratar de que el dolor le
devolviera la sensibilidad, pero era inútil: su mano parecía
ya no pertenecerle, pronto parecería de madera, al igual que
todo su cuerpo. Desesperadamente buscó con la mirada algo que
le sirviera para auto inflingirse dolor, algo que produjera algún
estímulo tan fuerte que le devolviera sensibilidad a su mano.
Fijó su vista en una vieja viga de madera y sus clavos
oxidados y antiguos; con la mano que todavía le respondía
arrancó uno de los clavos y lo clavó atravesando su
palma. El dolor golpeó con una aguda punzada haciéndolo
saltar, retorcerse y gemir. La sensibilidad había regresado.
Miró como su mano se movía otra vez:
—¡Sí!
Deckard trastabilló dentro del
cuarto de baño al que había llegado. Con dolor se
amarró un trapo a modo de vendaje en los dedos lastimados;
cuando logró hacerlo examinó el cuarto donde estaba,
observó las filtraciones de agua en la mampostería
vieja.
Con sorpresa y terror observó cómo la
mampostería y la pared se rompían con un poderoso golpe
y cómo se asomaba la cabeza de Roy.
—Más vale que te muevas, o tendré que matarte. A
menos que estés vivo, no podrás jugar, y si no
juegas...
Roy empezó a gemir, a mover la cabeza como si se
hubiera atorado en el hoyo, momento que aprovechó el Blade
Runner para arrancar un tubo del viejo sistema de cañería
del piso. Roy ni siquiera estaba cansado; parecía que el
fingir estar atorado era parte del juego, miró con alegría
los esfuerzos del policía, sacó la cabeza del hoyo de
la pared y entró al cuarto donde estaba Deckard.
»Seis, siete. Al infierno o al cielo vete.
—¡Vete al infierno! —gritó Deckard mientras
golpeaba a Roy con el tubo.
El replicante apenas resintió
los golpes.
—¡Muy bien!¡Así se hace!
Deckard corrió al cuarto contiguo tratando de escapar.
parecía una salida a la azotea puesto que había
maquinaria..., y también se veía abandonado puesto que
estaba lleno de palomas; pateó una ventana rompiendo el vidrio
junto con las tablas que la tapiaban y salió a la cornisa.
Estaban a siete pisos de altura, pero por lo menos Roy no lo había
seguido; titubeante caminó por la cornisa tratando de llegar a
otra ventana por la cual entrar de nuevo al departamento. Había
llegado a la cornisa que formaba la esquina cuando otra ventana
estallo de una patada. Roy salió a la cornisa:
»Eso
dolió. Fue irracional, por no decir, sin espíritu
deportivo.
presa del pánico, Deckard empezó a
trepar por los adornos exteriores del edificio. Roy se volvió
a meter por la ventana y lo siguió con la mirada:
»Ha,
ha, ha. ¿Dónde vas?
Mientras Deckard escalaba trabajosamente
el edificio, Roy dejaba que la lluvia mojara su cabeza: su cuerpo
estaba a punto de ya no moverse, pero sabía que sería
suyo un par de minutos más. Entró al edificio y buscó
las escaleras para subir hasta la azotea.
Resollando
ruidosamente, Deckard logró llegar a la azotea; se quedó
tirado en el suelo, unos segundos mientras recuperaba el aliento.
Cuando se levantó, empezó a caminar erráticamente
buscando una puerta de entrada al edificio; fue entonces que salió,
golpeando la pequeña tapa de metal que hacía las veces
de puerta de acceso al edificio. El Blade Runner miró al
replicante con una mezcla de odio y desaliento. Ya sin más
salidas posibles, corrió para poder saltar al edificio que
estaba junto. El salto quedó un poco corto y Deckard apenas
llegó a la orilla de la azotea, quedó colgando de una
viga de acero que servía de adorno a la fachada del edificio.
Desde el otro edificio, Roy lo miró
fijamente; había atrapado a una paloma del cuarto donde
Deckard había salido a la cornisa; miró el abismo que
había entre los edificios y que Deckard había tratado
de saltar fallidamente, retrocedió un poco para
encarrerarse y saltó sin esfuerzo la brecha entre los
edificios. Se acercó a donde Deckard gastaba sus últimas
fuerzas para mantenerse con vida y asomó la cabeza para
mirarlo. Sus gestos cambiaban desde la lástima humillante a la
burla socarrona.
-Es todo un martirio vivir con miedo ¿verdad?
Eso es lo que significa ser esclavo.
Deckard sintió como sus fuerzas disminuían
drásticamente: ya no podía sostenerse de la traba de
hierro de la que colgaba. Desesperanzadamente se soltó de la
mano derecha, y el replicante que lo había cazado a través
de todo el departamento de Sebastián estaba estático
mirándolo sonriendo divertido sin siquiera moverse para
apresurar su muerte: debía estar disfrutándolo mucho.
por fin los músculos le fallaron y ya no se pudo sostener más,
la mano de la que colgaba se resbaló; súbitamente una
poderosa manaza lo tomó de la muñeca y lo levantó
en vilo de nuevo a la seguridad de la azotea. Roy estaba herido de la
cabeza y tenía un clavo atravesado en la mano, pero nada de
eso pareció importarle; con su brazo poderoso como grúa
cargó a Deckard y lo arrojó sobre el piso de la azotea;
el Blade Runner retrocedió confundido e invadido por el pánico
pensando que el replicante lo quería vivo para continuar el
"juego". Roy, sin dejar de mirarlo, se concretó a
sentarse a esperar... lo que estaba esperando que sucediera.
»He visto cosas que ustedes, gente, nunca creerían.
»Naves de ataque incendiándose sobre el hombro de Orión.
»He visto rayos C destellando en la oscuridad cerca de las puertas de Tannhäusser.
»Todos esos... momentos... se perderán en el tiempo como... lágrimas... en la lluvia.
Volteó a mirarlo con una media sonrisa en el rostro ensangrentado.
»Hora de morir.
Había llegado el momento, su
momento: simplemente se agachó y empezó a perder su
otrora poderosas fuerzas hasta que la lluvia caía sobre un
cadáver. Deckard solamente pudo contemplar como escapaba una
paloma de las manos ya laxas del replicante que lo había
cazado como un "juego".
"Quizá todos los
replicantes añoran el sentirse humanos", recordó
haber pensado una vez.
"Quizá los replicantes sea los
verdaderos humanos, y nosotros su depredadores", pensó
esta vez.
"Quizá lo que jugaba no era quién
sobrevivía, sino quién moría primero".
"Tal vez sólo quería ver que tanto luchaba yo
por mi vida, ya que consideraba que la de ellos era desechable".
"Posiblemente quiso demostrarme que ellos no eran tan
salvajes como los humanos, sus asesinos. Quizá quería
demostrarme que ellos eran más evolucionados, más
compasivos; quizá no añoraban el sentirse humanos, sino
que su angustia era que los humanos los consideráramos
subhumanos tratando de alcanzarnos, siendo que ellos ya nos habían
rebasado".
Ya no importaba. Sólo estaba la lluvia golpeteando un cuerpo inanimado.
La voz de Gaff interrumpió sus
cavilaciones.
—Ha hecho el trabajo de un
hombre, señor.
Deckard volteó a verlo.
—Supongo
que ya acabaste ¿ah?
—Terminé.
Gaff le
arrojó su arma con la mano y le dirigió una mirada
torva. Dio media vuelta para caminar lentamente hacia su spinner
oficial, encogido de hombros por el golpeteo constante de la lluvia.
A medio camino se detuvo y volteó a ver a Deckard gritándole:
—¡Es una lástima que ella no viva! ¡pero,
después de todo, ¿quién lo hace?!
Deckard lo
miró con gesto de estupefacción.
XX. El sueño
del unicornio.
—¿Raquel?...
—preguntó Deckard al aire, sin dirigirse a alguien o
algo en particular, pero con todas su ansiedad puesta en la esperanza
de escuchar una respuesta.
—¿Raquel?...
—tenía todos los músculos tensos como las cuerdas
de un violín, toda su atención puesta en las manos que
sostenían su arma; caminando lentamente, tenso, dejando que su
pistola oteara el aire.
—¿Raquel?...
—preguntó lentamente, con el miedo congelándole
el alma, sin dejarse engañar por la lejana tranquilidad que le
había dejado el no oír el llamado de auxilio de Raquel.
Hacía apenas un par de minutos que
el elevador había abierto sus puertas y él había
salido gatunamente, con cuidado, con las precarias curaciones que le
habían hecho en el cuartel de policía, con la imperiosa
necesidad de llevarse a Raquel de ahí, con la conciencia de
que si querían quererse, ya no podrían vivir en Los
Ángeles.
Dejando que su pistola abriera
la puerta, entró súbitamente a su departamento. Con
angustia y miedo buscó alguna amenaza pero sólo
encontró silencio y un bulto bajo una sábana.
Lentamente descubrió el bulto usando la punta de la pistola
para quitar la sábana.
Raquel dormía plácidamente
usando la sábana para cubrir sus sueños; Deckard la
encontró en esta pacífica pose cuando al fin la sábana
dejo ver su secreto. Con el alma sublimada Deckard tocó el
suave rostro. Con su mejilla rozó la suave piel; con doloroso
alivio besó a la replicante amada: en la mejilla, en los
labios. Con suavidad y ternura le preguntó:
—¿Me amas?
—Te amo.—Le contestó Raquel.
—Entonces confía en mi.
—Confío en tí.
Apresuradamente, el ex-Blade Runner
se acercó a la puerta de su departamento. Salió de la
misma forma en que entro: con un cuidado paranoico, con movimientos
milimétricamente medidos, sabiendo que ahora escoltaba algo
mil veces más precioso que su vida propia. Con la mano
lastimada y ya vendada dirigía los movimientos de Raquel. Tras
una indicación manual para que avance, Raquel salió con
pasitos cortos , femeninos y apresurados. Uno de sus pasos golpearon
una basurilla que llamó la atención de Deckard; lo
recogió y lo observó con atención.
Un pequeño unicornio de origami hecho a partir del papel
estaño de alguna envoltura le confirmó la pasada visita
de Gaff y volvió a oir sus palabras:
¡Es una lástima que ella no viva! ¡pero,
después de todo, ¿quién lo hace?!
Y tenía razón: "al fin y al cabo, ¿quién
vivía?, por supuesto, ellos no, si seguían ahí."
pensaba mientras desaparecían tras las puertas del elevador.
La Leyenda de los Neonahuas
Por el Tecno-inge y los dioses malditos.

La Piedra del Sol. Deguerrotipo probablemente hecho por el grabador francés Jean Pierre Dudoille. Ca. 1839
Más de cincuenta huehuetiliztli han pasado ya desde que nosotros, los hijos de Huitzilin, los hijos del colibrí, salimos de
Anáhuac, nuestra cuna, nuestro mundo. Hemos explorado y colonizado los dominios de Tonatiuh.
Dos veces veinte xiuhmolpilli, y otros diez han pasado desde que salimos del espacio de Tonatiuh, de su protección, de su luz,
tan sólo armados de nuestros sueños, de nuestras esperanzas, hacia las estrellas, soñando con los Centzon Huitznahua,
sabiendo ya que sobrepasarían los 400 de la leyenda.
Dos veces veinte xiuhmolpilli han pasado desde que llegamos a otros mundos. Hemos visto y hemos colonizado a Xochitlac, Xolotlac,
Atlac y, claro, Huitznáhuac.Dos veces veinte xiuhmolpilli para extender los dominios y la protección de nuestro señor
Huitzilin.

Otros diez xiuhmolpilli pasaron para que naciéramos nosotros, los tecnodioses, los postnahuas, los que nos acercamos, los que
podemos ver al colibrí. Un xiuhmolpilli ha que llegamos a Tlaltipac, el planeta sin estrellas, el mundo sin sol, el mundo que
reclamamos como nuestro.
Durante ese tiempo hemos creado los cielos: hemos filtrado y procesado la sucia y tenue atmósfera original para tener aire
respirable, nubes de agua y temperatura soportable.
Hemos creado los aguas y los mares: procesando hidrógeno nebular y extrayendo oxígeno de las rocas hemos extraido agua de
las piedras.
Hemos creado la vida: con nanotécnicas de bioingeniería nosotros, los tecnodioses, logramos que las esporas y
microorganismos de otros mundos se adapten y florezcan aquí. Y nuestros millones de nanobots y arcanoides han logrado construirnos
cerros, pirámides dignas de nosotros.
Los neonahuas.
Los cuatro principales, los colores que llegaron al Tlaltipac, se reunieron para decidir que sería lo siguiente que
crearían. La discusión se tornó densa, los cuatro querían cosas diferentes: Tezcatlipoca el negro quería
adoración, pero exigía sumisión absoluta; pensaba que debería crear súbditos fuertes y obedientes. Xipe
Totec el rojo pensaba que era más importante que en Tlaltipac hubiera días y noches, que hubiera luz. Quetzalcoatl el blanco
compartía la idea de crear humanos, a nuevos nahuas, a los neonahuas para que adoraran a los tecnodioses; pero no quería que
fueran súbditos fuertes y obedientes, prefería que fueran inteligentes y libres. Huitzilopochtli el azul se entusiasmó
con la idea de los neonahuas, pero quería que tuvieran luz y calor para que prosperaran y se multiplicaran, y todos los neonahuas los
adoraran.
El sol jaguar.
Tan entusiasmado estaba el azul, el colibrí zurdo, que creó una gran hoguera para que los cuatro dirimieran sus
diferencias.
Viendo que los acuerdos generales eran la creación del sol para el planeta y la creación de los neonahuas, Quetzalcoatl
tomó la hoguera y creó una lámpara de fusión de apenas medio millón de kilómetros de diámetro,
un pálido medio sol.
En secreto, Tezcatlipoca hizo realidad sus deseos de adoración: creó a los primeros neonahuas de madera para que pudieran
ser grandes y fuertes, aunque tontos; encolerizado al ver la pálida iluminación conseguida por su hermano, Tezcatlipoca el
negro, el del espejo humeante, absorbió esa pequeña lámpara y creo una nueva masa de fusión, grande, de más de tres millones de
kilómetros de circunferencia y rica en hidrógeno; tan ensimismado estaba en su tarea que no se dio cuenta que encendió
la lámpara de fusión sin darle tiempo a que alcanzara una órbita lo suficientemente lejana al Tlaltipac: el nuevo
sol era blanco, demasiado brillante e inclemente en el calor generado.
Con su fiero abrazo, el sol de Tezcatlipoca no permitía que floreciera cultivo alguno: todo terminaban secándose y
marchitándose.
Quetzalcoatl se alarmó al ver lo que había hecho su hermano; se escandalizó cuando vio que Tezcatilpoca
había creado su propia versión de los neonahuas: los gigantes tzocuilceque que podían sobrevivir a las inclemencias del
sol alimentándose de chicome malinalli (piñones salvajes). Llegó hasta la indignación cuando se dio cuenta que
estos gigantes eran fuertes, pero estúpidos y torpes: si tropezaban y caían, ya no se volvían a levantar.
Al fin, un día nahui ocelotl derribó la lampara de fusión que abrasaba a Tlaltipac con ayuda de un
proyectil-bastón de mando. La personalidad de Tezcatlipoca imbuida en esa lámpara se convirtió en la persona material
del tecnodios ya destrozada la lámpara y en proceso de colapso gravitacional, cayendo hasta el fondo de un lago, emergió
convertido en jaguar y seguido por un ejército de ellos, devoró y mató a todos los gigantescos tzocuilceques.
Tres veces doscientos más tres veces veinte y otros dieciseis xiuhmolpillis dicen que duró este sol, dicen que su nombre
fue Ocelotonatiuh.
El sol de viento.
De nuevo el Tlatipac estaba sumergido en tinieblas y sin neonahuas que lo habitaran. Xipe Totec el rojo, el descarnado, y Quezalcoatl
el blanco, la serpiente emplumada, ya habían creado sus propios neonahuas, a partir de cenizas: eran más pequeños,
blandos y fofos que los tzocuilceques pero tenían más inteligencia y libre albedrío.
Ya no soportando la obscuridad, Quetzalcoatl decidió poner sus neonahuas en el Tlaltipac y encargarse él mismo de la
puesta en órbita de una nueva lámpara de fusión, lo suficientemente lejana y pequeña (alrededor de un
millón de kilómetros de diámetro) para que no consumiera lentamente al Tlaltipac con su calor, pero lo suficientemente
grande y brillante para que floreciera y se pudiera cultivar el suelo; las cosechas eran tan abundantes que los hombres de entonces se
alimentaban de acotzintli (frutas silvestres).
Era un día nahui ehecatl cuando Tezcatlipoca-jaguar vio todo esto, se dio cuenta de la blandenguez de estos neonahuas, de su
idiotez, de su indolencia, de su falta de obediencia, de cómo el sol de Quetzalcoatl los consentía en su autocomplacencia.
Aprovechando su naturaleza aún salvaje como jaguar, saltó a la órbita de la lámpara de fusión y la
destrozó con un zarpazo de su garra formidable.
Perdida la estabilidad de la estrella artificial y materializandose como Quetzalcoatl el tecnodios, cayó sin control, creando
un gigantesco y monstruoso huracán que destruyó todo a su paso: desgarraba cerros, destruía campos completos y
arrancaba árboles de raíz. Los pocos neonahuas que pudieron sobrevivir fueron convertidos en monos, para que pudieran seguir
viviendo gracias a su agilidad y habilidad para aferrarse a cualquier saliente.
Trescientos más tres veces veinte y otros dieciseis xiuhmolpillis duró el segundo sol conocido como Ehecatonatiuh.
Los nuevos postnahuas.
Xipe Totec el rojo ya lo había intuido, y Huitzilopochtli, el nahual del colibrí y Quetzalcoatl la serpiente preciosa
estuvieron de acuerdo con él: hacían falta más tecnodioses para controlar todos los nuevos aspectos del Tlaltipac;
Tezcatlipoca el negro nunca estuvo totalmente de acuerdo: inmerso en sus deseos de poder absoluto y sumisión total de parte de los
neonahuas, no llegaba a imaginar que todas las cosas que se habían creado y que llenaban el Tlaltipac podrían obstaculizar el
orden y el flujo natural del planeta. Se necesitaban nuevos tecnodioses, tecnodioses locales que dominaran los elementos del Tlaltipac.
Para el dominio de las lluvias, que llegarían a ser vitales para los neonahuas, de los ríos, lagos y demás agua
corriente, crearon a Tlaloc y su esposa Chalchiuihtlicue, la de la falda de jade.
El fuego sería controlado por su nuevo amo Xiuhtecuhtli.
El dominio del inframundo, del mictlán, el lugar sin puertas ni ventanas sería entregado a Mictlantecuhtli y su esposa,
Mictlancíhuatl.
El viento sería gobernado por Ehécatl.
Para demostrar la dualidad de la naturaleza, el doble filo del poder, se creó al gemelo, al nahual de Quetzalcoatl: Xolotl, el
tecnodios monstruoso, señor de la dualidad.
El sol de fuego.
Tlaloc, decidido a mostrar su valía entre los nuevos tecnodioses, se encarnó como un nuevo sol. Siguiendo el ejemplo de
Quetzalcoatl, puso en órbita una lámpara de fusión de un poco menos del millón de kilómetros,
colocándola a 5 minutos-luz. Creó una nueva raza de neonahuas hechos de maíz.
Benévolo fue el sol de Tlaloc, los neonahuas de maíz eran saludables comiendo atzinzintli (maíz de agua) y se
muliplicaban en el Tlaltipac. Sin embargo, estos neonahuas no tenían corazón, a pesar de todas las ventajas que parecían
tener: eran flexibles, fuertes e industriosos; eran inteligentes y bellos, pero por no tener corazón no distinguían entre el
bien y el mal.
Olvidaron sus orígenes y a los dioses que los habían creado; descuidaron sus deberes morales y dejaron de construir
estatuas, templos y pirámides para agradar a los dioses. Aunque podían pensar en canciones y poemas, no tenían el
sentimiento suficiente para entonarlos. Aunque tenían el conocimiento y la inteligencia suficiente para organizar danzas y bailar,
no tenían consciencia que eso era bueno porque era agradable para los dioses. Poco a poco se entregaron a la contemplación de
su propia belleza y a los placeres físicos; se corrompieron y se dedicaban al robo y homicidio hasta que el Tlalticpan se
convirtió en un yermo desolado.
Harto y decepcionado del comportamiento de estos neonahuas, un día nahui quiahuitl Quetzalcoatl ordenó a Xiuhtecutli,
dueño del fuego y la furia de los volcanes, que liberara todas las fuerzas naturales de las que era capaz, que destruyera a toda la
humanidad.
Xiuhtecutli se materializó como una explosión volcánica colosal, llenando de cenizas ardientes la atmósfera
y de lluvia ardiente el suelo. Huitzilopochtli entornó los ojos cuando recordó que los neonahuas de maíz no
tenían corazón, y no podían sentir miedo; miró con creciente sorpresa cómo los hombres se acercaban al
fuego sin temor, sonrió con desprecio cuando reflexionó que no lo hacían porque fueran muy valientes: al no tener
corazón no podían tener valor ni miedo sino simple curiosidad.
Mucha sorpresa y consternación hubo entre los tecnodioses cuando oyeron los ruegos de algunos neonahuas, Chalchiuihtlicue
había decidido completar la obra de su esposo y ya les había puesto corazón a muchos neonahuas. Conmovidos por los
ruegos, los neonahuas con corazón fueron convertidos en aves: palomas unos, cenzontles otros, aguilas los menos. Los neonahuas de
maiz sin corazón que todavía vivían fueron convertidos en guajolotes.
Por consejo de Xiuhtecutli, dos neonahuas fueron salvos de la lluvia de fuego, resguardándose en una cueva en lo alto de una
montaña; por orden de los tecnodioses resguardaban consigo una mata de maiz y una hoguera con las chispas del fuego sagrado.
El sol de fuego, Xiuhtonatiuh, duró tres veces veinte más tres veces seis xiuhmolpillis.
El sol de agua.
Ya cansados y desesperanzados por sus sisíficos esfuerzos, los tecnodioses deciden intentarlo por una cuarta vez: por boca de
Hiutzilopochtli convencen a Chalchiuihtlicue, la de las faldas de jade, para que se encarne en la nueva lámpara de fusión que
habían diseñado y forme el cuarto sol. Accede muy renuentemente, al principio, y con entusiasmo después, al saber que el
Tlaltipac ya estaba habitado por neonahuas de hueso y cenizas; esta vez ya con corazón y bajo la tutela de Nene y Tata, la pareja
sobreviviente a la hecatombe de fuego.
La nueva humanidad rinde culto y adora a los dioses, sus creadores. Realizan las ceremonias de adoración y del fuego nuevo
alimentándose de nahui xóchitl (flores silvestres).
Al ver la armonía del Tlaltipac, Tezcatlipoca el negro reflexionaba decepcionado por la falta de fuerza de los neonahuas.
Después de todo, ellos los habían creado, su adoración debería ser más absoluta. Su insatisfacción
lo impulsó a corromper la voluntad de Chalchiuihtlicue, a seducir su ambición por el poder y la gloria.
Un día nahui atl ella aparece en la cima de un cerro llamado atépetl; al golpear el suelo con su cayado, empieza a llover
sobre el Tlaltipac: el diluvio se prolonga días, semanas y meses, inundándolo todo, llanos, cerros y barrancas; los tecnodioses
se conmueven de los neonahuas y los convierten en peces.
Atonatiuh, el sol de agua, duró siete veces diez y otros siete xiuhmolpillis.
Los macehuales.
La catástrofe de Atonatiuh no solamente terminó con la humanidad de hueso y cenizas; llovió tanto que el cielo se
desgarró y originó una discontinuidad cuántica en el entramado espacio-tiempo amenazando con desestabilizar todo el
continuum espacial en una circunferencia de 100 años-luz.
Los cielos se desequilibraron, la superficie del Tlaltipac estaba tan inundada que parecía haber perdido todo rasgo reconocible
de tierra y vida; todo era lodo, cualquier tipo de vida era inimaginable. Incluso los tecnodioses consideraron ridícula la simple
consideración de crear neonahuas que pudieran vivir en estas circunstancias.
Avergonzados y arrepentidos por su conducta y por la forma en que habían tratado el Taltipac y a los neonahuas, y con la
amenaza de la desestabilización cuántica sobre sus cabezas, los tecnodioses decidieron arreglar lo que había causado la
catástrofe que habían provocado.
Con la experiencia de la creación de neonahuas, se reunen en lo que había sido la Nueva Teotihuacan en el año ce
tochtli y crean a cuatro postnahuas, humanos mejorados nanotecnológicamente, pero sin el poder cuántico de los tecnodioses: los
macehuales Atemoc, Itzcoatl, Itzamaliza y Tenoch; después de ordenarles recuperar el orden del Tlaltipac una vez que ellos repararan
los cielos, penentraron en la corteza planetaria y emergieron convertidos en árboles gigantescos, dominando los cuatro puntos
cardinales: al norte Tezcatlipoca el negro se materializó como tezcacuahuitl, el árbol espejo; al oriente Quetzalcoátl
el blanco emergió como quetzalhuexoch, el sauce hermoso; al occidente Xipe Totec el rojo emergió como ahuehuexipehuitl, el
ahuehuete sabio; al sur Huitzilopochtli el azul se convirtió en hutzilhuexoch, el roble firme. Juntos los árboles-tecnodioses y
los cuatro macehuales levantaron los cielos y repararon mediante probabilística cuántica la continuidad del espacio-tiempo.
Separaron (de nuevo) las aguas de la tierra y estructuraron el Mictlán, el lugar sin puertas ni ventanas, en nueve niveles bajo los
cuales tendrían su señorío Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl.
Una vez terminados estos trabajos los cuatro macehuales fueron liberados de la cárcel de su cuerpo y fueron convertidos en
quetzales, aves preciosas.
Ya todo había quedado ordenado y en su lugar, pero faltaba la humanidad, los neonahuas.
Se reunieron los cuatro colores y decidieron crear la versión definitiva de la humanidad; sin embargo, ya no había
materia prima para hacer a la nuevos nahuas, alguien debería bajar al Mictlan para recoger un hueso de los antiguos gigantes y con eso
formar a los nuevos humanos. Ya se había ordenado el Tlaltipac y se había estructurado el Mictlan con sus nueve niveles de
acceso, cada nivel más complicado que el anterior, ninguno de los tecnodioses quería aventurarse al señorío del
temible Mictlantecuhtli: Tezcatlipoca, el del espejo humeante, señor de la obscuridad y las tinieblas parecía el idoneo para
esta empresa, pero él simplemente se rehusaba a emprender la aventura. Hutzilopochtli, el colibrí zurdo, señor de la
guerra, rechazaba la idea porque consideraba que ir al Mictlan era indigno para un guerrero de su categoría.
Xipe Totec, el descarnado, señor de los sacrificios y de la renovación, sencillamente pensaba que la materia descompuesta no sería buena
materia prima.
Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, señor de las artes y de la sabiduría, finalmente se ofreció para llevar a
cabo tan terrible tarea. Se enfrentó a los nueve desafios que obstaculizaban su camino al Mictlan, y uno a uno los fue superando, hasta
que llegó frente al temible Mictlantecuhtli y le rogó que le diera uno de sus huesos favoritos puesto que los necesitaba para
formar a los nuevos humanos, a los neonahuas.
El señor del Mictlan, renuente al principio, se condolió del gemelo precioso y le regaló su hueso favorito;
empero, Mictlantecuhtli se arrepintió de su decisión cuando el tecnodios blanco ya había emprendido el regreso y estaba
a medio camino de los nueve niveles de acceso. Lo empezó a perseguir amenazando con destrozarle con sus fauces monstruosas mientras
le ordenaba que regresara el hueso.
En su huida, Quetzalcoatl cayó y rompió el hueso a la mitad. El que había sido dios de los vientos alcanzó
a recoger solamente una parte del hueso mientras huía, así que los neonahuas solamente alcanzarían la mitad del
tamaño de los gigantes originales.
Xipe Totec les infundió el primer aliento de vida y llamó al primer neonahua huehuecoyotl, coyote viejo, el primer
hombre.
El quinto sol.
Las tinieblas dominaban aún al Tlaltipac, el mundo de los neonahuas, así que los cuatro hermanos originales, los
colores que habían llegado y formado al Tlaltipac, convocaron a todos los otros tecnodioses para reunirse con ellos en la Nueva
Teotihuacan, la ciudad sagrada, el lugar de los tecnodioses.
Todos estaban de acuerdo en construir un quinto sol, una nueva lámpara de fusión que funcionara como ser viviente,
que no fuera solamente un objeto, que iluminara y emanara calor eternamente.
A alguien se le ocurrió la idea de poner al Tlaltipac en órbita de la nueva lámpara y no al revés,
así la lámpara no crearía inestabilidades gravitatorias, además, había que crear una luna para
compensar los gradientes gravitatorios que pudiera tener el Tlaltipac y así lograr un mundo estable para los neonahuas.
La mejor manera de que una lámpara de fusión tuviera el comportamiento de un ser vivo era logrando que algún tecnodios se transmutara voluntariamente en Sol, y otro en Luna.
Tecucciztécatl el del caracol marino, el altivo y fuerte, se ofreció como voluntario para la primera encomienda. “Yo seré el Sol“ -decía-, “puesto que soy lo suficientemente poderoso para tarea tan noble“.
—Así sea, Tecucciztécatl; tú serás el Sol, pero, ¿quién habrá de ser la Luna? -preguntaba Quetzalcoatl.
Los demás tecnodioses entrecruzaron miradas entre sí sin encontrar ojos que se mostraran decididos a enfrentar esta oscura tarea. Después de la eternidad de algunos minutos, todos fijaron su vista en Nanahuatzin, el pequeño, el buboso, el tecnodios de la enfermedad, jorobado, lleno de llagas y pústulas al que nadie quería tener cerca. Todos estuvieron de acuerdo en que fuera la Luna, puesto que así estaría lejos aún del Tlaltipac.
—Si ésa es la voluntad de mis hermanos, sea pues, yo seré la Luna -exclamó el pequeño tecnodios.
Cuando Nanahuatzin aceptó la encomienda de convertirse en la Luna, el resto de los tecnodioses empezaron a construir dos grandes adoratorios: el más grande y suntuoso para Tecucciztécatl, el que iba a ser el Sol y el otro para el pequeño Nanahuatzin, el que sería la Luna.
Durante trece días los dos tecnodioses ayunaron y realizaron ofrendas para purificar sus cuerpos. Tecucciztécatl
ofreció manquetzalli (plumas preciosas), pelotas de oro, espinas de coral precioso y copal fino en el Tonatuih Itzacual, la
pirámide del Sol; mientras vestía los más hermosos lienzos, adornaba su cuerpo con sus mejores aderezos y portaba
en su cabeza un aztacomitl, tocado de bello plumaje.
Nanahuatzin presentó sus ofrendas en el Meztli Itzacual, la pirámide de la Luna: nueve atados de cañas verdes, bolas de heno,
espinas de maguey teñidas con la sangre de su cuerpo y de sus pústulas, vistiendo un amatzontli -tocado de papel amate- y
un maxtli -taparrabo- y estola del mismo material.
Al finalizar el periodo de ayuno, los cuatro tecnodioses creadores hicieron una gran hoguera en la calzada de los muertos, en Nueva
Teotihuacan. La hoguera era tan grande y las flamas tan feroces, que las llamas lamían los mismos límites del cielo.
—¡Ea pues, Tecucciztécatl!, entra a la hoguera para que nazca el nuevo sol. -Ordenó Huitzilopochtli al dios del caracol marino.
Cuatro intentos hizo Tecucciztécatl para arrojarse a las llamas sagradas, al fuego cuántico que lo transmutaría en el nuevo sol, cuatro fallas se acumularon en su consciencia, cuatro veces avergonzado por su pánico, intimidado por la fiereza de la hoguera divina.
—¡Prueba tú ahora, Nanahuatzin, y que tu intento fructifique! - Dijo Huitzilopochtli al pequeño y enfermo tecnodios.
—¡Sea pues su voluntad, hermanos míos! -Fue lo último que se le oyó al buboso, antes de arrojarse de cabeza a la hoguera.
Avergonzado por la muestra de valor del una vez insignificante tecnodios Nanahuatzin, Tecucciztécatl, el tecnodios del caracol marino, decidió arrojarse a la hoguera, triunfando en este intento.
Trece jornadas más pasaron con la hoguera sagrada siendo la única luz que iluminaba el Tlaltipac; al fin, durante el
transcurso de los primeros momentos del nuevo día, los fuegos cuánticos dieron a luz una esféra luminosa que se
elevaba rápidamente hasta tocar los cielos del Tlalticpan mientras crecía en tamaño y luminosidad. La luz y el
calor al fin se instalaban en el mundo creado por los cuatro colores.
Todavía las sonrisas adornaban los rostros de los tecnodioses cuando de la hoguera surgió otra esfera luminosa que se
elevaba y aumentaba su luminosidad amenazando con situar a Tlaltipac entre dos soles de un poco más de un millón de
kilómetros de diámetro.
El tecnodios serpiente emplumada fue el primero en reaccionar ante el peligro de la dualidad solar, de que los neonahuas se asaran en un
sistema binario; alarmado y encolerizado por la cobardía mostrada por Tecucciztécatl, tomó a un conejo que pasaba por
ahí y lo lanzó con todas sus fuerzas al segundo sol, al que debería haber sido luna desde el principio. Con el colosal
golpe logró que la lámpara de fusión disminuyera su tamaño y brillo, aunque dejó la huella indeleble del
conejo.
Ya habían quedado conformados los dos cuerpos celestes, el nuevo sol y la luna, empero, su movimiento solamente duró
mientras se alejaban del Tlaltipac y se estabilizaban en su órbita; una vez ahí, quedaron inmóviles, uno junto al otro.
Alarmado al ver esto, Quetzalcoatl convocó a Ehécatl y los vientos que él dominaba. Utilizando todos sus poderes y
habilidades cuánticas, hicieron que los vientos pusieran en movimiento a los cuerpos celestes y separaran a los dos cuerpos
celestes para que nunca coincidieran en el mismo lado del planeta.
Esta era es llamada Ollintonatuih, el sol de movimiento, y su duración dependerá de la añeja memoria de los cuatro colores; mientras ellos estén en las mentes de nosotros, los neonahuas, los creadores seguirán permitiéndonos existir.
Creada por el muy poco noble y muy poco insigne señor don Inge y los Malditos en
esta leal, santa, infausta y mefistofélica cuidad de México el 3-Cuetzpallin de la veintena Xocotl Huetzi del año
12-Tochtli (gregoriano: 11 de Septiembre de 1998).
Fecha de última actualización: 3-Malinalli de Tozoztontli del año 10-Calli (gregoriano: 2 de mayo de 2009).
Fecha espacial: 2945.86